¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

28 jun. 2018

Gramsci y la revolución cultural, el ataque al sentido común


Plan conseguido en gran parte


Dijimos que Luzbel, en el inicio de la creación, al rebelarse ante Dios, se convirtió en Satán y fue arrojado del paraíso junto a los demás ángeles rebeldes que subvirtieron por primera vez el orden creado. Satanás fue, al negarse a obedecer a Dios, el primer subversivo de la Creación. Este mismo espíritu de subversión saltaría el cerco del paraíso para hacer caer a Adán y Eva. Entraría después en el mismo corazón del sagrado colegio apostólico y se ganaría a Judas. San Agustín denunció este combate en el siglo IV en sus “Dos ciudades” y San Ignacio en el siglo XVI en su batalla de las “Dos banderas”.

Satanás acrecentó su ofensiva en el siglo XVI invadiendo la celda y el corazón del fraile agustino Martín Lutero, quien se levantó contra Roma y fundó su Iglesia protestante, “protestando” y partiendo la conciencia europea en dos. La Iglesia como madre vio partir hacia el error y la herejía a la tercera parte de sus hijos... la inigualable España defendió ella sola la integridad de la Fe católica frente a la herejía con una ametralladora de santos, lo que le valió el honor de ser llamada el “El brazo derecho de la Cristiandad”, y contrarrestó la pérdida de millones de almas evangelizando a veinte naciones que hoy, gracias a ella, rezamos en español.

Esta herida y división que se abrió en la conciencia europea permitiría la entrada de errores y filosofías enemigas de Cristo y de su Iglesia, que atacarían el mandato de Dios al hombre: “Me amarás con tu mente”, no sólo desde afuera, sino desde dentro. Dios (desde el Génesis), y la Iglesia recordarían al hombre que era “polvo” y que en el “polvo” se convertiría. El liberalismo comenzaría a susurrarle al oído que era un “dios” y que no debía tener, por lo tanto, leyes superiores a sus placeres y a sus intereses... ganaría Satán lógicamente, con esta mentira, millones de adeptos. Se entiende, es tentador...

La masonería introduciría sus “Caballos de Troya” contra el orden social cristiano infiltrándose camuflada y secretamente en las leyes, la política, las Fuerzas armadas, la economía, las finanzas, la justicia, los sindicatos, la prensa, el cine, la televisión y especialmente en la educación, porque El tesoro que todo enemigo de Dios ambiciona es la juventud y hasta la infancia. Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII, VIII y IX, León XII y Gregorio XVI la condenaron, y León XII denunció a esta serpiente que nos envuelve “en su abrazo cariñoso” para luego estrangularnos como la que nos inyectó “el mortal veneno que circula por todas las venas de la sociedad”.

El socialismo y el marxismo serían más tarde los instrumentos visibles más brutales de Satán. El último definido por la Iglesia como “intrínsecamente perverso, prometiéndole al hombre el paraíso en la tierra, pero privándolo de todos sus derechos naturales, hasta… el de creer en Dios. Como el hombre no quiso aceptarlo “libremente”, hubo que asesinar en el siglo XX a 100.000.000 de personas para explicárselo.

Pero el marxismo engendraría en el mismo siglo a su hijo más perverso, por lo sutil: a Antonio Gramsci, quien ideó la estrategia para “tomar” al occidente cristiano. Y con Gramsci, Satán daría la vuelta de tuerca final en esta revolución anticristiana que intenta, desde el Génesis, robarle a Dios el alma inmortal del hombre. Antonio Gramsci (uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano) como Marx y Lenín, buscó la toma del poder total. Satanás le susurró al oído una estrategia menos violenta que la de aquellos en la soledad de su cárcel mussoliniana. Le inspiró sustituir el ataque por “el asedio”.

Gramsci creía que la tradición  cristiana había hecho irrecuperable para el comunismo el alma occidental. Con la propiedad privada como pilar de la economía, la familia como célula de la sociedad y los 10 mandamientos como ordenador moral, el camino sería inabordable. Este detalle es fundamental para comprender la esencia de la revolución cultural gramsciana. Habría por lo tanto que buscar otro camino: cambiar la forma de pensar de Occidente. Su forma de vivir, de relacionarse, hasta de divertirse. La reforma sería, por lo tanto, intelectual y moral. Una vez cambiada y erosionada la mentalidad de la mayoría, el poder civil como una fruta madura en manos del poder del estado porque ya no habría choques ni conflictos entre ambos.

