¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

21 ago 2013

San Pio X – 21 de Agosto



Instaurare omnia in Christo
 San Pío X - Luchador incansable contra la Herejía modernista

Hoy es la memoria de San Pío X, eximio luchador contra el compendio de todas las herejías: El Modernismo. Por ese motivo publicamos la Quinta Conferencia del ciclo que sobre esta peligrosísima herejía dictó el padre Sáenz hace unos años.

A la herejía Modernista la Iglesia dio varias respuestas, entre ellas el decreto Lamentabili sine exitu.
Pero, tras larga espera, luego de haber intentado corregir sus errorres con delicadas advertencias, exhortaciones paternales y reclamos reiterados, desilusionado en sus expectativas de convencer a los que se iban apartando de la doctrina tradicional, y entendiendo cabalmente el peligro que acechaba a toda la Iglesia, San Pío X resolvió condenarla solemnemente con la Carta Encíclica  Pascendi Dominici Gregis, del 8 de Septiembre de 1907.

El Modernismo es un veneno que circuló y sigue circulando por las venas de la Iglesia. Conozcámoslo para no ser sus víctimas, pues hoy está más vivo que nunca.


18 ago 2013

Carta al Papa Francisco

Nosotros necesitamos de un Papa dispuesto al martirio para salvar a los cristianos perseguidos en el mundo, y no entregado a la búsqueda de la popularidad incluso entre los forofos del fútbol.


 
                                                         Por: Silvana De Mari
Muy querido Papa Francisco:
Me dirijo a Usted de una manera tan familiar porque a estas alturas estoy convencida de que Usted ama ser una persona común, sin oropeles, sin alhajas y sin capa de armiño, una persona común, como muchas tantas.
Una persona común que como muchas tantas ve el fútbol.
Una persona común que como muchas tantas charla amenamente en el avión.
Una persona común como muchas tantas.
Nosotros necesitamos de un Papa.
Discúlpeme querido Papa Francisco, no me sale ni de llamarle Santidad, creo que Usted es una persona deliciosa, el vecino ideal, pero nosotros precisamos de un Papa.
Están matando a cristianos como a perros, Santidad, entre un partido de fútbol y otro, entre un beso a un niño discapacitado y otro, ¿podría hacer algo más a juego con su rol? Solamente en las últimas horas han quemado 10 iglesias en Egipto. ¿Usted podría hacer algo? ¿Podría ponerse sus oropeles, sus alhajas y su capa de armiño, que no son basura Santidad, sino símbolos de 2000 años de historia, y con esa ropa encima ir a Egipto en vez de ver el fútbol? No existe sólo Balotelli que desea tanto hablar con Usted, están también los párrocos de las iglesias católicas de Nigeria que tendrían algo que contarle, los que han sobrevivido quiero decir, pues los que han fallecido ya no tienen nada que decirle.
En un momento en el que la cristiandad está bajo ataque como nunca antes, nosotros, Santidad, tendríamos necesidad de un Papa. Precisamos de alguien que, como primer problema, nombre en la homilía de Pascua a los cristianos masacrados en Nigeria y a los cristianos masacrados en Pakistán, porque esos muertos, Santidad, eran hombres y porque en su asesinato se han matado también la libertad y la dignidad del hombre. Santidad, no quisiera enseñarle el oficio, entiendo que Usted es un profesional en lo que concierne al cristianismo y yo soy un implume aficionado, pero a veces ocurre que los aficionados juzgan con más lucidez. Por ejemplo, el arca de Noé fue construida y pilotada por un aficionado, mientras que el Titanic fue construido y pilotado por profesionales. No quisiera ser gafe haciendo esta comparación, pero me da la impresión de que la cristiandad sea como el Titanic. El iceberg se llama islam. Usted dice que es muy bueno y espiritual, y si lo dice Usted que es un especialista, será así, pero, insisto, era un especialista, y uno de los mejores, también el capitán del Titanic. Sin embargo, San Pedro era un aficionado, pescador durante la mitad de su vida, con ningún estudio teológico, un patito feo si se le compara con Usted. A los romanos, San Pedro dijo que, como seres humanos, eran hermanos, hijos del mismo Dios, pero que su religión era falsa. Su cometido era convertirles o morir en el intento de convertirles a la única fe verdadera, y no encontrar cualidades en una fe falsa, porque así quienes nacen dentro de esa nunca la abandonarán. Murió en el intento, pero finalmente los convirtió. ¿No debería ser ese su rol? Convertir al cristianismo. O morir en el intento.
A Lampedusa, Usted hubiera debido pronunciar una sola frase:
Os traigo el amor de Dios.
En todo el Corán la palabra amor no aparece ni una vez. Habría bastado.
A Lampedusa, Usted se ha agachado ante la “espiritualidad” del Ramadán, Usted se ha agachado ante el islam, y Usted representa a Cristo. Quien representa a Cristo no se agacha frente a nadie.
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Yo soy el camino, la Verdad y la Vida, pero no importa que os ajetreéis tanto en la evangelización, o mejor dicho, para hacer prosélitos, porque, en fin, todas las religiones son iguales. Santidad, en mi Evangelio no está escrito eso. O Usted tiene un Evangelio distinto o hay un exceso de profesionalidad que la está aplastando.
A los romanos, San Pedro dijo ciertamente que eran hermanos, pero que su religión era falsa. Se hizo matar con tal de no dejar de decirlo.
Santidad, la gente está muriendo. La gente muere asesinada. La gente muere asesinada de manera atroz. Usted se va a ver el fútbol.
Necesitamos de un Papa. Alguien que sea el heredero de Jesucristo y de San Pedro, alguien que esté dispuesto a hacerse odiar. Porque aquí está el quid de la cuestión. Jesucristo fue matado por gente que le odiaba. Quien lucha por una causa, será odiado. Fueron odiados también Martin Luther King y Gandhi, tan odiados que los mataron. Ciertamente eran profetas desarmados y no líderes tolerantes. Quien tolera todo y lo contrario de todo, con la sonrisa risueña en la cara, es un connivente. No podemos ser amados por todos, si luchamos por algo. Si mal no recuerdo, está escrito también en los Evangelios: No tengáis miedos de los que os odian. Su predecesor ha sido odiado mucho. Incluso fue condenado a muerte, con una fatwa, tras el discurso de Ratisbona. Osama Ben Laden decretó su muerte.
Usted es amado por todos, Santidad. ¿Está seguro de que sea una virtud? Creo que ha llegado el momento de hacerse detestar. Se ponga todos sus oropeles, no son basura sino símbolos de 2000 años de historia, con todo el peso de estos 2000 años, y se vaya a El Cairo, y en El Cairo luche por los cristianos coptos, y llore sobre sus iglesias quemadas y luego se vaya a Siria y también en Pakistán. Luego, si le queda tiempo, puede incluso ir al partido, pero no creo que le quede tiempo. Éste es el momento más oscuro de la cristiandad desde el comienzo de los tiempos. Nosotros necesitamos de un Papa.
Traducción remitida a Tradición Digital.



