¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

30 abr. 2010

30 de Abril - SAN PIO V

San Pío V fue quien “restableció el misal conforme a la regla antigua y a los ritos de los Santos Padres y defendió sin conceciones al catolicismo contra turcos, judíos y protestantes” 
San Pio V - Restableció la Misa Tradicional, y bajo su Papado se libró la batalla de Lepanto.

Nacido en Bosco, cerca de Alejandría, Lombardía, el 17 de enero de 1504. Elegido el 7 de enero de 1566; murió el 1 de mayo de 1572. Era de una pobre aunque noble familia, su destino habría sido ejercer de comerciante, pero fue acogido por los dominicos de Voghera, dónde recibió una buena educación y  fue adiestrado en una piedad sólida y austera. Ingresó en la orden, fue ordenado en 1528 y enseñó teología y filosofía durante dieciséis años. Entretanto fue maestro de novicios y, en varias ocasiones, elegido prior de diferentes casas de su orden en las que se esforzó por desarrollar la práctica de las virtudes monacales y extender el espíritu del santo fundador. 
Fue un ejemplo para todos. Ayunaba, hacía penitencia, pasaba muchas horas por la noche meditación y oración. Viajaba a pie, sin capa, en silencio profundo o hablando únicamente a sus compañeros de las cosas de Dios. En 1556 fue nombrado obispo de Sutri por Pablo IV. Su celo contra la herejía lo ocasionó ser elegido como inquisidor de la fe en Milán y Lombardía y en 1557 Pablo IV le nombró cardenal e inquisidor general para toda la cristiandad. En 1559 fue transferido a Mondovi dónde restauró las purezas de la fe y la disciplina, gravemente dañadas por las guerras del Piamonte. Frecuentemente  llamado a Roma, mostró su firme celo en todos los asuntos en que fue consultado. Así  ofreció una insuperable oposición a Pio IV cuando éste quiso admitir a Fernando de  Medici, entonces con sólo trece años, en el Sacro Colegio. De nuevo fue él quién derrotó el proyecto de Maximiliano II, emperador de Alemania, de abolir el celibato eclesiástico. A la muerte de Pio IV, fue, a pesar de sus lágrimas y súplicas, elegido papa, con gran alegría de toda la Iglesia.
Comenzó su pontificado dando grandes limosnas a los pobres, en lugar de repartir sus gratificaciones de modo casual, como sus predecesores. Como pontífice practicó las virtudes que había mostrado como monje y  obispo. Su piedad no disminuyó y, a pesar de los pesados trabajos y angustias de su cargo, hacía al menos dos meditaciones diarias, postrado de rodillas, en presencia del Santísimo Sacramento. 
En su caridad visitó hospitales y se sentaba al lado de la cama del enfermo, consolándoles y preparándoles para morir. Lavó los pies de los pobres y abrazó a los leprosos. Se comenta que un noble inglés se convirtió al verle besar los pies de un mendigo cubiertos con úlceras. 
Era muy austero y desterró el lujo de su corte, elevó el orden moral, trabajó con su amigo íntimo, San. Carlos Borromeo, para reformar el clero, obligó a los obispos a que residieran en sus diócesis y a los cardenales a llevar vidas de simplicidad y piedad. Disminuyó los escándalos públicos relegando a las prostitutas a barrios distantes y prohibió la lidia.  
Reforzó la observancia de la disciplina del Concilio de Trento, reformó el Cister y apoyó las misiones del Nuevo Mundo. En la Bula  “In Cæna Domini" proclamó los principios tradicionales de la Iglesia de Roma y la supremacía de la Santa Sede sobre el poder civil.
Pero el gran pensamiento y la preocupación constante de su pontificado parecen haber sido la lucha contra protestantes y turcos. En Alemania apoyó a los católicos oprimidos por los príncipes heréticos. En Francia animó la Liga con sus consejos y con ayuda pecuniaria. En los Países Bajos apoyó a España. 
En Inglaterra, finalmente, excomulgó a Isabel, abrazó la causa de María Estuardo y le escribió para consolarla en prisión. 
En el ardor de su fe no dudó en mostrar severidad contra los disidentes, cuando fue necesario, y en dar un nuevo impulso a la actividad de la Inquisición, por lo que ha sido inculpado por ciertos historiadores que han exagerado su conducta. A pesar de todo lo que en ellos  había a su favor,  condenó los escritos de Baius (q.v.), quién acabó sometiéndose.
Trabajó incesantemente por unir a los príncipes cristianos contra el enemigo heredado, los turcos. En el primer año de su pontificado ordenó un júbileo solemne, exhortando a los creyentes a la penitencia y a la limosna para obtener de Dios la victoria. Apoyó a los Caballeros de Malta, enviando dinero para la fortificación de las ciudades libres de Italia, suministrando contribuciones mensuales a los cristianos de Hungría, y se esforzó sobre todo para unir a Maximiliano, Felipe II y Carlos para defender la cristiandad. En 1567, con el mismo propósito, recogió de todos los conventos el diezmo de sus réditos. En 1570 cuando Soliman II atacó Chipre, amenazando toda la cristiandad occidental, no descansó hasta unir las fuerzas de Venecia, España, y la Santa Sede. Envió su bendición a D. Juan de Austria, comandante en jefe de la expedición, recomendando que dejara atrás a todos los soldados de mala vida, y prometiéndole la victoria si  así lo hacía. Pidió oraciones públicas y aumentó sus propias súplicas al cielo. En el día de la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, estaba trabajando con los cardenales, cuando, de repente, interrumpiendo su trabajo, abriendo la ventana y mirando el cielo, exclamó, "Un alto en el trabajos; nuestra gran tarea ahora es dar gracias a Dios por la victoria que acaba de dar al ejército cristiano”. Estalló en las lágrimas cuando oyó hablar de la victoria que dio al poder turco un golpe del que nunca se recuperó. En memoria de este triunfo instituyó el primer domingo de octubre la fiesta del Rosario y agregó a la Letanía de Loreto la súplica" Ayuda de los cristianos." Deseaba acabar con el poder del Islam formando una alianza global de las ciudades italianas, Polonia, Francia, y toda la Europa cristiana, y había empezado las negociaciones para este propósito cuando murió de litiasis, repitiendo “ ¡Oh Señor, aumenta mis sufrimientos y mi paciencia!". Dejó un recuerdo de una virtud poco común y una integridad inagotable e inflexible. Fue beatificado por Clemente X en 1672, y canonizado por Clemente XI en 1712.


2 comentarios:

Jorge de la Compasión dijo...

La fiesta de San Pío V es el 5 de Mayo.

Excelente artículo.
+Jorge de la Compasión

Héctor el Cruzado dijo...

Gracias por tu comentario Jorge, lo del 5 de mayo no lo sabía buescando encontré estos enlaces que dicen el 30 de abril:

http://www.aciprensa.com/santos/santos.php?pagina=4

http://www.santopedia.com/santos/san-pio-v-papa/

http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=742

De todas maneras, querido Jorge, días más días menos este hombre Santo es un ejemplo a seguir por todos los cristianos y especialmente por quienes están en los puestos dirigentes de la Santa Iglesia. Aunque por como actúan algunos parece que ni siquiera lo conocen.

† Dios y María Satísisma nos bendigan †
Un abrazo
Héctor