¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

30 ene. 2013

LEY DE “IDENTIDAD DE GÉNERO” CONFUNDE NATURALEZA HUMANA CON CULTURA Y PLACER



Excelente alocución de Monseñor Aguer sobre esta aberración jurídica y humana.
 Monseñor Héctor Aguer

 “Como ustedes saben, hace muy poco el Congreso de la Nación ha votado una ley llamada de identidad de género por la cual un varón que, siendo varón, se siente mujer, puede vestirse de mujer, obtener un documento que lo acredite como tal, someterse a una operación de reasignación de sexo que, además, esté cubierta por las obras sociales. Lo mismo pasa con una mujer que se siente varón y quiere convertirse en varón”.
“Es interesante que al comienzo de esta ley los legisladores propongan una definición de lo que entienden por identidad de género. Dice: “Se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género como la vestimenta, el modo de hablar y los modales”.
“En realidad el sexo desaparece en esta definición, queda absorbido por lo que se llama género y no sólo por el género como algo objetivo, cultural, sino por el género entendido como aquello que la persona siente, la vivencia íntima, el deseo”.
“Parece que para los legisladores el hecho de que uno sea varón o mujer es la suerte que le tocó en una especie de lotería de la vida y, que es, para algunos, una mala suerte”.
“Estuve siguiendo las reacciones que produjo la sanción de esta ley y, especialmente, algunos comentarios de personas que se manifestaron con entusiasmo a favor de esta ley, aprobando el cambio de sexo por género. Desde el punto de vista filosófico se puede observar que en realidad aquí lo que se transforma es la idea del hombre, del ser humano, sin más”.
“Desde un punto de vista filosófico, digo, esto implica que según la ideología de género no existe más una naturaleza humana. Sostienen los comentaristas que la naturaleza ha sido culturizada, se ha convertido en cultura, y las adquisiciones culturales son ahora lo natural, de modo que hay una especie de intercambio entre naturaleza y cultura por el cual la naturaleza queda vaciada en la cultura y la cultura, en este caso lo que uno siente íntimamente, es natural”.
“De acuerdo a este planteo ya no tenemos parámetros razonables, objetivos, para referirnos a la verdadera identidad de la persona humana. Como si no hubiera ya una naturaleza de la persona y de sus actos. Todo puede inventarse”.
“Otro aspecto importante también es el que tiene que ver con el deseo. Aquí el género está considerado en un sentido puramente inmanente, subjetivista, íntimo. En el fondo lo que pasa es que la libertad queda convertida en deseo, en puro deseo. Ya no es algo propio de la voluntad racional. No es algo que tiene que ver con las inclinaciones naturales a la verdad y al bien, con la naturaleza propia del ser humano que es varón o mujer, sino que es lo que yo deseo. Tengo derecho a sacarme el gusto, digamos así, a cumplir mi deseo, porque soy libre; eso es la libertad”
“También observo que en la problemática del género así planteada entra el problema de la felicidad que es, en el fondo, el fin del hombre. Algunos comentaristas sugieren que la felicidad es el placer. Un viejo error, que reduce la felicidad al placer”.
“En continuidad con lo que hemos señalado anteriormente, si no hay naturaleza sino cultura, y lo cultural es ahora lo natural; si la libertad es darse el gusto, sacarse el deseo, cumplirlo, entonces quiere decir que la felicidad es simplemente el placer, y no la realización plenaria, de la vida de la persona en todas sus dimensiones, sino el placer y fundamentalmente el placer sexual. Los comentaristas a los que he aludido sugieren que ahora se abre un universo de erotismo totalmente nuevo, nuevas invenciones para darse el gusto, sin parámetro objetivo alguno”.
“Podemos preguntarnos entonces: ¿a eso queda reducido el ser humano?”.
“¡Qué razón tiene el Papa Benedicto XVI cuando insiste en que la problemática principal en la cultura contemporánea es la problemática antropológica, es decir la idea del hombre, la definición del hombre!”.
“En el principio Dios creó al ser humano varón y mujer, dice el Libro del Génesis; la idea del hombre, la realidad plena, total del ser humano tiene esta doble imagen diversa y complementaria: varón y mujer. La distinción y la complementariedad del varón y la mujer están orientadas a la continuidad de la humanidad sobre la tierra. En este hecho se expresa un designio divino que el legislador no puede modificar arbitrariamente”.
“En la ley de identidad de género el positivismo jurídico es llevado hasta el extremo. ¿Basta que el legislador quiera que las cosas sean de un modo para que sean así? No, aunque a él se le ocurra, ¡las cosas no son así!”


