¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

14 ago. 2019

Nunca será un error


La ideología de género hace daño a los niños


La ideología de género lleva a los niños a creer que es normal estar toda la vida sustituyendo química y quirúrgicamente su propio sexo por el opuesto constituye un abuso infantil.


Haciéndose eco de la campaña internacional de la ideología de género, el Congreso Nacional ha aprobado una ley para el cambio de sexo.
Para conocer las graves consecuencias de esta medida, le ofrecemos la declaración del Colegio de Pediatras de Estados Unidos que sigue, trata el asunto de forma concisa y clara.

El Colegio de Pediatras de Estados Unidos dio a conocer una declaración, firmada por su presidenta y su vicepresidente y por uno de los más eminentes pediatras del país, titulada La ideología de género hace daño a los niños.
En ella urgen a «educadores y legisladores» a «rechazar todas las políticas que condicionen a los niños para aceptar como normal una vida de suplantación química o quirúrgica de su sexo por el sexo opuesto».
«Son los hechos y no la ideología», afirman, «quienes determinan la realidad», esto es, que «la sexualidad es un rasgo biológico objetivo».
El Colegio Americano de Pediatras urge a los educadores y legisladores a rechazar todas las políticas que condicionen a los niños para aceptar como normal una vida de suplantación química o quirúrgica de su sexo por el sexo opuesto. Son los hechos, y no la ideología, quienes determinan la realidad.
La sexualidad humana es un rasgo biológico objetivo binario: XY y XX son marcadores genéticos saludables, no los marcadores genéticos de un trastorno. La norma del diseño humano es ser concebido como hombre o como mujer.
La sexualidad humana es binaria por definición, siendo su finalidad obvia la reproducción y crecimiento de nuestra especie. Este principio es evidente por sí mismo.
Los extraordinariamente raros trastornos del desarrollo sexual, entre ellos la feminización testicular [o síndrome de insensibilidad de los andrógenos, n.n.] y la hiperplasia suprarrenal congénita, son desviaciones de la norma sexual binaria, todas ellas médicamente identificables y directamente admitidas como trastornos del diseño humano. Los individuos con trastornos del desarrollo sexual no constituyen un tercer sexo
Nadie nace con un género. Todos nacemos con un sexo biológico.

El género (la conciencia y sentimiento de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un concepto biológico objetivo.
Nadie nace con conciencia de sí mismo como hombre o mujer; esta conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todos los procesos de desarrollo, puede desviarse a consecuencia de las percepciones subjetivas del niño, de sus relaciones y de sus experiencias adversas desde la infancia.
Quienes se identifican como «sintiéndose del sexo opuesto» o como «algo intermedio» no conforman un tercer sexo. Siguen siendo hombres biológicos o mujeres biológicas
La creencia de una persona de que él o ella es algo que no es constituye, en el mejor de los casos, un signo de pensamiento confuso.
Cuando un niño biológicamente sano cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal.
Estos niños padecen disforia de género. La disforia de género, antes denominada trastorno de identidad de género, es un trastorno mental así reconocido en la más reciente edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V)
Las teorías psicodinámicas y de aprendizaje social sobre la disforia de género o trastorno de identidad de género nunca han sido refutadas
  1. La pubertad no es una enfermedad, y los bloqueadores hormonales pueden ser peligrosos. Reversibles o no, los bloqueadores hormonales inducen un estado de enfermedad -la ausencia de pubertad- e inhiben el crecimiento y la fertilidad en un niño que antes era biológicamente sano{6}.
  2. Según el DSM-V, hasta un 98% de niños con género confuso y hasta un 88% de niñas con género confuso aceptan finalmente su sexo biológico tras pasar la pubertad de forma natural{5}.
  3. Los niños que utilizan bloqueadores hormonales para reasignación de sexo necesitarán hormonas cruzadas al final de la adolescencia. Las hormonas cruzadas (testosterona y estrógenos) se asocian con riesgos para la salud, entre ellos hipertensión, coágulos de sangre, derrame cerebral y cáncer
  4. Las tasas de suicidio son veinte veces mayores entre los adultos que utilizan hormonas cruzadas y sufren cirugía de reasignación de sexo, incluso en Suecia, que se encuentra entre los países con mayor respaldo LGBT. ¿Qué persona compasiva y razonable condenaría a ese destino a chicos jóvenes sabiendo que tras la pubertad hasta un 88% de las chicas y un 98% de los chicos aceptarán la realidad y alcanzarán un estado de salud física y mental?
Existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal.
Condicionar a los niños a creer que es normal estar toda la vida sustituyendo química y quirúrgicamente su propio sexo por el opuesto constituye un abuso infantil.
Respaldar la discordancia de género como algo normal a través de la educación pública y de las políticas legales confundirá a hijos y padres, llevando a muchos niños a acudir a «clínicas de género» donde les administren fármacos bloqueadores hormonales.
Esto, a su vez, virtualmente asegura que ellos «elegirán» recibir hormonas cruzadas cancerígenas o de un modo u otro tóxicas, y probablemente considerarán, cuando sean adultos jóvenes, la mutilación quirúrgica innecesaria de sus órganos sanos.

ARTICULO, REFERENCIAS Y DESCARGA EN:Accion Familia

25 abr. 2019

La utopía democrático-socialista y la demolición de la sociedad

No a la igualdad; sí a la complementariedad

Para el estado totalitario los individuos son números
Para el Estado democrático revolucionario los individuos son todos iguales
La utopía democrática es la igualdad. La democracia sueña con un Estado social y sólo se preocupa con los individuos, y con los individuos socialmente iguales.
No es esto lo que está en los planos de Dios. Y para convencernos de esta verdad, basta considerar el proceder de Dios.
Dios podría haber creado a cada hombre, como lo hizo con Adán, directamente y sin auxilio de nadie. Así hizo con los ángeles, y aún en éste caso no quiso la igualdad. Dios creó a cada ángel como una especie distinta, correspondiente a una idea particular en el pensamiento divino.