Las ideas a imponer serían contrarias a una concepción trascendente de la vida. Habría que cerrarse a toda concepción religiosa que nos recuerde el Juicio Final y hablar solamente de “aquí abajo”, en una postura de inmanentismo total. La inmanencia es la actitud del hombre que vive en la Tierra como si fuera su patria definitiva. Es lo contrario de la visión trascendente de la vida. Finalmente hoy, inmersos en el gramscismo, si bien queda algo de fe en los corazones, se vive cotidianamente como si el mundo espiritual y sobrenatural no existiera, como si todo empezara y terminara acá abajo. Decimos que “en el fondo” somos católicos, pero a veces ese fondo tiene tantos metros de profundidad…que en nuestra vida diaria no se nota.

Habría entonces que corromper, disolver, erosionar, destruir sin ruido y sin descanso, subvirtiendo todos y cada uno de los valores enseñados por la cultura  cristiana. Burlarse, mofarse, ridiculizar, menospreciar, corroer, erosionar todas las virtudes y los valores que la Iglesia como madre y maestra había tendido a sus hijos para ponerlos de pie como personas.

Hoy han sido intencionalmente tan combatidas dentro de la sociedad, que al hombre moderno le resultan hasta desconocidas: la fe, la esperanza, la caridad, la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza, la veracidad, la sinceridad, la honestidad, la austeridad, el respeto, la humildad, la gratitud, la obediencia, el patriotismo, la piedad, el honor, la lealtad, el valor, el pudor, la virginidad, la castidad, la fidelidad... etc. para esto, había que infiltrarse y tomar todos los ámbitos de la sociedad civil, introduciéndose en las leyes, la educación, los sindicatos, el arte, la ciencia, las empresas y hasta en la misma parroquia para hacer “saltar la propia Iglesia por dentro”… Gramsci pensaba que nadie como la Iglesia había contribuido a formar el “sentido común” de los pueblos, unificando las mentes y los corazones del campesino y del rey, de los analfabetos y de los intelectuales. Habría que apuntar los cañones otra vez hacia Ella, la principal responsable de unificar las mentes y los corazones del occidente cristiano.

La destrucción de las instituciones (Iglesia, Fuerzas armadas, Policía, Justicia, educación) demolería a la sociedad (masificándola y atomizándola) porque son quienes la encuadran y la mantienen de pie. La destrucción se haría descabezándolas y desprestigiándolas, para que los ciudadanos llegaran a pensar que las instituciones no eran necesarias. Sería como quebrar los huesos del esqueleto humano que arma y sostiene el cuerpo de la persona. Para Gramsci, nada mejor que un intelectual traidor, un militar manejable o traidor, un clérigo aguado o traidor, o hasta... un obispo cobarde y traidor. No haría falta que se declarasen marxistas, bastaría que ya no fuesen enemigos.

Mediante su revolución, que Gramsci diseñó hacerla a través de la cultura y los medios de comunicación, se iría volcando el contenido marxista en las cabezas (ya vacías) de las nuevas generaciones. Nacerían nuevas generaciones amorfas, sin sentido trascendente de la vida, sin Dios, sin Patria, sin raíces y ahora (con la “perspectiva de género” que niega el sexo impuesto por la naturaleza) hasta sin sexo definido. Jóvenes “re-programados” por el sistema, ya sin lazos afectivos que los ligasen a nada ni a nadie y por lo tanto manejables.

Sin Dios para adorar, sin Patria que defender (porque ya se la habrían quitado física y espiritualmente de a pedazos) sin padres que amar y respetar, sin familia que defender (y que los cuide y los ame por el sólo hecho de existir) serán el producto terminado de más de un siglo de educación atea y obligatoria en nuestra patria. Autónomos e independientes, irrespetuosos y anárquicos, repletos de críticas e insatisfechos, resentidos, violentos (contra los demás y contra sí mismos) con odio y sentimientos de lucha de clases, despreciando no sólo el enorme tesoro de la civilización cristiana sino el de la vida misma en todos los ámbitos (desde el aborto, la vida del compañero de clase, de la universidad o la eutanasia).