27 ene. 2013

Santa Hildegarda: La homosexualidad es la suprema ofensa contra Dios



...y entonces los hombres se encenderán de pasiones los unos por los otros hombres, cometiendo actos vergonzosos...
 Imagen del demonio, por Gustave Doré

EL Papa Benedicto XVI ha proclamado “Doctora de la Iglesia” a Santa Hildegarda von Bingen (1098-1179), la “Sibila del Rin”, gran mística e intelectual del siglo XI. Con esto, obviamente, sus obras alcanzaron más autoridad que antes de tal proclamación. El propio Pontífice muchas veces ha citado a la mística alemana en sus alocuciones.
Comentando en el Liber divinurom operum, el versículo 6,8 del Apocalipsis, la santa escribió:


“La serpiente antigua goza con todos los castigos con los cuales el hombre es castigado en el alma y en el cuerpo. Él, que ha perdido la gloria celestial, no quiere que ningún hombre pueda alcanzarla. En realidad, apenas él se dio cuenta que el hombre había oído sus consejos, comenzó a proyectar la guerra contra Dios: ‘A través del hombre llevaré adelante mis propósitos’.

“En su odio, la serpiente ha inspirado a los hombres a odiarse entre ellos y, con el mismo mal propósito, los ha inducido a matarse unos a otros.
“Y la serpiente dijo: ‘Mandaré mi aliento a fin de que la sucesión de los hijos del hombre se extinga, y entonces los hombres se encenderán de pasiones los unos por los otros hombres, cometiendo actos vergonzosos’.

“Y la serpiente, probando gozo, gritó: ‘Esta el la suprema ofensa contra Aquel que ha dado al hombre el cuerpo. Que su forma desaparezca porque ha evitado la relación natural con las mujeres’.

“Es entonces el diablo quien los convenció a ser infieles y seductores, que los indujo a matar, transformándose en bandidos y ladrones, porque el pecado de homosexualidad lleva a las más vergonzosas violencias y a todos los vicios. Cuando todos estos pecados se hayan manifestado, entonces la vigencia de la ley de Dios será quebrada y la Iglesia será perseguida como una viuda”


19 ene. 2013

PARA LOS QUE DICEN QUE TODO ES LO MISMO


Graves consecuencia en hijos criados por parejas homosexuales




En junio del año pasado, la revista científica estadounidense "Social Science Research", la "peer rewieved" más prestigiosa del sector, publicó dos estudios muy interesantes sobre los problemas de los niños que crecen dentro de una relación homosexual.

Entre los datos presentados, surgió que entre los hijos de parejas homosexuales el 12% piensa en el suicidio (en contra del 5% de los hijos de parejas heterosexuales), son más propensos a la traición (40% contra 13%), a menudo son desempleados (28% contra 8%), recurren con mayor facilidad a la psicoterapia (19% frente a 8%) y requieren mayor asistencia social con respecto a sus contemporáneos. El 40 % de los casos indicó que ha contraído una enfermedad de transmisión sexual (en contra del 8%); son normalmente más pobres, menos saludables y más propensos al tabaquismo y a la criminalidad.
Asimismo el índice de abusos que sufren es casi 6 veces más que en las parejas heterosexuales.
Fuente:
Se encuentra además en ese enlace el artículo del estudio para descarga.

13 ene. 2013

El igualitarismo explicado en toda su profundidad



Panteísmo; igualitarismo político, social y económico absolutos; amor libre: este es el triple fin a que nos conduce un movimiento que dura ya más de cuatro siglos.