Formando al ser humano como una especie única, la igualdad habría reinado entonces si todos hubiésemos recibido la existencia directamente de manos del Creador. Pero Dios tenía otros designios. El quiso que recibiéramos la vida unos de los otros, y que por este medio fuésemos constituidos, no en la libertad y la igualdad sociales, sino en la dependencia de nuestros padres y en la jerarquía que debía nacer de esa dependencia.
Dios establece la familia
Contenidos
Dios creó a Adán, y después de su cuerpo hizo el cuerpo de Eva. Dios entonces bendijo al hombre y a la mujer y les dijo: «Sed fecundos, llenad y dominad la tierra«.
La familia es una institución anterior al Estado ya afirmaba Cicerón
Ciceron decía que los estados proceden de esa socieda primera que es la familia
Dios creó así la familia, la transformó en una sociedad y la constituyó de acuerdo con un plan totalmente diverso de la igualdad social: la mujer sumisa al hombre y los hijos sumisos a los padres.
En los mismos orígenes del género humano, por lo tanto, encontramos las tres grandes leyes sociales: la autoridad, la jerarquía y la unión. La autoridad, que pertenece a los autores de la vida; la jerarquía, que torna al hombre superior a la mujer y a los padres superiores a los hijos; y la unión, que deben conservar entre sí aquellos vínculos vivificados por la misma sangre.
Los Estados proceden de esa sociedad primera.
«La familia –dice Cicerón– es el principio de la ciudad, y de alguna forma la semilla de la res-pública. La familia se divide, aunque permaneciendo unida; los hermanos, así como sus hijos y nietos, no pudiendo abrigarse todos en la casa paterna, salen para fundar nuevas casas, como nuevas colonias. Ellos forman alianzas, de donde surgen nuevas afinidades y el crecimiento de la familia. Las casas se multiplican poco a poco, todo crece, todo se desarrolla, y nace la res-pública. (República, libro I, 7).
Al comienzo Abraham funda una familia nueva, y de ella surgen doce tribus, que constituyen un pueblo. Esos son propiamente los orígenes del pueblo de Dios.
Lo mismo ocurrió con los gentiles.
La familia no es sólo el elemento primero de todo Estado, sino su elemento constitutivo, de tal manera que la sociedad no se compone de individuos, sino de familias. P. 11
Actualmente sólo los individuos importan y el Estado sólo reconoce a los ciudadanos aislados. Esto es contrario al orden natural. Antiguamente era de tal manera así que los censos de población no contaban las personas, sino los «fuegos», es decir, los hogares.
Cada hogar era considerado el centro de una familia, y cada familia era dentro del Estado una unidad política y jurídica, al mismo tiempo que económica.
El individualismo conduce a la destrucción de la sociedad
Fue la Revolución Francesa la que vino a destruir este orden. Ella se impuso el deber de emancipar al individuo, a la persona humana, estimada como célula elemental orgánica de la sociedad. Esta tarea que la Revolución se impuso, conduce nada menos que a desorganizar la sociedad y a disolverla.
El individuo es sólo un elemento dentro de esa célula orgánica de la sociedad que es la familia. Separar sus elementos, impulsar el individualismo, es destruir su vida, es tornarla impotente para llenar su papel en la constitución del ser social, como lo haría, en los seres vivos, la disociación de los elementos de la célula vegetal o animal.
Juramento del Jeu de Paume durante la Revolución francesa
La Revolución Francesa vino a destruir el orden y se impuso el deber de emancipar al individuo, esclavizándolo finalmente al Estado
En nuestros días, el individualismo fue llevado a su exacerbación por el relativismo. Así, cada individuo posee «su verdad» y sus «valores». Sobre todo, sus derechos y no sus deberes.
Desaparición de la noción del bien común
Las legislaciones socialistas exacerban este individualismo, dando al individuo derechos gravemente perjudiciales para el bien común.
La noción de que la sociedad sólo puede subsistir cuando existe una preocupación por el bien común, ha venido desapareciendo casi completamente.
Así hemos asistido en nuestro país a una demolición sistemática de la familia en nombre de las libertades individuales. La legalización del divorcio, la equiparación de los hijos naturales con los generados dentro del matrimonio, la multiforme propaganda de todo tipo de anticonceptivos y de una libertad sexual no lejana del libertinaje, está llevando a nuestra patria a una disociación de su unidad.
No debemos extrañar, por lo tanto, que las encuestas muestren a la familia como una institución en vías de desaparecer. Y, con su desaparición, la propia sociedad es demolida.
La patria sólo subsiste cuando sus componentes tienen un «proyecto» común. Cuando cada individuo tiene sus propios «valores», la unidad nacional desaparece.

No a la igualdad; sí a la complementariedad


18 feb. 2019

Elevando a los animales, rebajando a los hombres

Los animales comienzan a reemplazar a los hijos que no se quiso tener

Una equiparación, o aún preferencia por el animal en relación al hombre constituye un rebajamiento irracional e inconcebible de la naturaleza humana, ya que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.
Poseer animales domésticos y tratarlos bien es una costumbre inmemorial, sobre todo tratándose de perros. Es claro que no se debe someterlos a sufrimientos sin razón proporcionada. Nadie es contrario a eso.
Una cosa es el buen trato a los animales, otra tratarlos como humanos
Los animales comienzan a reemplazar a los hijos que no se quiso tener
Sin embargo, una moda inducida e irracional ha llevado a mucha gente a colocar a los animales en un nivel superior al de los humanos, lo que es desbordar el sentido común, pudiendo llegar a ser pecaminoso, pues contraría la jerarquía establecida por Dios en la Creación.
La Sagrada Escritura es muy clara al respecto. Dios dijo al primer matrimonio: “Llenad la tierra y sometedla. Dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los animales que se arrastran sobre la tierra”. (Gen. 1,28).
Además, el Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por Juan Pablo II, determina:
“Dios confió los animales al gobierno de aquel que fue criado a Su imagen (el hombre). Es, por lo tanto, legítimo que nos sirvamos de los animales para la alimentación y para la confección del vestuario.
“Podemos domesticarlos para que sirvan al hombre en sus trabajos y descanso. Los experimentaciones médicas y científicas con animales son prácticas moralmente admisibles, si no traspasan los límites de lo razonable y contribuyan para curar o ahorrar vidas humanas” (2417).
* * *
Niños y animales en el mismo nivel
Sin embargo, no es raro que se promuevan proyectos de Código Penal, como fue propuesto en Brasil, llegando a imponer penas mayores por el abandono de un animal que por el abandono de un niño.
¿Locura? ¿Desvarío?
Mucho más.
Esto forma parte del proceso de rebajamiento de la naturaleza humana, actualmente en curso.
(…) La Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara de Diputados aprobó recientemente un proyecto que establece castigos increíbles para los hombres en el trato con perros y gatos. Las penas son severas.
Así, quien mate un perro o un gato va a la prisión por el plazo de cinco a ocho años.
Y el régimen de reclusión es el más estricto, reservado para crímenes graves, en los que el criminal no tiene posibilidad de un ablandamiento en un futuro próximo.
¡Es inimaginable que alguien tenga que purgar ocho años tras las rejas porque mató a un gato! Pero hay más.
Sirviendo a un perro en bandeja
Si la persona mató al perro para evitar el contagio de alguna enfermedad transmisible a los humanos, necesita probar de modo “irrefutable” que no existía un tratamiento posible para el animal.
Si no consigue probar esto, su pena aumenta entre 6 y 10 años. El mismo aumento de pena se aplica si el can o el felino fuere muerto con veneno o algún medio cruel.
Pero no es sólo matarlos.
También si deja de prestar asistencia o socorro al perro o al gato que corren peligro grave en las vías públicas, así como en las propiedades privadas, corresponderá una pena de 2 a 4 años de detención.
Tampoco se podrá dejar al animal amarrado con una cuerda o cadena para que no huya de la casa ni ataque a nadie: prisión de 1 a 3 años.
Milagrosa Imagen de la Virgen de Fátima
Imagen de la Virgen de Fátima que lloró milagrosamente en Nueva Orleans, en 1972
En necesario aún proporcionar una alimentación adecuada al animal, puesto que exponer la salud del perro o del gato equivale a una prisión de dos a cuatro años.
Si el agente es propietario o responsable por el animal, todas esas penas serán duplicadas: ¡16 años de prisión porque mató a un gato!
* * *
Esa equiparación, o aún preferencia del animal en relación al hombre constituye un rebajamiento irracional de inconcebible de la naturaleza humana, ya que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.
Rebajarlo de esa forma es profanar la imagen de Dios, es ofender al Creador. ¿A quién le gustaría que la imagen de su propio padre fuera rebajada a nivel de un perro?
¡Esta ofensa al Creador es una de las razones de las lágrimas de la Santísima Virgen!
Gregorio Vivanco Lopes

17 feb. 2019

¿Por qué la verdad despierta odio?

