¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

22 ene. 2011

Llamamiento al Papa contra el ecumenismo sincretista de Asís

Pedido de algunos "católicos muy agradecidos" al Papa de que no los involucre en la confusión sincretista

Santidad, Escape del Espíritu de Asís


Santo Padre Benedicto XVI, algunos católicos estamos muy agradecidos
por la labor realizada por usted como pastor de la Iglesia universal
en los últimos años, reconocidos por su gran valoración de la razón
humana, por la concesión del motu proprio "Summorum Pontificum", por
el fructífero retorno a la unidad de los anglicanos, y mucho más.

Por eso nos atrevemos a escribirle después de haber oído, en los días
de la masacre de los cristianos coptos en Egipto, su intención de
convocar en Asís, en el mes de octubre, a una gran reunión
inter-confesional, veinticinco años después "Asís en 1986."

Todos recordamos ese acontecimiento de hace tantos años. También como
un evento mediático como pocos, que, independientemente de las
intenciones y las declaraciones de los que lo convocaban, tuvo un
efecto fortísimo e innegable, relanzó en el mundo católico, el
indiferentismo y el relativismo religiosos.

Es a partir de ese hacho que tomó peso en el pueblo cristiano la idea
de que la enseñanza secular de la Iglesia, "una, santa, católica y
apostólica", la exclusividad del Salvador, había sido, de alguna
manera, archivada.

Todos recordamos a los representantes de todas las religiones en un
templo católico, la iglesia de Santa Maria degli Angeli, alineados,
con una rama de olivo en la mano: como para significar que la paz no
pasa por Cristo, sino también, igualmente, por todos los fundadores
de algún Creo, sea el que fuere (Mahoma, Buda, Confucio, Kali, Cristo
...).

Recordamos la oración de los musulmanes en Asís, la ciudad de un
santo que había hecho de la conversión de los musulmanes uno de sus
objetivos. Recordamos la oración de los animistas, su invocación a
los espíritus elementales, y las de otros representantes de lo
creyentes religiosos o ateos, como el jainismo.

Lo que rezar "juntos", sea cual sea el propósito, nos guste o no,
tuvo el efecto de hacer creer a muchos a creer que todas las
oraciones se dirigen “al mismo Dios", sólo que con diferentes
nombres. En cambio, las Escrituras son claras: "No tendrás dioses
ajenos delante de mi" (los mandamientos), "Yo soy el Camino, la
Verdad y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Jn. 14, 6).

Quienes esto escribimos ciertamente no negamos el diálogo con toda
persona, sea cual fuere su religión. Vivimos en el mundo, y cada día
hablamos, discutimos, amamos, incluso a aquellos que no son
cristianos, como ateos, agnósticos, o miembros de otras religiones.
Pero esto no impide que creamos que Dios ha venido a la tierra, y se
ha dejado matar para enseñar el Camino y la Verdad, no meramente uno
de los muchos posibles caminos y verdades. Cristo es para nosotros,
los cristianos, el Salvador, el Salvador del mundo.

Recordamos con pesar, por lo tanto, volviendo a este hecho de hace
más de veinticinco años, los pollos sacrificados en el altar de Santa
Clara conforme a los rituales tribales, y el santuario con una
estatua de Buda colocada en el altar de la iglesia de San Pedro,
sobre las reliquias del mártir Vittorino, muerto 400 años después de
Cristo para dar testimonio de su fe.

Recordamos a los sacerdotes católicos que fueron sometidos a los
ritos de iniciación de otras religiones: una escena horrible, puesto
que, si bautizar en la fe católica a un adulto que no cree fuese "una
tontería", tan absurdo resultaría el hecho de que un sacerdote
católico se someta a un ritual al que no reconoce validez o utilidad.

Haciendo esto terminan fortaleciendo una idea: que los rituales,
todos, no son más que gestos humanos vacíos. Que todas las
concepciones de lo divino son lo mismo. Que todas las morales que
emanan de todas las religiones, son intercambiables.