19 jul 2013

No a la igualdad; sí a la complementariedad



Si se observa el universo, no hay un ser que sea igual a otro. Los seres, aún los de la misma especie, son todos diferentes


 
La Creación, con todos los seres que la componen, constituye un inmenso espejo del propio Creador. Esto, es porque Dios quiso que la diversidad de los seres le reflejara más perfectamente. La manifestación de la grandeza de Dios no darse en un solo ser. Así, la desigualdad de los seres creados es una condición para que se cumpla la finalidad de la creación que Dios quiere.
Esa desigualdad, para que sea justa, debe ser proporcional. Es decir, con grados diferentes pero sin saltos bruscos.
Por otra parte, la desigualdad entre los seres no puede llevar a una oposición sino a una complementariedad.
Marx y sus seguidores, los socialistas de todos los pelajes, sólo ven la relación entre los seres diversos como una lucha, como una oposición de intereses.
Para la Iglesia católica, la sociedad humana es comparable a un organismo, en el cual todos los órganos –unos más nobles que otros– cooperan para el bien común y, por supuesto, para su bien individual. Tampoco existe, como los socialistas quieren hacer creer, una oposición entre el bien individual y el bien común: este último nace del primero.
En un organismo, los órganos menos nobles no son enemigos de los más nobles. Si así fuera, los pies estarían en lucha con el cerebro o con el corazón, de lo que resultaría la muerte del individuo.
En la sociedad humana, se da algo análogo.
Los socialistas están inculcando la llamada “paridad” de sexos, que no pasa de una forma más de igualitarismo. Esa idea de una “paridad” entre hombres y mujeres ha llegado a ser aceptada hasta por gobiernos de “derecha”.
Sin embargo, la finalidad de un Gobierno es la promoción del bien común y el bien común no se asegura necesariamente con esta paridad. Se promueve con la elección de funcionarios capaces y honrados para ejercer los cargos de la Administración.
Están queriendo llevar la idea de la “paridad” al seno mismo de la familia. Según estos doctrinadores, el padre y la madre deben ser iguales. Por lo tanto, ambos deben trabajar fuera de casa y ambos deben realizar las mismas tareas en el seno del hogar.
Comprendemos que en nuestro mundo actual las exigencias económicas frecuentemente obliguen a los cónyuges a trabajar, pero la labor de ambos en el hogar debe ser complementaria. En la educación de los hijos, por ejemplo, al padre le corresponde la función de representar la autoridad; a la madre, en cambio, la del cariño, de la protección, del cuidado. Esto responde también a la psicología y a la naturaleza del hombre y de la mujer.