¿Por qué existe tanta persecución contra la verdad en el mundo entero?


El odio a la verdad se ha manifestado en Chile
Atentado incendiario de la iglesia de la Gratitud Nacional en Santiago
¿Por qué existe tanta persecución contra la verdad en el mundo entero?
¿Por qué en países donde los católicos constituyen la mayoría absoluta de la población, como es el caso de Chile, hay, sin embargo, tantos ataques a la Iglesia Católica.
Ataques van aumentando
Contenidos
La pregunta no deja de ser oportuna, pues estos ataques no sólo se hacen cada vez más repetidos sino también cada vez más violentos.
Los medios de comunicación ya casi no informan, o si lo hacen es con muy poco destaque, los diversos atentados a imágenes religiosas, profanaciones del Santísimo Sacramento, intentos de incendio, y otras cosas de ese género.
Las puertas del famoso templo de la Gratitud Nacional, ya han sido varias veces quemadas y los vitrales que adornaban sus ventanales han sido quebrados por todo tipo de manifestantes.
Atentados contra imágenes de la Santísima Virgen, no han sido extraños en los últimos años en este País. A esto podemos que sumar los rayados en muros de Iglesias, donde se lee: “la única Iglesia verdadera es la que arde”.
Las persecuciones en otros países
Estos hechos pueden parecer pequeños y casi insignificantes en relación a los que están sufriendo los católicos en países como Siria o Irak, y en general en todos los países islámicos que sancionan con pena de muerte a los musulmanes que se convierten a la Fe católica.
Quizá algún lector nos diga que no existe un paralelo entre los hechos ocurridos en Chile con esto que ocurren en Medio Oriente.
Sin embargo, si bien es cierto que los actos de violencia en Chile no han llegado a esos extremos, la razón no está en que aquellos que los realizan no tengan los mismo deseos destructivos de los fundamentalistas islámicos.
El problema es que, por ahora, las circunstancias para ellos no les son tan propicias. Bastará que estas mismas circunstancias cambien, y se hagan más permisivas las manifestaciones anti religiosas, para ver hasta qué extremos no serán capaces de llegar estos fundamentalistas del ateísmo nacional.
La explicación de este odio
Para entender cuál es la lógica de este odio, le damos la palabra al Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, quien escribió en el diario “Folha de Sao Paulo” un artículo sobre el tema.
Ese odio es un prolongamiento histórico de las que sufrió Nuestro Señor Jesucristo
Ciertos hombres odian la verdad por amor hacia aquello que ellos tomaron por verdadero
“Un simpático lector me pide que explique por qué la Iglesia – a pesar de ser quien pregona la verdad – ha sido tan combatida a lo largo de su historia.
“También quiere saber por qué son tan combatidos en nuestros días los católicos que no pactan con los errores del siglo, y se mantienen fieles a la enseñanza inmutable de Nuestro Señor Jesucristo.
“Me parece que el lector podría haber ampliado aún más el campo de su pregunta.
“Las persecuciones hechas contra la Iglesia y los verdaderos católicos de nuestros días, son un prolongamiento histórico de las que sufrió Nuestro Señor Jesucristo.
“¿Cómo explicar que el Hombre-Dios, que es el Camino, la Verdad y la Vida, haya sufrido persecución, hasta el punto de ser crucificado entre dos vulgares ladrones?
“A esa pregunta responde luminosamente uno de los mayores Doctores de todos los tiempos, el gran San Agustín, obispo de Hipona. Reproduzco aquí -adaptándola ligeramente, para mejor comprensión del lector contemporáneo- la enseñanza del Doctor de los siglos IV y V.
San Agustín se pregunta cómo la verdad despierta odio
“Comentando la célebre palabra de Terencio: ‘la verdad engendra odio’, San Agustín pregunta cómo explicar hecho tan ilógico.
“Enunciado así el problema, el santo Doctor pasa a la explicación.
“La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, quiere que este algo sea verdadero. Con esto, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en realidad es falso.
La China comunista continúa la persecución contra los católicos
Los acuerdos del Vaticano con el gobierno chino no ha impedido que éste continúe destruyendo iglesias católicas
“Así, es necesario que alguien le abra los ojos. Ahora bien, como el hombre no admite que se le muestre que se equivocó, por esta misma razón no tolera que se le demuestre cuál es el error en que está. Y el Doctor de Hipona observa:
“¡De esta forma, ciertos hombres odian la verdad por amor hacia aquello que ellos tomaron por verdadero! De la verdad ellos aman la luz; no, sin embargo, la censura a sus equivocaciones.
“Por su deslealtad, tales hombres sufren de la verdad el siguiente castigo: no quieren que la verdad los desvende; y, sin embargo, ella los delata y continúa velada a sus ojos.
“Y así, es de esta manera, es precisamente de esta manera como es hecho el corazón humano. Ciego y perezoso, indigno y deshonesto, se oculta, pero no admite que nada se le oculte.
“Y por esto le sucede que él no consigue huir de los ojos de la verdad, pero la verdad huye de los ojos de él”.
Con estas palabras concluye san Agustín su magistral comentario…
“He ahí, la razón por la cual quien dice la verdad sufre persecución. ¡Y así se explican la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los veinte siglos de historia de la Iglesia!”

fuente

26 ene. 2019

El igualitarismo explicado en toda su profundidad


Panteísmo; igualdad política, social y económica absolutos; amor libre: este es el triple fin a que nos conduce un movimiento que dura ya más de cuatro siglos.
Revolución y Contra-Revolución bajar libro gratuito
(del libro: Revolución y Contra-Revolución. El libro completo puede bajarse gratuitamente pulsando aquí)
3. La Revolución, el orgullo y la sensualidad “ Los valores metafísicos de la Revolución
Contenidos
Dos nociones concebidas como valores metafísicos expresan bien el espíritu de la Revolución: igualdad absoluta, libertad completa. Y dos son las pasiones que más la sirven: el orgullo y la sensualidad.
Al referirnos a las pasiones, conviene esclarecer el sentido en que tomamos el vocablo en este trabajo. Para mayor brevedad, conformándonos con el uso de varios autores espirituales, siempre que hablamos de las pasiones como fautoras de la Revolución, nos referimos a las pasiones desordenadas. Y, de acuerdo con el lenguaje corriente, incluimos en las pasiones desordenadas todos los impulsos al pecado existentes en el hombre como consecuencia de la triple concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida (cfr. I Jo. 2, 16).
  A. Orgullo e igualitarismo
La persona orgullosa, sujeta a la autoridad de otra, odia en primer lugar el yugo que en concreto pesa sobre ella.
En un segundo grado, el orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos, y más aún el propio principio de autoridad, considerado en abstracto.
Y porque odia toda autoridad, odia también toda superioridad, de cualquier orden que sea.
El orgulloso detesta todas las desigualdades y toda autoridad
El puño cerrado, símbolo de la rebelión contra todas las desigualdades.
El orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos
En todo esto hay un verdadero odio a Dios (cfr. ítem. m, infra).