Así pues, el "espíritu de Asís", que los medios de comunicación y
sectores de la Iglesia más relativistas, reclaman desde hace tiempo,
ha traído la confusión. Algo ajeno al Evangelio y a la Iglesia de
Cristo, que nunca, en dos mil años, había optado por hacer lo algo
así. Quisiéramos transcribir estas observaciones irónicas de un
periodista francés: "En presencia de tantas religiones, creemos con
más facilidad o que son todas válidas o que todas son indiferentes.

Viendo tantos dioses muchos de nosotros nos preguntamos si todos
ellos no serán equivalentes o si hay una sola verdad. El parisino
beffardo (escéptico y ateo, n. de la r.) imitará a aquel
coleccionista escéptico cuyo amigo acababa de dejar caer un ídolo de
una mesa: "¡Ah! desgraciado, este podría ser el Dios verdadero”.

Encontramos consuelo en nuestra perplejidad en muchas declaraciones
de los papas que siempre han condenado un "diálogo" así realizado. De
hecho, congresos de todas las religiones ya se habían organizado en
Chicago en 1893, y en París en 1900. Pero el Papa León XIII había
intervenido para prohibir la participación católica.

La misma actitud sostuvo Pío XI, el Papa que condenó el ateísmo nazi
y comunista, pero también deploró el intento de unir a los hombres en
nombre de una vaga y confusa religión sin Cristo. Escribirá aquel
Papa en su "Mortalium animos" (Epifanía de 1928), previniendo contra
las conferencias ecuménicas: " Convencidos de que son rarísimos los
hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto
en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque
disientan unos de otros en materia de religión, convengan
fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como
fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos
mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso
número de oyentes, invitar a discutir allí promiscuamente todos, a
infieles de todo género, a cristianos y hasta a aquellos que
apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia
niegan la divinidad de su Persona o misión.

Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación
de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de
los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia,
buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos
demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento
con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su
imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan,
sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto
esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo… "

En retrospectiva, podemos decir que el Papa Pío XI estaba en lo
cierto, aún en el plano de la mera oportunidad: ¿ha sido este, de
hecho, el efecto de "Asís 1986", a pesar de las declaraciones
adecuadas del Papa Juan Pablo II, a fin de impedir tal
interpretación?

¿Cuál es el mensaje que los organizadores han lanzado en estas
ocasiones, junto con los medios de comunicación, y aún no pocos
eclesiásticos modernistas, dispuestos a revertir la tradición de la
Iglesia?

Esto que ha sobrevenido, incluso a muchísimos cristianos, por
influencia de las imágenes, que son siempre las más evocativas, y por
influencia de los periódicos y la televisión, es muy claro: el
relativismo religioso, equivalente del ateísmo.

Si todos podemos rezar "juntos", muchos han concluido a continuación,
todas las religiones son "iguales", pero si esto es así, significa
que ninguna de ellas es verdadera. 
En ese momento, Usted, como cardenal y prefecto de la Congregación de
la Fe; el cardenal Giacomo Biffi, y muchos otros, expresaron fuertes
dudas.

Por esta razón, en los años sucesivos, Usted no ha participado en la
repetición propuesta anualmente por la Comunidad de San Egidio. De
hecho, como escribió en "Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y
las religiones del mundo" (Cantagalli, 2005), criticando propiamente
el ecumenismo indiferentista: al católico “se le debe mostrar
claramente que no hay "religión" en general, que no hay una idea
común de Dios y una idea común de la Él, que la diferencia no afecta
meramente las imágenes y formas conceptuales mutables, sino las
propias opciones últimas”.

Usted concuerda a la perfección, entonces, con León XIII y Pío XI
sobre el peligro de contribuir, a través de gestos como los de “Asís
1986”, al sincretismo y a la indiferencia religiosa”.

