¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

13 jul. 2011

Origenes de la plaga modernista

El modernismo, camino inexorable a la apostasía
Alfred Loisy, "santo padre" de los Modernistas
(1857 - 1940)
 
En cuanto al contenido, tres son las principales raíces filosóficas
en las que ha abrevado. El agnosticismo, por un lado; el
inmanentismo por otro, y complementariamente, la exaltación del
sentimentalismo o emocionalismo.

Trátase en sendos casos de confusiones y de errores, pero
amalgamados con ignorancias y también con mentiras. Vale decir que,
en su conjunto, el Modernismo conjugaba peligrosamente todas las
posibilidades que tiene un alma para extraviarse de la Verdad.

La idea o consigna central del Modernismo -casi obsesivamente
repetida- era la de conciliar a la Iglesia con el Mundo Moderno.
Consigna que llegó a ser recurrente y que, en la práctica, significó
una contemporización tal de la Fe con la irreligiosidad mundana, que
condujo a la apostasía, lisa y llanamente hablando.

Todo fue puesto en cuestión por los modernistas. Todo fue criticado
y relativizado. Los cuatro pilares fundamentales de la vida
religiosa -lo que hay que creer, lo que hay que obrar, lo que hay
que recibir y lo que hay que pedir- fueron sometidos a la dura criba
de su peculiar cosmovisión. Mientras el patrimonio de la tradición
católica era considerado un anacronismo, una rémora, un obstáculo
para la inteligencia del creyente.

Para los modernistas el humanismo fue un verdadero objeto de culto.
La fiesta del hombre, el entusiasmo por el hombre, el elogio de todo
lo humano, empezando por la mera humandidad de Jesucristo, tal como
lo había propuesto Renán. En rigor, el nombre real de este humanismo
no es otro que el de antropocentrismo. La centralidad de la creatura
rebelada contra la centralidad del Creador.

En su visión dialéctica, bien estaban para los modernistas los
aportes del paganismo y del cristianismo, pero únicamente como dos
momentos de tesis y antítesis, que debían dar lugar a una síntesis.
La síntesis era este hombre nuevo, no en el sentido paulino, sino
concebido como novador, innovador, revolucionario, moderno.

En cuanto a los modos o procedimientos elegidos por el modernismo
para manifestarse, fueron varios.
Pero hay que decir que se trató de un movimiento con explícito
desdén hacia las masas o hacia el pueblo fiel. Su decisión era la de
moverse eruditamente en los ambientes ilustrados; esto es, influir
sobre las cabezas, sobre la élite de la Iglesia.

Paralelamente se buscó otro procedimiento; el de expandirse
solapadamente en los Seminarios. No de un modo directo y frontal
sino reptante.

Como puede observarse ambas vías de este modus operandi coinciden
con las prácticas habituales de la masonería; y la relación no es
antojadiza, toda vez que entre los planes masónicos y los de la
herejía modernista hubo plena concordancia.

Analizados el contenido básico de la herejía modernista y sus modos
preferidos de manifestación, el Padre Alfredo Sáenz aborda la
cuestión de los propulsores del Modernismo.

Son unos cuantos, distribuidos principalmente en cuatro países:
Alemania, Francia, Inglaterra e Italia.

Pero de este conjunto, la exposición se demora en tres figuras
nefastamente representativas. George Tyrrel en Inglaterra, Alfred
Loisy en Francia y Antonio Fogazzaro en Italia.

El último tramo de la primera parte de esta conferencia, y la
totalidad de la segunda parte están dedicados a retratar la vida y
la obra de Alfred Loisy (1857-1940). Una vida y una obra encaminadas
a la apostasía, a la que llega al paso gradual pero inexorable,
hasta recibir la merecida excomunión formal por parte de la Iglesia.

Nota completa y audio de la conferencia en:


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