Este odio a cualquier desigualdad ha ido tan lejos que, movidas por él, personas colocadas en una alta situación la han puesto en grave riesgo y hasta perdido, sólo por no aceptar la superioridad de quien está más alto.
Más aún. En un auge de virulencia el orgullo podría llevar a alguien a luchar por la anarquía y a rehusar el poder supremo que le fuese ofrecido. Esto porque la simple existencia de ese poder trae implícita la afirmación del principio de autoridad, a que todo hombre en cuanto tal -y el orgulloso también- puede ser sujeto.
El orgullo puede conducir, así, al igualitarismo más radical y completo.
Son varios los aspectos de ese igualitarismo radical y metafísico:
a. Igualdad entre los hombres y Dios:
de ahí el panteísmo, el inmanentismo y todas las formas esotéricas de religión, que pretenden establecer un trato de igual a igual entre Dios y los hombres, y que tienen por objetivo saturar a estos últimos de propiedades divinas. El ateo es un igualitario que, queriendo evitar el absurdo que hay en afirmar que el hombre es Dios, cae en otro absurdo, afirmando que Dios no existe. El laicismo es una forma de ateísmo, y por tanto de igualitarismo. Afirma la imposibilidad de que se tenga certeza de la existencia de Dios. De donde, en la esfera temporal, el hombre debe actuar como si Dios no existiese. O sea, como persona que destronó a Dios.
b. Igualdad en la esfera eclesiástica:
Supresión del sacerdocio dotado de los poderes del orden, magisterio y gobierno, o por lo menos de un sacerdocio con grados jerárquicos.
c. Igualdad entre las diversas religiones:
El ecumenismo mal entendido lleva a querer igualar y fundir todas las religiones.
Todas las discriminaciones religiosas son antipáticas porque ofenden la fundamental igualdad entre los hombres. Por esto, las diversas religiones deben tener un tratamiento rigurosamente igual.
El que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones.
d. Igualdad en la esfera política:
supresión, o por lo menos atenuación, de la desigualdad entre gobernantes y gobernados. El poder no viene de Dios, sino de la masa que manda, a la cual el gobierno debe obedecer. Proscripción de la monarquía y de la aristocracia como regímenes intrínsecamente malos por ser anti-igualitarios. Sólo la democracia es legítima, justa y evangélica (cfr. San Pío X, Carta Apostólica “Notre Charge Apostolique”, 25.VIII.1910, A.A.S. vol. II, pp. 615-619).
e. Igualdad en la estructura de la sociedad:
supresión de las clases, especialmente de las que se perpetúan por la vía hereditaria. Abolición de toda influencia aristocrática en la dirección de la sociedad y en el tonus general de la cultura y de las costumbres. La jerarquía natural constituída por la superioridad del trabajo intelectual sobre el trabajo manual desaparecerá por la superación de la distinción entre uno y otro.
f. Abolición de los cuerpos intermedios
entre los individuos y el Estado, así como de los privilegios que son elementos inherentes a cada cuerpo social. Por más que la Revolución odie el absolutismo regio, odia más aún los cuerpos intermedios y la monarquía orgánica medieval. Es que el absolutismo monárquico tiende a poner a los súbditos, aun a los de más categoría, en un nivel de recíproca igualdad, en una situación disminuída que ya preanuncia la aniquilación del individuo y el anonimato, los cuales llegan al auge en las grandes concentraciones urbanas de la sociedad socialista. Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos.
g. Igualdad económica:
nada pertenece a nadie, todo pertenece a la colectividad. Supresión de la propiedad privada, del derecho de cada cual al fruto integral de su propio trabajo y a la elección de su profesión.
h. Igualdad en los aspectos exteriores de la existencia:
En la arquitectura también se refleja esta determinación de nivelar todos los aspectos de la existencia
Disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.
la variedad redunda fácilmente en la desigualdad de nivel. Por eso, disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.
i. Igualdad de almas:
la propaganda modela todas las almas según un mismo padrón, quitándoles las peculiaridades y casi la vida propia. Hasta las diferencias de psicología y de actitud entre los sexos tienden a menguar lo más posible. Por todo esto, desaparece el pueblo, que es esencialmente una gran familia de almas diversas pero armónicas, reunidas alrededor de lo que les es común. Y surge la masa, con su gran alma vacía, colectiva, esclava (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).
j. Igualdad en todo el trato social:
como entre mayores y menores, patrones y empleados, profesores y alumnos, esposo y esposa, padres e hijos, etc.
k. Igualdad en el orden internacional:
La ONU es un primer ensayo de gobierno mundial fundiendo todas las razas y pueblos
La Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados
el Estado es constituido por un pueblo independiente que ejerce pleno dominio sobre un territorio. La soberanía es, así, en el Derecho Público, la imagen de la propiedad. Admitida la idea de pueblo, con características que lo diferencian de los otros, y la de soberanía, estamos forzosamente en presencia de desigualdades: de capacidad, de virtud, de número, etc. Admitida la idea de territorio, tenemos la desigualdad cuantitativa y cualitativa de los diversos espacios territoriales. Se comprende, pues, que la Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados en una sola raza, un solo pueblo y un solo Estado (cfr. Parte I, cap. XI, 3).
l. Igualdad entre las diversas partes del país:
por las mismas razones y por un mecanismo análogo, la Revolución tiende a abolir en el interior de las patrias ahora existentes todo sano regionalismo político, cultural, etc.
m. Igualitarismo y odio a Dios:
Santo Tomás enseña (cfr. “Summa Contra Gentiles”, II, 45; “Summa Teologica”, I, q. 47, a. 2) que la diversidad de las criaturas y su escalonamiento jerárquico son un bien en sí, pues así resplandecen mejor en la creación las perfecciones del Creador. Y dice que tanto entre los Angeles (cfr. “Summa Teologica”, I, q. 50, a. 4) como entre los hombres, en el Paraíso Terrenal como en esta tierra de exilio (cfr. op. cit., I, q. 96, a. 3-4), la Providencia instituyó la desigualdad. Por eso, un universo de criaturas iguales sería un mundo en que se habría eliminado, en toda la medida de lo posible, la semejanza entre criaturas y Creador. Odiar, en principio, toda y cualquier desigualdad es, pues, colocarse metafísicamente contra los mejores elementos de semejanza entre el Creador y la creación, es odiar a Dios.
n. Los límites de la desigualdad:
claro está que de toda esta explanación doctrinaria no se puede concluir que la desigualdad es siempre y necesariamente un bien.
Todos los hombres son iguales por naturaleza, y diferentes sólo en sus accidentes. Los derechos que les vienen del simple hecho de ser hombres son iguales para todos: derecho a la vida, a la honra, a condiciones de existencia suficientes, al trabajo y, pues, a la propiedad, a la constitución de una familia, y sobre todo al conocimiento y práctica de la verdadera Religión.
Y las desigualdades que atenten contra esos derechos son contrarias al orden de la Providencia. Sin embargo, dentro de estos límites, las desigualdades provenientes de accidentes como la virtud, el talento, la belleza, la fuerza, la familia, la tradición, etc., son justas y conformes al orden del universo (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).

31 dic. 2018

Defensa de la ciudadela del matrimonio

Los que llamaban al matrimonio esclavitud en los años sesenta, está ensalzando las maravillas del “matrimonio” homosexual

El matrimonio es una institución de orden natural elevada a lo sobrenatural por el sacramento.
El matrimonio de la Santísima Virgen con San José – Philippe de Champaigne
Una de esas extrañas contradicciones de los liberales es que ellos pueden cambiar su posición cuando les conviene.