Riesgo también puesto en relieve por los Padres del Concilio del
Vaticano II, que en Unitatis Redintegratio, a propósito del
ecumenismo, no con otras religiones, sino con otros "cristianos",
invitan a la prudencia: "Sin embargo, la comunicación en las cosas
sagradas no debe considerarse como un medio a ser usado
indiscriminadamente para la restauración de la unidad de los
cristianos ... ".

Ud. ha enseñado en los últimos años, aunque no siempre ha sido
entendido, incluso por los católicos, que el diálogo puede ocurrir y
ocurre no entre teologías diferentes, sino entre culturas diferentes;
no entre religiones, sino entre los hombres, a la luz de lo que a
todos nos diferencia : la razón humana.

Sin recrear el antiguo panteón pagano, sin socavar la integridad de
la Fe por amor al compromiso teológico, sin que la revelación, que no
es nuestra, sea alterada por los hombres ni por de los teólogos en un
intento para reconciliar lo irreconciliable, sin que Cristo, "signo
de contradicción" se deba equiparar a Buda o Confucio que, entre
otras cosas, que nunca dijeron ser Dios.

Por esta razón estamos aquí para exponer nuestra preocupación.
Tememos que, sea lo que sea que usted diga, la televisión, los
periódicos y muchos católicos lo interpretarán a la luz del pasado y
del indiferentismo vigente; que cualquier cosa que se diga, el caso
se entenderá como una continuación de la manipulación de la figura de
Francisco, transformada por el ecumenismo de hoy, en un irenista y en
su sincretista sin Fe. Como ya está sucediendo ...

Tenemos miedo de que sea cual fuere lo que Ud. diga, para llevar
claridad, los simples fieles, como nosotros, en todo el mundo no van
a ver (ya se hizo notar, por ejemplo, en la televisión) otra cosa que
un hecho: al Vicario de Cristo no que habla, discute, dialoga con los
representantes de otras religiones, sino orando con ellos. Como si la
forma y propósito de la oración fuesen indiferentes. 
Muchos piensan erróneamente que la Iglesia ya ha capitulado, y
reconocido, en consonancia con el pensamiento new age, que rezar a
Cristo, Alá, Buda, o Manitú es la misma cosa. Que la poligamia
animista y musulmana, las castas hindúes o el espiritismo animista
politeísta… pueden estar juntos a la monogamia cristiana, la ley del
amor y el perdón, y al Dios uno y trino.

Pero como siempre ha escrito Usted en el libro citado: "Con la
indiferenciación de las religiones y con la idea de que todas ellas
son distintas, y sin embargo, exactamente lo mismo, no se avanza."
Santo Padre, nosotros creemos que con un nuevo "Asís 1986" ningún
cristiano en el Oriente que estará a salvo, ya sea en la China
comunista o Corea del Norte, en Pakistán o en Irak ... tantos fieles,
por el contrario, no van a entender más por qué en esos países aún
hoy existen quienes van a morir mártires por no renegar, no ya de una
religión, sino de Cristo. Como murieron los Apóstoles.

Frente a la persecución hay caminos políticos, diálogos diplomáticos,
personales y de Estado: todos se siguen, de la mejor manera posible.
Con su amor y su deseo de paz para todos los hombres.
Pero sin que sea necesario ofrecer a aquellos que quieren enturbiar
las aguas y aumentar el relativismo religioso, antesala de todo
relativismo, incluso a los medios de comunicación, una oportunidad
tan provechosa para su propósito como el relanzamiento de "Asís
1986."

Con devoción filial
Francesco Agnoli, Lorenzo Bertocchi,
Roberto de Mattei, Gnerre Corrado,
Alessandro Gnocchi, Langone de Camilo,
Palmaro Mario, Scrosati Luis,
Katharina Stolz

Fuente: Giovanni Zenone blog

Publicacion extraida de
http://panoramacatolico.info/articulo/santidad-escape-del-espiritu-de-asis

1 comentario:

Anónimo dijo...

harto de estos ultimos anti Papas malditos y su maldito sincretismo