Algunos pocos por convicción libremente elegida, pero millones... por ignorancia por haber sido víctimas de una de una revolución que primero les envenenó el alma y el corazón vaciándoles de principios y de valores la cabeza. Una revolución que les habló solamente de sus derechos y jamás de sus deberes y obligaciones como personas. Una revolución perversa que odia al hombre y les vendió un mundo ficticio a contrapelo con el corazón y la naturaleza humana.

El mundo actual se encuentra diabólicamente diseñado por Gramsci, gracias, en gran parte, como él quería, a los intelectuales, a los medios de comunicación e Internet, quienes, (salvo honrosas excepciones), transmiten desde los dibujos animados para niños, sistemáticamente, sin parar y hasta el hartazgo, una moral enemiga de todo orden natural, de Cristo y de su Iglesia. La revolución que enfrentamos es un plan total de destrucción de la persona humana. Los que quieran sobrevivir tendrán que saberlo. Es la misma batalla espiritual en su fase final. Una batalla tan profunda, tan perfecta y tal bien organizada que su director no puede ser un hombre…sino el propio Satanás. Porque tomar un país para robarlo y saquearlo, para vivir rodeado de lujos y hasta de orgías, para sentirse adulado desde un balcón... forma parte de las miserias naturales de los seres humanos que vuelan bajo.

Pero…diseñar un plan de asfixiar el salario del hombre para obligar a la mujer a abandonar su hogar y aprovechar ahí a corromper la inocencia de los niños desde los jardines de infantes, enseñándoles a inflar preservativos como globos en las aulas primarias antes que a leer y a escribir, desgarrar las conciencias de los jóvenes llevándolos solamente a la perversión sexual, atiborrándolos de pornografía y de droga (en un camino generalmente sin retorno) para manejarlos, impedirles aprender su propia lengua para que no puedan en un futuro ni pensar, ni expresar lo que sienten, ni comunicarse con el prójimo o recibir la cultura y los valores de generaciones anteriores, apagar el fuego que brinda el calor de los hogares destruyéndolos, convencer a la mujer (naturalmente creada para concebir y guardar la vida que nace, que crece, que envejece y que muere) que lo peor que le puede pasar es tener un hijo o dedicarse a los suyos, sacarle al hombre la posibilidad de arrodillarse ante su Dios, de tener la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos en el cielo, de sentir el alivio de recibir el perdón al haber pecado, de amar a sus padres y a sus abuelos, de respetar y admirar a sus superiores y maestros, de amar la tierra donde han nacido, de venerar a su bandera y tener el honor de morir por ella...Va más allá de la naturaleza caída… Esto no es sólo el hombre librado a su naturaleza caída…es un plan que aterra por lo diabólico.

Esta guerra tan hábilmente y diabólicamente concebida en la mente de Satán, este ataque al entendimiento y al sentido común (esa facultad interior natural que Dios nos dio a las personas para juzgar razonablemente las cosas conforme al buen juicio natural para discernir lo bueno de lo malo), es el arma a utilizar para tomar occidente.

Esta destrucción de los valores que le fueron tan familiares a los hombres durante siglos y que edificaron nuestra cultura cristiana, fue muy mal enfrentada y resistida desde un principio por quienes tenían el deber moral de defenderlos, de iluminarnos, de protegernos, de denunciar la mentira y el ataque y contrarrestarlo enseñando la Verdad, porque en la cadena de responsabilidades ante Dios, siempre hay instancias superiores a otras.