Fue en los años sesenta que comenzaron su brutal ataque contra el matrimonio. Las feministas odiaban la institución, porque decían que las “esclavizaba”. La liberación sexual debería extenderse a quienes lo quisieran.
Años ’60
Contenidos
Todo fue hecho para quitar el prestigio y la estima de esta querida institución. Pronto se puso de moda que las parejas vivieran juntas. Los resultados son bien conocidos. 

La institución del matrimonio ha sufrido un daño inmenso. Vemos las consecuencias del amor “libre” en la proliferación de hogares monoparentales, divorcio, aborto, las prácticas anticonceptivas, enfermedades de transmisión sexual y los estilos de vida sexual con desvíos de todo tipo.
La guerra cultural y el matrimonio
La única forma en que el matrimonio puede defenderse valientemente es no ceder e insistir que es una unión permanente, excluyendo cualquier otra. Maridos y esposas valientes han resistido al ataque del amor “libre” de la revolución sexual y, aunque maltratado por la guerra cultural, el estandarte sagrado del matrimonio sigue flameando en la ciudadela a pesar de todo.

Ahora parece que aquellos que eran tan anti-matrimonio se han convertido en pro-matrimonio.
El “matrimonio” homosexual
Cuando el matrimonio se convierte en un obstáculo insalvable para la agenda sexual revolucionaria del amor “libre”, los liberales no tienen ningún problema en convertir el matrimonio en una institución que promueva su agenda, bajo la forma de un “matrimonio” homosexual.
El "matrimonio" homosexual no es un derecho
Los que llamaban al matrimonio esclavitud en los años sesenta, está ensalzando las maravillas del “matrimonio” homosexual
Es por eso, la misma gente que promueve toda la gama de posiciones revolucionarias en materia sexual, está ensalzando las maravillas del “matrimonio” homosexual.
Los que llamaban al matrimonio esclavitud en los años sesenta, ahora insisten en su “derecho” a casarse.

Ellos no han cambiado sus posiciones sobre el aborto, la anti-concepción, el divorcio o el amor “libre”. Todavía apoyan con entusiasmo estas posiciones contrarias al matrimonio.
Veremos a esos liberales huyendo de la castidad, de la abstinencia, de la modestia y de la virginidad como los murciélagos huyen de la luz.

Sin embargo, ellos toman esta nueva posición porque saben que, mientras el estandarte sagrado del matrimonio indisoluble ondee en la ciudadela, la sociedad reconoce que la moral sigue existiendo. 

Mientras la moral aún exista, el programa del amor “libre” encuentra un obstáculo que los liberales encuentran insoportable.

Es por eso quieren destruir la fortaleza no desde el exterior sino desde dentro. Tratan de eliminar los límites de exclusividad que hace que el matrimonio sea lo que es. Esa exclusividad que marca el patrimonio como una unión fructífera y permanente de un hombre y una mujer, deberá ser inclusiva y estéril.

Está en la naturaleza de las pasiones desenfrenadas el no aceptar ninguna restricción y condenar toda moralidad. Así, los nuevos “defensores” del matrimonio no estarán contentos hasta que el estandarte sagrado del matrimonio indisoluble sea abatido y la bandera del arco iris sea puesta en su lugar.

No estarán satisfechos hasta que toda y cualquier relación sexual, “géneros” y estilos de vida sean aceptados. Es decir, nunca serán felices, porque nunca la sexualidad desenfrenada trae la felicidad, sino sólo frustración, ansiedad y desilusión.
Fuente: TFP Americana
Extraido de Acción Familia

8 oct. 2018

Los nuevos caminos de la Teología de la Liberación

El objetivo declarado: crear un hombre nuevo, completamente liberado de todo tipo de opresión, incluso de la moral y de las leyes de la naturaleza.

El colapso del socialismo real arrastró en su desprestigio a la Teología de la Liberación. Esta y el comunismo debían “reinventarse”. Fue el lanzamiento de la lucha de clases entre el “nuevo proletariado” (la mujer, las minorías sexuales, los niños y la misma naturaleza) contra las instituciones básicas de la sociedad, especialmente la familia. Sus instrumentos: la ideología de género para luchar contra la discriminación sexual; el feminismo para contrarrestar el dominio masculino y el ecologismo extremo para proteger al planeta Tierra.
“Es importante recordar que lo que se busca mediante la lucha contra la pobreza, la injusticia y la explotación, es la creación de un hombre nuevo”Gustavo Gutiérrez

“Es importante recordar que lo que se busca mediante la lucha contra la pobreza, la injusticia y la explotación, es la creación de un hombre nuevo“. Así escribía en 1971 Gustavo Gutiérrez, uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación. Esta corriente teológica, es famosa por la mezcla que ha hecho de en América Latina entre catolicismo y marxismo. Son conocidos por el público en general por su supuesta preocupación por los pobres y su apoyo a la práctica revolucionaria. Tal vez no mucha gente conoce sus últimos desarrollos. La Teología de la Liberación, de hecho, no está muerta y no permaneció en absoluto confinada a América del Sur. Hoy en día, de hecho, parece de nuevo en boga y en diferentes entornos sigue siendo un punto de referencia, aunque de manera velada. Pero lo más importante es su evolución, que nos concierne a todos, de una manera u otra, ya que se refiere a la revolución cultural y antropológica que estamos presenciando.
Al grito de los pobres debemos añadir el grito de la Tierra. Leonardo Boff
De hecho, tras el colapso de la Unión Soviética y el fracaso general del comunismo, los teólogos de la liberación, que siempre han abrazado las categorías filosóficas, políticas y económicas del marxismo, se han visto obligados a reinventarse. En la práctica, han ampliado los conceptos de “pobres” y de “pobreza”. Si en los años setenta y ochenta los pobres eran los proletarios explotados y alienados por un sistema económico que incluía la propiedad privada de los medios de producción, ahora son también otras categorías de personas, siempre oprimidas, pero de modo y razones diferentes. He aquí que ahora, los nuevos pobres son los homosexuales, los transexuales, las mujeres e incluso la naturaleza. Tal cambio entre los teólogos de la liberación ha sido sin contradicciones. Leonardo Boff, otra figura destacada de este mundo, ya en 1985 escribió que la Teología de la Liberación estaba estrechamente vinculada a los diversos procesos de liberación característicos de la historia moderna, tales como el pensamiento de Freud y de Nietzsche sobre la liberación psicológica y los instintos. Estos teólogos pues han recurrido sin problemas a la ideología de género para luchar contra la discriminación sexual; el feminismo para contrarrestar el dominio masculino y el ecologismo extremo para defender el planeta Tierra.
Los actuales ataques contra la vida, la familia y la educación de nuestros hijos, por lo tanto, de alguna manera están también apoyados por ciertos círculos que se refieren precisamente a la Teología de la Liberación, aunque con una amplia variedad de tonos. El objetivo fue declarado por Gutiérrez y otros: crear un hombre nuevo, completamente liberado de todo tipo de opresión, incluso de la moral y de las leyes de la naturaleza. Un hombre muy diferente, pues, del renovado y recreado por la gracia de Dios.