(del libro: Revolución y Contra-Revolución. El libro completo puede bajarse gratuitamente pulsando aquí)
 La Revolución, el orgullo y la sensualidad “ Los valores metafísicos de la Revolución
 Dos nociones concebidas como valores metafísicos expresan bien el espíritu de la Revolución: igualdad absoluta, libertad completa. Y dos son las pasiones que más la sirven: el orgullo y la sensualidad. 
Al referirnos a las pasiones, conviene esclarecer el sentido en que tomamos el vocablo en este trabajo. Para mayor brevedad, conformándonos con el uso de varios autores espirituales, siempre que hablamos de las pasiones como fautoras de la Revolución, nos referimos a las pasiones desordenadas. Y, de acuerdo con el lenguaje corriente, incluimos en las pasiones desordenadas todos los impulsos al pecado existentes en el hombre como consecuencia de la triple concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida (cfr. I Jo. 2, 16).
  A. Orgullo e igualitarismo
 La persona orgullosa, sujeta a la autoridad de otra, odia en primer lugar el yugo que en concreto pesa sobre ella. 
En un segundo grado, el orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos, y más aún el propio principio de autoridad, considerado en abstracto.
Y porque odia toda autoridad, odia también toda superioridad, de cualquier orden que sea.
En todo esto hay un verdadero odio a Dios (cfr. ítem. m, infra).
Este odio a cualquier desigualdad ha ido tan lejos que, movidas por él, personas colocadas en una alta situación la han puesto en grave riesgo y hasta perdido, sólo por no aceptar la superioridad de quien está más alto.
Más aún. En un auge de virulencia el orgullo podría llevar a alguien a luchar por la anarquía y a rehusar el poder supremo que le fuese ofrecido. Esto porque la simple existencia de ese poder trae implícita la afirmación del principio de autoridad, a que todo hombre en cuanto tal -y el orgulloso también- puede ser sujeto.
El orgullo puede conducir, así, al igualitarismo más radical y completo.
Son varios los aspectos de ese igualitarismo radical y metafísico:
a. Igualdad entre los hombres y Dios:
de ahí el panteísmo, el inmanentismo y todas las formas esotéricas de religión, que pretenden establecer un trato de igual a igual entre Dios y los hombres, y que tienen por objetivo saturar a estos últimos de propiedades divinas. El ateo es un igualitario que, queriendo evitar el absurdo que hay en afirmar que el hombre es Dios, cae en otro absurdo, afirmando que Dios no existe. El laicismo es una forma de ateísmo, y por tanto de igualitarismo. Afirma la imposibilidad de que se tenga certeza de la existencia de Dios. De donde, en la esfera temporal, el hombre debe actuar como si Dios no existiese. O sea, como persona que destronó a Dios. 
b. Igualdad en la esfera eclesiástica:
supresión del sacerdocio dotado de los poderes del orden, magisterio y gobierno, o por lo menos de un sacerdocio con grados jerárquicos. 
c. Igualdad entre las diversas religiones:
todas las discriminaciones religiosas son antipáticas porque ofenden la fundamental igualdad entre los hombres. Por esto, las diversas religiones deben tener un tratamiento rigurosamente igual. El que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones. 
d. Igualdad en la esfera política:
supresión, o por lo menos atenuación, de la desigualdad entre gobernantes y gobernados. El poder no viene de Dios, sino de la masa que manda, a la cual el gobierno debe obedecer. Proscripción de la monarquía y de la aristocracia como regímenes intrínsecamente malos por ser anti-igualitarios. Sólo la democracia es legítima, justa y evangélica (cfr. San Pío X, Carta Apostólica “Notre Charge Apostolique”, 25.VIII.1910, A.A.S. vol. II, pp. 615-619). 
e. Igualdad en la estructura de la sociedad:
supresión de las clases, especialmente de las que se perpetúan por la vía hereditaria. Abolición de toda influencia aristocrática en la dirección de la sociedad y en el tonus general de la cultura y de las costumbres. La jerarquía natural constituída por la superioridad del trabajo intelectual sobre el trabajo manual desaparecerá por la superación de la distinción entre uno y otro. 
f. Abolición de los cuerpos intermedios
