¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

24 oct 2020

Los protocolos de los sabios del Covid

 

Desde un inicio, obedientes a nuestros "hermanos mayores"







Los últimos meses, para quienes aún vivimos en sociedad, han sido del todo particulares. Como en un cuento de Orwell, hemos debido aprender una nueva lengua y una nueva rutina: desde “distanciamiento social” a “cuarentena”, desde “pico de la curva” a “PCR negativo”…

Cada día que pasa ha quedado más patente que, el mundo moderno, afeminado a más no poder, resulta incapaz de recibir una peste como Dios manda…

Atrás quedaron la gripe española, la fiebre amarilla y la terrible peste negra.

– “¡Esas sí que eran pestes como pa’ machos!” –diría el mexicano.

Nos tocó un virus tan existente como insignificante.

Y ojo que nosotros también tenemos, en verdad, amigos y familiares fallecidos de Covid (es obligado decirlo, como cuando se habla de los homosexuales –“yo también tengo amigos homosexuales”– evidencia clara de que no se conoce a nadie con esa “disforia”).

¿Qué se ha hecho?¿qué se debía hacer?

Desde un inicio, obedientes a nuestros hermanos mayores, como Abel, seguimos el razonable consejo del ministro de defensa iraelí, Naftalí Bennet que vaticinaba a los suyos –en Mayo de 2020– un contagio selectivo, con excepción de los ancianos, claro; el resto, “lo quieran o no se van a contagiar de coronavirus” –decía.

Y no se equivocaba.

Pero no; salvo contadas excepciones, se ha usado esta aparente pandemia para hacer de la tierra un tubo de ensayo global, cosa que no debería asombrarnos; y no debería asombrarnos porque hace décadas que la elaboración de un gobierno mundial viene preparándose. Lo que sí debería llamarnos la atención es que la inmensa mayoría haya respondido a una sola voz, como un solo rebaño ante un solo pastor. Y, aún más, que un sector de la Iglesia se haya doblegado ante leyes claramente abusivas e injustas que buscan simplemente humillar a la Esposa de Cristo.

Eso sí que es asombroso o, más bien, penoso.

Ayer nomás, en plena calle, caminando de sotana, una mujer pobre como siempre, al vernos pasar, nos dijo con ansiedad:

– “Padre, por favor, al  menos una bendición para mi bebé que todavía no me lo quieren bautizar” (confieso que ahora me arrepiento de no haberle propuesto, como al etíope eunuco de Felipe, el bautismo en plena calle).

Es que hacía meses que quería bautizar a su criatura y no conseguía cómo…

Porque tanto el mundo como algunos católicos se han doblegado ante los protocolos de los sabios del Covid.

*             *             *

¿Cómo quedará el mundo luego de este 2020? ¿cómo quedará la Iglesia? Del mundo no sabemos, pero, “cuanto peor, mejor”, dirán.

En cuanto a la Iglesia, creemos que la actual situación no sólo diezmará a las ovejas, sino que, las que permanezcan fieles, sólo seguirán y sostendrán a aquellos pastores que las han acompañado durante este tiempo turbulento.

¡Ánimo! Que lo peor está aún por venir; pero luego del Viernes Santo llega el domingo de Resurrección.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

fuente


10 oct 2020

Un monstruo mayor que el coronavirus se está gestando

 

Los graves efectos para la salud mundial que está produciendo la obsesión por el coronavirus


La tuberculosis es un monstruo mayor que el coronavirus: mata 1,5 millones cada año

En un impresionante reportaje, el New York Times, señala los graves efectos para la salud mundial que está produciendo la obsesión por el coronavirus. En efecto, el bloqueo de viajes y la interrupción de suministros médicos amenazan con una catastrófica extensión de la tuberculosis, del sida y de la malaria en el mundo entero.

Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.

S. Mateo 16 – 25
Un pánico ciego

En los últimos meses hemos estado muy preocupados con la salud, y no sin cierta razón.

Desgraciadamente esa preocupación ha sobrepasado los límites de lo razonable y se ha tornado una verdadera obsesión.

¿Cómo se explica esto?