El objetivo declarado: crear un hombre nuevo, completamente liberado de todo tipo de opresión, incluso de la moral y de las leyes de la naturaleza.
Cualquier persona que desee explorar estos temas puede leer el documentado libro de Julio Loredo, “Teología de la Liberación. Un salvavidas de plomo para los pobres” (Cantagalli, Siena 2014), en el que el autor analiza en detalle el núcleo de la doctrina de la Teología de la Liberación, poniendo bien en evidencia todos los errores que la alejan de la verdad enseñada por la Iglesia: el inmanentismo, el historicismo, la manipulación de la Escritura, la distorsión de la imagen de Dios, del concepto de Redención y del pecado; una nueva visión revolucionaria de la Iglesia; la primacía de la praxis , etc. “El concepto fundamental de la teología de la liberación, que la impregna totalmente, es el de “liberación” ‒escribe Loredo‒ es decir, un movimiento, interno y externo, que tiende a emancipar los individuos y la sociedad de ciertas situaciones consideradas opresivas o discriminatorias“.
La Teología de la Liberación homosexual, lésbica y queer legitima la rebelión no contra el propio orden de la Creación que se considera una estructura opresiva y, por tanto, contestada.
Pero, de hecho, no siempre lo que parece opresivo lo es en realidad. Tomemos por ejemplo el caso de la homosexualidad. Olvidando que la Iglesia siempre ha enseñado a amar al pecador y a condenar el pecado, la  Teología de la Liberación  homosexual, lésbica y queer habla de la opresión secular hacia el mundo homosexual. De esta manera de hecho legitima la rebelión no contra una autoridad humana injusta, sino contra la ley moral natural, querida por Dios. Es el propio orden de la Creación que se considera como una estructura opresiva y, por tanto, contestada.
El mismo discurso vale para la llamada teología feminista. Con el pretexto de la igual dignidad del hombre y de la mujer, en la realidad se promueve el choque entre los sexos, se distorsiona el concepto de maternidad y legitima todos los horrores en nombre de la autodeterminación de las mujeres. El aborto es el ejemplo más notable. No sólo. El ataque al “patriarcalismo” pone en discusión incluso la imagen de Dios en el que los cristianos siempre han creído y que siempre han aceptado. Y así como es necesario liberarse de toda forma de opresión entre los seres humanos, también debemos liberar la naturaleza del dominio os del hombre. De ahí el mito del planeta Tierra visto como un organismo vivo llamado Gaia. Leonardo Boff escribe: “Al grito de los pobres debemos añadir el grito de la Tierra”. Una vez más, se subvierte el orden del cosmos, ya que la flora y la fauna tienen prioridad sobre el hombre, el único ser creado a imagen y semejanza de Dios.
Bajo la apariencia de buenos principios la Teología de la Liberación esconde, por tanto, la aberración real. Como escribe Loredo, “proclamándose en favor de los pobres, ella defiende los sistemas que generan pobreza. Casi parece que la Teología de la Liberación no hizo tanto una opción preferencial por los pobres, sino por la pobreza en sí misma“. Una pobreza, lo decimos para evitar malentendidos, ideológica, que no tiene nada que ver con la recomendada por el Evangelio y vivida por Jesús y los santos, ni con la justa sobriedad de vida. Los teólogos de la liberación, de hecho, han colocado en el centro de su pensamiento la praxis revolucionaria, respaldando regímenes comunistas criminales, en los que los pobres solamente fueron instrumentalizados. Uno se acuerda de las palabras que don Camilo que decía al pequeño sacerdote progresista Don Chichi: “La pobreza es una desgracia, no un mérito. No basta ser pobre para ser justo. Y no es verdad que todos los pobres sólo tienen derechos y los ricos sólo deberes: delante de Dios todos los hombres tienen sólo deberes”. Lo mismo ocurre con las llamadas nuevas categorías de pobres, igualmente instrumentalizados para construir una nueva humanidad, fluida, desprendida de toda referencia determinada. Por otra parte, es muy difícil considerar oprimidos a los miembros de los poderosos grupos de presión, ricos e influyentes, que buscan imponer la dictadura del pensamiento único, al ritmo de la tolerancia y de la libertad.

Federico Catani, in La Croce
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22 jul. 2018

La existencia de un Estado moloch no es una fatalidad

Lo que necesitamos es un regreso a un marco de orden que nos vuelva a conectar con nuestras raíces cristianas

Moloch, un ídolo de origen canaanita que fue adorado por los fenicios, cartagineses y sirios, al que se hacían sacrificios humanos, especialmente de niños
El Estado existe para salvaguardar el orden general, permitiendo a los organismos intermedios de la familia, la comunidad y la región que se desarrollen libres de su control. Una Constitución que no tome en cuenta los valores cristianos de la sociedad camina con facilidad hacia un Estado omnipotente y una tiranía.
Muchos que se quejan de que la existencia de gobiernos gigantescos está en la raíz de todos nuestros problemas. Pero, si pudiéramos deshacernos de su presencia intrusiva en nuestras vidas, las cosas andarían mucho mejor. Se quejan de los efectos de un gobierno gigantesco pero pocos señalan su causa.
La existencia de Estados gigantescos no es una fatalidad. De hecho, el gobierno gigantesco, en el que el Estado entra en todas las facetas de la vida de la sociedad, no debería existir. El Estado existe para salvaguardar el orden general, lo que a su vez permite a los organismos intermedios de la familia, la comunidad y la región que se desarrollen libres de su control.
Por otra parte, la mayoría de los Estados modernos están protegidos por constituciones que se supone que existen para contener los poderes y el crecimiento del gobierno. Pero dondequiera miremos, vemos que estos límites no se han respetado y que prosperan burocracias hinchadas.
Es obvio que hay otros factores que contribuyen para hacer posible un gobierno gigantesco. Y si queremos resolver el problema, debemos buscar y abordar sus causas.
Russell Kirk (1918-1994)
El conocido escritor conservador Russell Kirk hace una observación muy interesante, que nos da una idea de cuáles son estas causas y cómo podríamos volver a un gobierno delimitado.
Kirk escribe:
Debajo de cualquier constitución formal ‒incluso debajo de nuestra Constitución‒ existe una constitución no escrita, mucho más difícil de definir, pero que en realidad es mucho más pujante”. Esta constitución no escrita consiste en “el cuerpo de instituciones, costumbres, comportamientos, convenciones y asociaciones voluntarias que no pueden siquiera ser mencionadas en la constitución formal, pero que sin embargo forman el tejido de la realidad social y sostienen la constitución formal”. [1]
En otras palabras, nosotros como pueblo hemos perdido ese vínculo vital con los usos, costumbres, convenciones y virtudes que sirven como base a nuestra Constitución. Nos hemos alejado de nuestras raíces cristianas: las instituciones naturales de la familia, de la comunidad y la tradición del derecho común, que de forma normal y natural sirven para moderar y limitar al gobierno.
Es esta destrucción de los valores morales, instituciones y costumbres la que hace posible un gobierno invasor. Sin esta “constitución no escrita”, se crea un vacío, lo que permite al gran gobierno actuar de modo agresivo. Así empezamos a perder nuestras libertades.
Solía ocurrir, por ejemplo, que las familias se hicieran cargo de sí mismas. Sin embargo, cuando la institución de la familia fue devastada por la revolución sexual de los años sesenta, se creó un problema real con las familias destrozadas, se preparó el camino para una solución falsa, en la forma de un gobierno gigantesco, que corrió a llenar el vacío y asumió las responsabilidades que no le competían.
También era frecuente que los miembros de una comunidad se ayudaran mutuamente cuando surgían problemas. Había un sentido del honor que prevalecía en la comunidad, donde las familias se enorgullecían de ser honestas y autosuficientes. Sin embargo, con la decadencia de las comunidades y el anonimato de las grandes ciudades, a la gente le parece que no existe ningún problema en pedir a un gobierno gigantesco que sea la niñera a la que se recurra para que atienda sus necesidades básicas.
Danos hoy nuestro pan de cada día…
Otrora se confiaba en la Providencia de Dios para proveer a nuestras necesidades: “danos hoy nuestro pan de cada día”. Pero con la secularización de la sociedad, muchos ya no saben cómo pedir a Dios que satisfaga sus necesidades diarias, a pesar de que no reconozcan como un don los talentos dados por Dios, y en cambio confían en los programas de ayuda social del gobierno como un nuevo tipo de una casi divina providencia.
Parte de la culpa de la destrucción de estas instituciones y costumbres se puede remontar a nuestra cultura de gratificación instantánea. En mi reciente libro, Return to Order, utilizo el término “intemperancia frenética” para describir un espíritu imprudente e inquieto, de desenfreno, que ha azotado a la economía moderna y socavado las instituciones sociales.
Mercados frenéticos llevan a la gente a resentirse de la misma idea de moderación, despreciando los valores espirituales, religiosos, morales y culturales que forman parte de la “constitución no escrita” de Russell, que normalmente sirven para ordenar y moderar nuestra vida en común en sociedad y evita la existencia de un gobierno abrumador.
Lo que necesitamos es un regreso a un marco de orden que nos vuelva a conectar con nuestras raíces cristianas y nuestra tradición de un gobierno limitado. Mucho más que los programas de gobierno, este orden es realmente el corazón y el alma de la economía.
Tenemos que deshacernos de la intemperancia frenética ahora dominante en la economía, que está constantemente desequilibrando los mercados y reemplazarla con una templanza correspondiente.
Esto no puede ser hecho por una legislación, reglamentos o una rígida planificación. Es algo que debe ser realizado individualmente, cambiando nuestro estilo de vida frenético y precipitado, donde la gratificación instantánea está a la orden del día. Es un cambio difícil de valores que pondrán en su lugar los sistemas de inmunidad natural de la familia, la comunidad y la Iglesia, y que nos garantizará nuevamente una sociedad estable, saludable y próspera.
Hasta entonces, el gobierno moloch sólo se hará cada vez más gigantesco.

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28 jun. 2018

Gramsci y la revolución cultural, el ataque al sentido común


Plan conseguido en gran parte


Dijimos que Luzbel, en el inicio de la creación, al rebelarse ante Dios, se convirtió en Satán y fue arrojado del paraíso junto a los demás ángeles rebeldes que subvirtieron por primera vez el orden creado. Satanás fue, al negarse a obedecer a Dios, el primer subversivo de la Creación. Este mismo espíritu de subversión saltaría el cerco del paraíso para hacer caer a Adán y Eva. Entraría después en el mismo corazón del sagrado colegio apostólico y se ganaría a Judas. San Agustín denunció este combate en el siglo IV en sus “Dos ciudades” y San Ignacio en el siglo XVI en su batalla de las “Dos banderas”.

Satanás acrecentó su ofensiva en el siglo XVI invadiendo la celda y el corazón del fraile agustino Martín Lutero, quien se levantó contra Roma y fundó su Iglesia protestante, “protestando” y partiendo la conciencia europea en dos. La Iglesia como madre vio partir hacia el error y la herejía a la tercera parte de sus hijos... la inigualable España defendió ella sola la integridad de la Fe católica frente a la herejía con una ametralladora de santos, lo que le valió el honor de ser llamada el “El brazo derecho de la Cristiandad”, y contrarrestó la pérdida de millones de almas evangelizando a veinte naciones que hoy, gracias a ella, rezamos en español.

Esta herida y división que se abrió en la conciencia europea permitiría la entrada de errores y filosofías enemigas de Cristo y de su Iglesia, que atacarían el mandato de Dios al hombre: “Me amarás con tu mente”, no sólo desde afuera, sino desde dentro. Dios (desde el Génesis), y la Iglesia recordarían al hombre que era “polvo” y que en el “polvo” se convertiría. El liberalismo comenzaría a susurrarle al oído que era un “dios” y que no debía tener, por lo tanto, leyes superiores a sus placeres y a sus intereses... ganaría Satán lógicamente, con esta mentira, millones de adeptos. Se entiende, es tentador...

La masonería introduciría sus “Caballos de Troya” contra el orden social cristiano infiltrándose camuflada y secretamente en las leyes, la política, las Fuerzas armadas, la economía, las finanzas, la justicia, los sindicatos, la prensa, el cine, la televisión y especialmente en la educación, porque El tesoro que todo enemigo de Dios ambiciona es la juventud y hasta la infancia. Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII, VIII y IX, León XII y Gregorio XVI la condenaron, y León XII denunció a esta serpiente que nos envuelve “en su abrazo cariñoso” para luego estrangularnos como la que nos inyectó “el mortal veneno que circula por todas las venas de la sociedad”.

El socialismo y el marxismo serían más tarde los instrumentos visibles más brutales de Satán. El último definido por la Iglesia como “intrínsecamente perverso, prometiéndole al hombre el paraíso en la tierra, pero privándolo de todos sus derechos naturales, hasta… el de creer en Dios. Como el hombre no quiso aceptarlo “libremente”, hubo que asesinar en el siglo XX a 100.000.000 de personas para explicárselo.

Pero el marxismo engendraría en el mismo siglo a su hijo más perverso, por lo sutil: a Antonio Gramsci, quien ideó la estrategia para “tomar” al occidente cristiano. Y con Gramsci, Satán daría la vuelta de tuerca final en esta revolución anticristiana que intenta, desde el Génesis, robarle a Dios el alma inmortal del hombre. Antonio Gramsci (uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano) como Marx y Lenín, buscó la toma del poder total. Satanás le susurró al oído una estrategia menos violenta que la de aquellos en la soledad de su cárcel mussoliniana. Le inspiró sustituir el ataque por “el asedio”.

Gramsci creía que la tradición  cristiana había hecho irrecuperable para el comunismo el alma occidental. Con la propiedad privada como pilar de la economía, la familia como célula de la sociedad y los 10 mandamientos como ordenador moral, el camino sería inabordable. Este detalle es fundamental para comprender la esencia de la revolución cultural gramsciana. Habría por lo tanto que buscar otro camino: cambiar la forma de pensar de Occidente. Su forma de vivir, de relacionarse, hasta de divertirse. La reforma sería, por lo tanto, intelectual y moral. Una vez cambiada y erosionada la mentalidad de la mayoría, el poder civil como una fruta madura en manos del poder del estado porque ya no habría choques ni conflictos entre ambos.

Las ideas a imponer serían contrarias a una concepción trascendente de la vida. Habría que cerrarse a toda concepción religiosa que nos recuerde el Juicio Final y hablar solamente de “aquí abajo”, en una postura de inmanentismo total. La inmanencia es la actitud del hombre que vive en la Tierra como si fuera su patria definitiva. Es lo contrario de la visión trascendente de la vida. Finalmente hoy, inmersos en el gramscismo, si bien queda algo de fe en los corazones, se vive cotidianamente como si el mundo espiritual y sobrenatural no existiera, como si todo empezara y terminara acá abajo. Decimos que “en el fondo” somos católicos, pero a veces ese fondo tiene tantos metros de profundidad…que en nuestra vida diaria no se nota.

Habría entonces que corromper, disolver, erosionar, destruir sin ruido y sin descanso, subvirtiendo todos y cada uno de los valores enseñados por la cultura  cristiana. Burlarse, mofarse, ridiculizar, menospreciar, corroer, erosionar todas las virtudes y los valores que la Iglesia como madre y maestra había tendido a sus hijos para ponerlos de pie como personas.

Hoy han sido intencionalmente tan combatidas dentro de la sociedad, que al hombre moderno le resultan hasta desconocidas: la fe, la esperanza, la caridad, la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza, la veracidad, la sinceridad, la honestidad, la austeridad, el respeto, la humildad, la gratitud, la obediencia, el patriotismo, la piedad, el honor, la lealtad, el valor, el pudor, la virginidad, la castidad, la fidelidad... etc. para esto, había que infiltrarse y tomar todos los ámbitos de la sociedad civil, introduciéndose en las leyes, la educación, los sindicatos, el arte, la ciencia, las empresas y hasta en la misma parroquia para hacer “saltar la propia Iglesia por dentro”… Gramsci pensaba que nadie como la Iglesia había contribuido a formar el “sentido común” de los pueblos, unificando las mentes y los corazones del campesino y del rey, de los analfabetos y de los intelectuales. Habría que apuntar los cañones otra vez hacia Ella, la principal responsable de unificar las mentes y los corazones del occidente cristiano.

La destrucción de las instituciones (Iglesia, Fuerzas armadas, Policía, Justicia, educación) demolería a la sociedad (masificándola y atomizándola) porque son quienes la encuadran y la mantienen de pie. La destrucción se haría descabezándolas y desprestigiándolas, para que los ciudadanos llegaran a pensar que las instituciones no eran necesarias. Sería como quebrar los huesos del esqueleto humano que arma y sostiene el cuerpo de la persona. Para Gramsci, nada mejor que un intelectual traidor, un militar manejable o traidor, un clérigo aguado o traidor, o hasta... un obispo cobarde y traidor. No haría falta que se declarasen marxistas, bastaría que ya no fuesen enemigos.

Mediante su revolución, que Gramsci diseñó hacerla a través de la cultura y los medios de comunicación, se iría volcando el contenido marxista en las cabezas (ya vacías) de las nuevas generaciones. Nacerían nuevas generaciones amorfas, sin sentido trascendente de la vida, sin Dios, sin Patria, sin raíces y ahora (con la “perspectiva de género” que niega el sexo impuesto por la naturaleza) hasta sin sexo definido. Jóvenes “re-programados” por el sistema, ya sin lazos afectivos que los ligasen a nada ni a nadie y por lo tanto manejables.

Sin Dios para adorar, sin Patria que defender (porque ya se la habrían quitado física y espiritualmente de a pedazos) sin padres que amar y respetar, sin familia que defender (y que los cuide y los ame por el sólo hecho de existir) serán el producto terminado de más de un siglo de educación atea y obligatoria en nuestra patria. Autónomos e independientes, irrespetuosos y anárquicos, repletos de críticas e insatisfechos, resentidos, violentos (contra los demás y contra sí mismos) con odio y sentimientos de lucha de clases, despreciando no sólo el enorme tesoro de la civilización cristiana sino el de la vida misma en todos los ámbitos (desde el aborto, la vida del compañero de clase, de la universidad o la eutanasia).

Algunos pocos por convicción libremente elegida, pero millones... por ignorancia por haber sido víctimas de una de una revolución que primero les envenenó el alma y el corazón vaciándoles de principios y de valores la cabeza. Una revolución que les habló solamente de sus derechos y jamás de sus deberes y obligaciones como personas. Una revolución perversa que odia al hombre y les vendió un mundo ficticio a contrapelo con el corazón y la naturaleza humana.

El mundo actual se encuentra diabólicamente diseñado por Gramsci, gracias, en gran parte, como él quería, a los intelectuales, a los medios de comunicación e Internet, quienes, (salvo honrosas excepciones), transmiten desde los dibujos animados para niños, sistemáticamente, sin parar y hasta el hartazgo, una moral enemiga de todo orden natural, de Cristo y de su Iglesia. La revolución que enfrentamos es un plan total de destrucción de la persona humana. Los que quieran sobrevivir tendrán que saberlo. Es la misma batalla espiritual en su fase final. Una batalla tan profunda, tan perfecta y tal bien organizada que su director no puede ser un hombre…sino el propio Satanás. Porque tomar un país para robarlo y saquearlo, para vivir rodeado de lujos y hasta de orgías, para sentirse adulado desde un balcón... forma parte de las miserias naturales de los seres humanos que vuelan bajo.

Pero…diseñar un plan de asfixiar el salario del hombre para obligar a la mujer a abandonar su hogar y aprovechar ahí a corromper la inocencia de los niños desde los jardines de infantes, enseñándoles a inflar preservativos como globos en las aulas primarias antes que a leer y a escribir, desgarrar las conciencias de los jóvenes llevándolos solamente a la perversión sexual, atiborrándolos de pornografía y de droga (en un camino generalmente sin retorno) para manejarlos, impedirles aprender su propia lengua para que no puedan en un futuro ni pensar, ni expresar lo que sienten, ni comunicarse con el prójimo o recibir la cultura y los valores de generaciones anteriores, apagar el fuego que brinda el calor de los hogares destruyéndolos, convencer a la mujer (naturalmente creada para concebir y guardar la vida que nace, que crece, que envejece y que muere) que lo peor que le puede pasar es tener un hijo o dedicarse a los suyos, sacarle al hombre la posibilidad de arrodillarse ante su Dios, de tener la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos en el cielo, de sentir el alivio de recibir el perdón al haber pecado, de amar a sus padres y a sus abuelos, de respetar y admirar a sus superiores y maestros, de amar la tierra donde han nacido, de venerar a su bandera y tener el honor de morir por ella...Va más allá de la naturaleza caída… Esto no es sólo el hombre librado a su naturaleza caída…es un plan que aterra por lo diabólico.

Esta guerra tan hábilmente y diabólicamente concebida en la mente de Satán, este ataque al entendimiento y al sentido común (esa facultad interior natural que Dios nos dio a las personas para juzgar razonablemente las cosas conforme al buen juicio natural para discernir lo bueno de lo malo), es el arma a utilizar para tomar occidente.

Esta destrucción de los valores que le fueron tan familiares a los hombres durante siglos y que edificaron nuestra cultura cristiana, fue muy mal enfrentada y resistida desde un principio por quienes tenían el deber moral de defenderlos, de iluminarnos, de protegernos, de denunciar la mentira y el ataque y contrarrestarlo enseñando la Verdad, porque en la cadena de responsabilidades ante Dios, siempre hay instancias superiores a otras.


Por: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net