entre los individuos y el Estado, así como de los privilegios que son elementos inherentes a cada cuerpo social. Por más que la Revolución odie el absolutismo regio, odia más aún los cuerpos intermedios y la monarquía orgánica medieval. Es que el absolutismo monárquico tiende a poner a los súbditos, aun a los de más categoría, en un nivel de recíproca igualdad, en una situación disminuída que ya preanuncia la aniquilación del individuo y el anonimato, los cuales llegan al auge en las grandes concentraciones urbanas de la sociedad socialista. Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos. 
g. Igualdad económica:
nada pertenece a nadie, todo pertenece a la colectividad. Supresión de la propiedad privada, del derecho de cada cual al fruto integral de su propio trabajo y a la elección de su profesión. 
h. Igualdad en los aspectos exteriores de la existencia:
la variedad redunda fácilmente en la desigualdad de nivel. Por eso, disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc. 
i. Igualdad de almas:
la propaganda modela todas las almas según un mismo padrón, quitándoles las peculiaridades y casi la vida propia. Hasta las diferencias de psicología y de actitud entre los sexos tienden a menguar lo más posible. Por todo esto, desaparece el pueblo, que es esencialmente una gran familia de almas diversas pero armónicas, reunidas alrededor de lo que les es común. Y surge la masa, con su gran alma vacía, colectiva, esclava (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239). 
j. Igualdad en todo el trato social:
como entre mayores y menores, patrones y empleados, profesores y alumnos, esposo y esposa, padres e hijos, etc. 
k. Igualdad en el orden internacional:
el Estado es constituído por un pueblo independiente que ejerce pleno dominio sobre un territorio. La soberanía es, así, en el Derecho Público, la imagen de la propiedad. Admitida la idea de pueblo, con características que lo diferencian de los otros, y la de soberanía, estamos forzosamente en presencia de desigualdades: de capacidad, de virtud, de número, etc. Admitida la idea de territorio, tenemos la desigualdad cuantitativa y cualitativa de los diversos espacios territoriales. Se comprende, pues, que la Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados en una sola raza, un solo pueblo y un solo Estado (cfr. Parte I, cap. XI, 3). 
l. Igualdad entre las diversas partes del país:
por las mismas razones y por un mecanismo análogo, la Revolución tiende a abolir en el interior de las patrias ahora existentes todo sano regionalismo político, cultural, etc. 
m. Igualitarismo y odio a Dios:
Santo Tomás enseña (cfr. “Summa Contra Gentiles”, II, 45; “Summa Teologica”, I, q. 47, a. 2) que la diversidad de las criaturas y su escalonamiento jerárquico son un bien en sí, pues así resplandecen mejor en la creación las perfecciones del Creador. Y dice que tanto entre los Angeles (cfr. “Summa Teologica”, I, q. 50, a. 4) como entre los hombres, en el Paraíso Terrenal como en esta tierra de exilio (cfr. op. cit., I, q. 96, a. 3-4), la Providencia instituyó la desigualdad. Por eso, un universo de criaturas iguales sería un mundo en que se habría eliminado, en toda la medida de lo posible, la semejanza entre criaturas y Creador. Odiar, en principio, toda y cualquier desigualdad es, pues, colocarse metafísicamente contra los mejores elementos de semejanza entre el Creador y la creación, es odiar a Dios. 
n. Los límites de la desigualdad:
claro está que de toda esta explanación doctrinaria no se puede concluir que la desigualdad es siempre y necesariamente un bien. 
Todos los hombres son iguales por naturaleza, y diferentes sólo en sus accidentes. Los derechos que les vienen del simple hecho de ser hombres son iguales para todos: derecho a la vida, a la honra, a condiciones de existencia suficientes, al trabajo y, pues, a la propiedad, a la constitución de una familia, y sobre todo al conocimiento y práctica de la verdadera Religión. Y las desigualdades que atenten contra esos derechos son contrarias al orden de la Providencia. Sin embargo, dentro de estos límites, las desigualdades provenientes de accidentes como la virtud, el talento, la belleza, la fuerza, la familia, la tradición, etc., son justas y conformes al orden del universo (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).

Extraido de: