¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

15 oct. 2017

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, MADRE DE TODAS LAS BATALLAS



...y madre de todas las aberraciones....
 

En los días que corren, la palabra “género” ha copado nuestro lenguaje. Expresiones como “violencia de género”, “identidad de género”, se escuchan y leen frecuentemente en los llamados medios de comunicación.
Si uno se detuviera a reflexionar tan solo unos instantes en estas expresiones, podría llegar a la conclusión que hasta no hace mucho tiempo se hablaba de “violencia hacia la mujer” o de “sexo” para identificar si un individuo es hombre o mujer. Pero en la actualidad, con mucho vigor, pero a la vez sin que lo notáramos, el término género se fue instalando en todos los entornos y tomando múltiples significados.
Para los ideólogos de esta corriente de pensamiento, las cuestiones referentes al “género” no parecen ser tan sencillas y definidas, ya que aparentemente no habría tan solo dos sexos, hombre y mujer como todos los seres humanos entendernos, sino una extensa lista con un número muy difuso y desproporcionado a la realidad. Es por ello que, basándonos en sus principios, sexo biológico y género no son sinónimos.
Es así como la Comisión de Derechos Humanos de la ciudad de New York, identifica 31 “géneros”, entre los cuales se incluyen el “genderqueer,” definido como “una persona cuya identidad de género no es ni hombre ni mujer, está entre o más allá de los géneros, o es una combinación de géneros”.O el “gender bender” determinado por aquella persona “que se inclina hacia, cambia, mezcla o combina los roles de género convenidos por la sociedad, expresando elementos de masculinidad y feminidad juntos.”
La cuestión se torna aún más compleja si incluimos en este análisis a la red social Facebook, la cual brinda a sus usuarios la posibilidad de identificarse con 50 (cincuenta) géneros distintos, dentro de los cuales se vislumbran: cisgénero, andrógino, agénero, fluido, binario, dos-espíritus…
Examinando palabra por palabra y en su conjunto, probablemente no sea tan sencillo para el lector comprender con precisión en qué se traducen todas estas expresiones.
Una definición clásica de la ideología de género nos ayudará a comprender, al menos parcialmente, sus postulados: Es una ideología que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construccionesmeramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotiposque cada sociedad asigna a los sexos.
Volviendo a lo que nos compete, e intentando echar luz a tanta oscuridad y confusión, podemos citar las ejemplificadoras palabras del Papa Benedicto XVI:
con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo.
Muchas teorías y fenómenos de la ciencia son difíciles de comprender, y requieren de un estudio profundo para su interpretación, aunque en este caso no se trata de complejidad, sino de un extenso relativismo y una gran cuota de confusión deliberada. La ciencia no admite dejar todo a la libre consideración de cada individuo. Es en este punto donde vale la aclaración siguiente: dónde hay ideología, no hay ciencia. Y justamente, la ideología de género es un claro ejemplo dónde la falta de razonamiento e inexistente comprobación, nos sitúa con la suficiente fuerza de catalogarla como una corriente de pensamiento ilegítima y acientífica.

Fuente

8 sept. 2017

El tiempo actual necesita católicos heroicos



Verdades Olvidadas
 
Santo Tomás Moro, mártir en defensa de los principios católicos, patrono de políticos y gobernantes

Hay quien piensa que la religión católica consiste en un sentimentalismo vago e inconsistente. Sin embargo, los numerosos ejemplos heroicos de los católicos martirizados en el Medio Oriente, constituyen un desmentido categórico de esta mentalidad.
De hecho, nuestra fe nos llama a ser coherentes con nuestros principios cristianos, a vivirlos sinceramente y a luchar en su defensa. Especialmente en un tiempo en que están siendo erradicados sistemáticamente de la sociedad contemporánea. A menudo se olvida que formamos parte de la Iglesia Militante.
Es a lo que nos exhorta Pío XII en los siguientes discursos.
“El tiempo presente necesita, pues, católicos… con la mirada fija en el ideal de las virtudes cristianas, de la pureza, de la santidad, conscientes de los sacrificios que requieren, tiendan a ese ideal con toda su fuerza en la vida cotidiana, siempre recta, siempre correcta, sin que las tentaciones y seducciones puedan doblegarlos.
“Este es, queridos hijos e hijas, un heroísmo, a menudo oscuro, pero no menos precioso y admirable que el martirio cruento.
“El tiempo presente exige católicos sin temor, para los cuales sea totalmente natural confesar abiertamente su fe, con palabras y hechos, siempre que la ley de Dios y el sentimiento del honor cristiano lo reclamen. ¡Hombres verdaderos, íntegros, firmes e intrépidos! Aquellos que no son tales que a la mitad, el mundo mismo hoy los descarta, los rechaza y los pisotea”.[1]
El Papa se dirige de modo más explícito a la juventud católica alemana: [2]
“La separación entre la religión y la vida ‒como si Dios no existiera en absoluto para la realidad del ser, para la profesión, para la economía, para las instituciones públicas‒, esta separación es uno de los signos de la decadencia de la cultura cristiana; esa es la causa, como efecto de la laicización”.
Dirigiéndose al episcopado francés, [3]el mismo Papa Pío XII demandaba la aparición de:
“Un gran número de personas, firmes en los principios, exactamente instruidos en la doctrina de la Iglesia, dedicados a hacer penetrar en los aspectos sociales, económicos y jurídicos el verdadero espíritu cristiano, para asegurar, a través de su acción cívica y política, la salvaguardia de los intereses religiosos”.

[1] Discurso del 21 de enero de 1945 a las Congregaciones Marianas de Roma
[2] El 23 de mayo de 1952
[3] El 6 de enero de 1945