Por: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net

22 may. 2018

Quien no se encoleriza cuando lo exige la razón, peca

Verdades Olvidadas
Sólo aquel que se encoleriza sin motivo se hace culpable; quien se encoleriza por un motivo justo no tiene culpa alguna. Pues, si se faltase a la ira, el conocimiento de Dios no progresaría, los juicios no tendrían consistencia y los crímenes no serian reprimidos. Más aún: aquel que no se encoleriza cuando la razón lo exige, comete un pecado grave; pues la paciencia no regulada por la razón propaga los vicios, favorece las negligencias y lleva hacia el mal, no solamente a los malos sino sobre todo a los buenos. (Hom. XI, in Math.).
San Juan Crisóstomo


Expulsión de los mercaderes del Templo – Giotto di Bondone


La ira puede tomarse en dos sentidos. Primero como simple movimiento de la voluntad por la cual alguien impone una sanción movido por la razón recta, sin pasión alguna; y en este caso sin duda es pecado no tenerla. En esta forma la entendió el Crisóstomo cuando dijo:
“La ira que tiene causa no es ira sino juicio. Hablando con propiedad, ira es una conmoción de la pasión, y, cuando nos airamos por causa justa, no obramos por pasión. Se trata de un acto de juicio, no de ira”.
“En el segundo sentido, la ira se toma como un movimiento del apetito sensitivo agitado por la pasión con excitación corporal. Este movimiento sigue necesariamente, en el hombre, al movimiento anterior de la voluntad, ya que naturalmente el apetito inferior sigue al movimiento del apetito superior si un obstáculo no lo impide (a menos que haya un obstáculo). Es, pues, imposible que deje de existir todo movimiento de ira en el apetito sensitivo, a no ser, por sustracción o debilitamiento del movimiento de la voluntad. Por lo tanto la ausencia de esta pasión puede ser un vicio, lo mismo que la ausencia del movimiento de la voluntad en orden a imponer la sanción debida (en justicia) por el juicio de la razón”.
Santo Tomás de Aquino, (Sum. Theol. II, IIae, q158, art. 8).

5 may. 2018

El transgénero es el peor enemigo de la familia


Lo que hace la revolución transgénero es autodestructivo, tiránico, no científico, inmoral, abusivo y destruye la salud.


En todos los países está encontrando vivas resistencias la implantación de la revolución transgénero. Esta revolución es autodestructiva, tiránica, no científica, inmoral, abusiva y que destruye la salud. Veamos en qué consiste.
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Contenidos
1. El transgénero es tiránico
El 13 de mayo de 2016, la administración de Obama emitió un discurso radical ordenando a todas las escuelas públicas que permitieran a los miembros de un sexo biológico usar las duchas, los vestuarios y los baños del sexo opuesto. De una sola vez, el gobierno federal impuso baños transgénero en todas las escuelas públicas de la nación. Los estados que se opusieron a la medida han sido amenazados con penas severas tales como la pérdida de fondos federales.
Las preocupaciones legítimas de los padres por sus hijos fueron dejadas de lado. El derecho a la privacidad y la importancia de proteger la inocencia de nuestros hijos también fueron pisoteados. El movimiento transgénero, como el Islam, solo está satisfecho con la sumisión total. Bajo esta nueva tiranía, las escuelas, universidades, negocios e incluso las iglesias ya no son libres de seguir sus principios morales. La moral cristiana no es tolerada.
2. Fomenta el abuso infantil
El transgénero es especialmente dañino para los niños. Según el Colegio Americano de Pediatras, la promoción pública de la transgenerismo constituye una forma de abuso infantil:
“Condicionar a los niños para que crean que una vida de suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto es normal y saludable es abuso infantil. Respaldar la discordancia de género como normal a través de la educación pública y las políticas legales confundirá a los niños y padres, llevando a más niños a presentarse [a sí mismos] en “clínicas de género” donde se les darán medicamentos bloqueadores de la pubertad. Esto, a su vez, prácticamente asegura que ‘elegirán’ una vida de hormonas transgénero tóxicas y cancerígenas, y probablemente consideren la mutilación quirúrgica innecesaria de sus partes sanas del cuerpo como adultos jóvenes”. [1]
Esta forma de abuso infantil debe ser vigorosamente rechazada.
3. Contradice la biología y la ciencia
La ideología de género contradice la biología básica. El mismo movimiento progresista que alguna vez rindió culto en el altar secular de la ciencia la exclusión de Dios y de la metafísica, se ha vuelto contra su propio dogma que la ciencia es todo. Ahora, toda la evidencia científica que refuta la narrativa transgénero es descartada.
Sin embargo, el Colegio Estadounidense de Pediatras es claro:
“La sexualidad humana es un rasgo binario biológico objetivo: ‘XY’ y ‘XX’ son marcadores genéticos de la salud, no marcadores genéticos de un trastorno. La norma para el diseño humano debe ser concebida como hombre o mujer. La sexualidad humana es binaria por diseño, con el objetivo evidente de la reproducción y el florecimiento de nuestra especie. Este principio es evidente por sí mismo… Las personas con DSD [trastornos del desarrollo sexual] no constituyen un tercer sexo “.[2]
4. El sexo biológico no puede cambiar
Quienes abrazan la ideología transgénero pretenden que los hombres pueden transformarse en mujeres o que las mujeres pueden transformarse en hombres. Pero su afirmación es falsa.
“Es fisiológicamente imposible cambiar el sexo de una persona, ya que el sexo de cada individuo está codificado en los genes: XX si es hembra, XY si es varón. La cirugía solo puede crear la apariencia del otro sexo “, explican el Dr. Richard P. Fitzgibbons, M.D., Philip M. Sutton, Ph.D., y Dale O’Leary en un estudio bien documentado. Estos médicos afirman que la identidad sexual “está escrita en cada célula del cuerpo y puede determinarse mediante pruebas de ADN”. No se puede cambiar”. [3]
5. Se deforma la virilidad y la feminidad
La ideología transgénero afirma que la realidad biológica no determina los sentimientos sexuales propios. Por lo tanto, las diferencias entre hombres y mujeres, al igual que la ropa que vestimos, están separadas de nuestra identidad y están en constante cambio. La virilidad y la feminidad son meras etiquetas utilizadas para describir lo que vemos, pero carecen de una base sustancial.
La ideóloga feminista, lesbiana y escritora Simone de Beauvoir afirmó que “uno no nace, sino que se convierte en una mujer”. El objetivo del feminismo no es tanto eliminar la llamada clase masculina “opresiva” sino abolir toda diferencia entre los sexos.
Aquí vemos cómo los movimientos homosexuales, transgénero y feministas están aliados. Comparten el mismo objetivo final: la destrucción del hombre y la mujer, la masculinidad y la feminidad.
6. Destruye la razón
Una parte fundamental de la lógica y la razón es la idea de que las cosas tienen una finalidad. El objetivo de nuestros ojos, por ejemplo, es proporcionarnos la vista. Las alas de un águila existen para proporcionarle vuelo. Nuestros pulmones existen para que podamos respirar y absorber oxígeno, y nuestros oídos existen para poder escuchar. Del mismo modo, el propósito principal de la sexualidad humana es la procreación.
Sin embargo, la transgeneridad, como la homosexualidad y el feminismo, niegan este principio y, por lo tanto, atacan a la razón humana en sí misma, que es una forma de locura deliberada.
7. El transgénero es autodestructivo
El movimiento homosexual destroza vidas. El arrepentimiento, la desesperación y el suicidio son comunes entre quienes adoptan la “T” del estilo de vida LGBT.
Walt Heyer, un hombre que lamenta haber vivido como mujer durante muchos años, dijo:
“Sabía que no era una mujer verdadera, sin importar lo que dijeran mis documentos de identificación. Había tomado medidas extremas para resolver mi conflicto de género, pero cambiar los géneros no había funcionado. Obviamente fue una mascarada. [4]
“Las personas transgénero no solo aniquilan su identidad de nacimiento “, explicó Heyer, “destruyen a todos y cada uno a su paso: familia, esposa, hijos, hermanos o hermanas y carrera. Ciertamente, esto demuestra el comportamiento de alguien empeñado en la autodestrucción total y en lesionarse a sí mismo”.  [5]
El estrés involucrado con vivir un estilo de vida que viola la naturaleza es evidente. Según la Fundación Estadounidense para la Prevención del Suicidio, el 41% de los que se identifican como transgéneros en Estados Unidos han intentado suicidarse. [6] Eso es veinticinco veces más que el promedio nacional.
8. ¿A dónde nos llevará el transgénero: las especies trans especies
Si un hombre puede pretender ser mujer, ¿por qué no puede afirmar que no es humano? Tal conclusión relativista está lamentablemente aquí: se llama trans-especie, también conocida como furries (animales antropomórficos) u otras otherkins [7]. Las personas con el Desorden de identidad de Especie se consideran no humanas y se presentan en los desfiles homosexuales. Los argumentos utilizados por el movimiento trans-especie para cuestionar su estado humano son esencialmente los mismos que los del movimiento transgénero.
Cuando los sentimientos reemplazan a la realidad, la lógica muere. El intelecto, la parte más elevada del hombre, se degrada. El animal gobierna Y nuestra cultura sin Dios nos presiona para aceptar estas fantasías depravadas.
Una vez que estos trastornos se consideran normales, ¿qué puede resistir a las pasiones desenfrenadas para que no introduzcan formas más grandes de depravación? ¿Qué protegerá a la razón humana de una mayor destrucción?
9. La ideología transgénero y la persecución religiosa
La ideología transgénero, favorecida por el secularismo, puede excitar el peor tipo de persecución religiosa, ya que impone una perversión de la mente, comenzando por los niños pequeños. Aquellos que se oponen a ella son blanco de esta nueva religión de la igualdad, que obliga a los niños a asistir a entrenamientos de la sensibilidad y adoctrinamiento de género. De hecho, aquellos [8] que animan al movimiento homosexual, lo sepan o no, son de hecho sirvientes de una nueva religión.
Su doctrina: la ideología transgénero. Su dios falso: igualdad radical y liberalismo insensato. Sus ministros: Líderes del movimiento homosexual. Sus acólitos: medios liberales, políticos inmorales y, por desgracia, miembros disidentes del clero. Su “inquisición”: leyes antidiscriminatorias que amenazan el orden y la paz. Su “excomunión”: cualquiera que diga la verdad es etiquetado como “homófobo” o “transfobico”.
10. Ofende a Dios
El deseo de cambiar el sexo biológico no solo niega la realidad, sino que también ofende a Dios. Nadie nace hombre o mujer por casualidad, sino de acuerdo con un plan de la Divina Providencia: “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí. ” (Jer. 1: 5). Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó, y los creó macho y hembra (Génesis 1:27). Por lo tanto, contradecir intencionalmente la naturaleza biológica de la humanidad es un acto de rebelión contra nuestro Creador.
La caridad nos llama a ayudar a los afligidos o confundidos acerca de su propio sexo, no a aumentar su confusión ofreciéndoles una solución falsa. La caridad “no se regocija por la maldad, sino que se regocija con la verdad” (1 Cor. 13: 6). Por lo tanto, la misericordia nunca puede oponerse a la verdad, porque solo la verdad puede liberarte (Juan 8:32).
¿Qué podemos hacer para salvar a la familia?
Debemos seguir el ejemplo angélico de San Miguel Arcángel
“Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. “(Efesios 6: 11-13).