Las nefastas y desproporcionadas medidas que las autoridades públicas han tomado al respecto, y la incesante “guerra psicológica” ‒diríamos un verdadero “terrorismo” publicitario‒ que los medios de comunicación se han complacido en amplificar y difundir de manera escandalosa, han producido en la opinión pública una verdadera ofuscación, con raros precedentes en la Historia.

Un descuido con graves consecuencias

En un impresionante reportaje, el New York Times, señala los graves efectos para la salud mundial que está produciendo la obsesión por el coronavirus. En efecto, el bloqueo de viajes y la interrupción de suministros médicos amenazan con una catastrófica extensión de la tuberculosis, del sida y de la malaria en el mundo entero.

La tuberculosis es realmente el “monstruo mayor”, que mata un millón y medio de personas cada año, constituyendo la principal causa de muerte por enfermedades infecciosas en todo el mundo.

El coronavirus está consumiendo gigantescos recursos de salud en el mundo, mientras estos adversarios mayores están siendo descuidados y están regresando con mayor fuerza.

20 años perdidos

Para el Dr. Pedro L. Alonso, director del programa global de malaria de la Organización Mundial de la Salud, el “Covid-19” corre el riesgo de descarrilar todos nuestros esfuerzos y llevarnos de regreso a donde estábamos hace 20 años”.

El miedo del coronavirus ha cerrado muchas clínicas; ha impedido a muchos pacientes viajar y ser diagnosticados y recibir la medicación indispensable de forma oportuna.

Por otra parte, el New York Times informa que alrededor del 80% de los programas contra la tuberculosis, el sida y la malaria han experimentado interrupciones en todo el mundo.

Varios expertos en salud pública, advirtieron que si la tendencia actual continúa, es probable que el coronavirus retrase años, quizás décadas, un progreso coherente de la lucha contra la tuberculosis, el VIH y la malaria.

Propagación de esas epidemias

Esta disminución de la capacidad de diagnóstico puede hacer que las epidemias se propaguen de modo acelerado y que, al interrumpir los tratamientos, algunos virus se tornen resistentes a los medicamentos actuales.

Ahora la mayoría de las clínicas están usando las máquinas solo para buscar el coronavirus. Priorizar el coronavirus sobre la tuberculosis es “muy estúpido desde una perspectiva de salud pública”, dijo el Dr. Ditiu. “Deberían ser inteligentes y hacer las dos cosas”.

El Dr. Giorgio Franyuti afirmó que muchos pacientes con tuberculosis, en un hospital improvisado en la Ciudad de México, estaban siendo diagnosticados erróneamente con Covid-19. A fines de mayo, según los datos registrados por ese gobierno, a medida que aumentaron las infecciones por coronavirus, los diagnósticos de tuberculosis disminuyeron a 263 casos, mientras que en la misma semana del año anterior hubo 1.097.

La angustia de nuestra sociedad ante la muerte

Este médico ha visto a nueve pacientes con tos con esputo, característica de la tuberculosis, que había comenzado meses antes, pero que se consideró que tenían Covid-19. Posteriormente, los pacientes contrajeron el coronavirus en el hospital y se enfermaron gravemente. Al menos cuatro han muerto.

Estas son algunas de las consecuencias poco conocidas en el terreno de la salud. Los efectos en materia económica, social, psicológica, cultural y, sobre todo, religiosa amenazan trasformar de modo brusco y radical nuestro modo de vida. Toda una Civilización puede estar en juego.

Una reflexión final

Los seres humanos estamos hechos de tal manera que cuando hipervalorizamos los asuntos relativos al cuerpo, inevitablemente los del alma se ven menguados de manera notable.

A la gente le gusta poco pensar que aunque estamos compuestos de alma y cuerpo, el alma vale inconmensurablemente más que el cuerpo.

No me cabe duda de que si nos preocupáramos de nuestras almas como lo hacemos de nuestros cuerpos, tendríamos unas almas resplandecientes. Pero si nos preocupáramos de nuestros cuerpos como lo hacemos de nuestras almas… ¡Ay, qué cuerpos decrépitos tendríamos!