13 jun 2013

La verdad social está en oposición a la utopía democrático-socialista



 La sociedad no se compone de individuos, sino de familias.



La utopía democrática es la igualdad. La democracia sueña con un Estado social y sólo se preocupa con los individuos, y con los individuos socialmente iguales.
No es esto lo que está en los planos de Dios. Y para convencernos de esta verdad, basta considerar el proceder de Dios.

Dios podría haber creado a cada hombre, como lo hizo con Adán, directamente y sin auxilio de nadie. Así hizo con los ángeles, y aún en éste caso no quiso la igualdad. Dios creó a cada ángel como una especie distinta, correspondiente a una idea particular en el pensamiento divino.
Formando al ser humano como una especie única, la igualdad habría reinado entonces si todos hubiésemos recibido la existencia directamente de manos del Creador. Pero Dios tenía otros designios. El quiso que recibiéramos la vida unos de los otros, y que por este medio fuésemos constituidos, no en la libertad y la igualdad sociales, sino en la dependencia de nuestros padres y en la jerarquía que debía nacer de esa dependencia.
Dios creó a Adán, y después de su cuerpo hizo el cuerpo de Eva. Dios entonces bendijo al hombre y a la mujer y les dijo: “Sed fecundos, llenad y dominad la tierra”.
Dios creó así la familia, la transformó en una sociedad y la constituyó de acuerdo con un plan totalmente diverso de la igualdad social: la mujer sumisa al hombre y los hijos sumisos a los padres.
En los mismos orígenes del género humano, por lo tanto, encontramos las tres grandes leyes sociales: la autoridad, la jerarquía y la unión. La autoridad, que pertenece a los autores de la vida; la jerarquía, que torna al hombre superior a la mujer y a los padres superiores a los hijos; y la unión, que deben conservar entre sí aquellos vínculos vivificados por la misma sangre.
Los estados proceden de esa sociedad primera.
La familia –dice Cicerón– es el principio de la ciudad, y de alguna forma la semilla de la res-pública. La familia se divide, aunque permaneciendo unida; los hermanos, así como sus hijos y nietos, no pudiendo abrigarse todos en la casa paterna, salen para fundar nuevas casas, como nuevas colonias. Ellos forman alianzas, de donde surgen nuevas afinidades y el crecimiento de la familia. Las casas se multiplican poco a poco, todo crece, todo se desarrolla, y nace la res-pública. (República, libro I, 7).
Al comienzo Abraham funda una familia nueva, y de ella surgen doce tribus, que constituyen un pueblo. Esos son propiamente los orígenes del pueblo de Dios.
Lo mismo ocurrió con los gentiles.
La familia no es sólo el elemento primero de todo Estado, sino su elemento constitutivo, de tal manera que la sociedad no se compone de individuos, sino de familias
Actualmente sólo los individuos importan y el Estado sólo reconoce a los ciudadanos aislados. Esto es contrario al orden natural. Antiguamente era de tal manera así que los censos de población no contaban las personas, sino los “fuegos”, es decir, los hogares.
Cada hogar era considerado el centro de una familia, y cada familia era dentro del Estado una unidad política y jurídica, al mismo tiempo que económica.
Fue la Revolución Francesa la que vino a destruir este orden. Ella se impuso el deber de emancipar al individuo, a la persona humana, estimada como célula elemental orgánica de la sociedad. Esta tarea que la Revolución se impuso, conduce nada menos que a desorganizar la sociedad y a disolverla.
El individuo es sólo un elemento dentro de esa célula orgánica de la sociedad que es la familia. Separar sus elementos, impulsar el individualismo, es destruir su vida, es tornarla impotente para llenar su papel en la constitución del ser social, como lo haría, en los seres vivos, la disociación de los elementos de la célula vegetal o animal.
En nuestros días, el individualismo fue llevado a su exacerbación por el relativismo. Así, cada individuo posee “su verdad” y sus “valores”. Sobre todo, sus derechos y no sus deberes.
Las legislaciones socialistas exacerban este individualismo, dando al individuo derechos gravemente perjudiciales para el bien común.
La noción de que la sociedad sólo puede subsistir cuando existe una preocupación por el bien común, ha venido desapareciendo casi completamente.
Así hemos asistido en nuestro país a una demolición sistemática de la familia en nombre de las libertades individuales. La legalización del divorcio, la equiparación de los hijos naturales con los generados dentro del matrimonio, la multiforme propaganda de todo tipo de anticonceptivos y de una libertad sexual no lejana del libertinaje, está llevando a nuestra patria a una disociación de su unidad.
No debemos extrañar, por lo tanto, que las encuestas muestren a la familia como una institución en vías de desaparecer. Y, con su desaparición, sólo podemos sufrir la demolición de la propia sociedad.
La Patria sólo subsiste cuando sus componentes tienen un “proyecto” común. Cuando cada individuo tiene sus propios “valores”, la unidad nacional desaparece.