[1] The American College of Pediatricians, “Gender Ideology Harms Children,” www.acpeds.org/the-college-speaks/position-statements/gender-ideology-harms-children.
[2] Ibid
[3] The National Catholic Bioethics Center, “The Psychopathology of ‘Sex Reassignment’ Surgery: Assessing Its Medical, Psychological, and Ethical Appropriateness” by Richard P. Fitzgibbons, M.D., Philip M. Sutton, Ph.D., and Dale O’Leary.
[4] The Public Discourse, “I Was a Transgender Woman” by Walt Heyer, www.thepublicdiscourse.com/2015/04/14688/.
[5] The Federalist, “Transgender Characters May Win Emmys, But Transgender People Hurt Themselves” by Walt Heyer, http://thefederalist.com/2015/09/22/transgender-characters-may-win-emmys-but-transgender-people-hurt-themselves/
[6] The Williams Institute, “Suicide Attempts among Transgender and Gender Non-Conforming Adults” by Ann P. Haas, Ph.D., Philip L. Rogers, Ph.D., and Jody L. Herman, Ph.D. http://williamsinstitute.law.ucla.edu/wp-content/uploads/AFSP-Williams-Suicide-Report-Final.pdf.
[7] Personas que creen que poseen una identidad parcial o enteramente no humana
[8] http://www.tfp.org/tfp-home/fighting-for-our-culture/equalitys-next-victims-transgendering-our-children.html