¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

2 may. 2011

2 de Mayo - San Atanasio

Un mensaje del Siglo IV aplicable hoy ante las desviaciones del Concilio Vaticano II

Escribió en el siglo IV pero parece que dicha carta la escribio en 1965, al concluir el

Concilio Vaticano II a los que se opusieron al aggiornamento de la

Iglesia Católica Apostólica Romana. 


Vosotros sois los dichosos que por la Fe permanecéis dentro de la

Iglesia, descansáis en los fundamentos de la Fe, y gozáis de la

totalidad de la Fe, que permanece inconfusa. Por tradición

apotólica ha llegado hasta vosotros, y muy frecuentemente un odio

nefasto ha querido desplazarla, pero no ha podido; al contrario,

esos mismos contenidos de la Fe que ellos han querido desplazar, los

han destruido a ellos. Es esto en efecto lo que significa afirmar:

"TU ERES EL HIJO DE DIOS VIVO". Por tanto, nadie prevalecerá jamás

contra vuestra Fe, mis queridos hermanos.


Muy queridos, por haberlo oído de quienes han llegado hasta aquí, sé

todo esto y muchas otras cosas peores; pero, repito, cuanto mayor es

el empeño de éstos por dominar la Iglesia, tanto más están fuera de

ella. Creen estar dentro de la verdad, aunque en realidad están

excluidos de ella, prisioneros de otra cosa, mientras la Iglesia,

desolada, sufre la devastación de estos supuestos benefactores".



San Atanasio (Patrología Griega, tomo 26, col. 118/90)



¡San Atanasio ora pro nobis!


Nació en Egipto, Alejandría, en el año 295. Estudió derecho y

teología. Se retiró por algún tiempo a la vida solitaria, haciendo

amistad con los ermitaños del desierto. Regresando a la ciudad, se

dedicó totalmente al servicio de Dios.

En su tiempo, Arrio, clérigo de Alejandría, propagaba la herejía de

que Cristo no era Dios por naturaleza. Para enfrentarlo se celebró

el primero de los ecuménicos, en Nicea, ciudad del Asia Menor.

Atanasio, que era entonces diácono, acompañó a este concilio a

Alejandro, obispo de Alejandría. Con doctrina recta y gran valor

sostuvo la verdad católica y refutó a los herejes. El concilió

excomulgó a Arrio y condenó su doctrina arriana.

Pocos meses después de terminado el concilio murió san Alejandro y

Atanasio fue elegido patriarca de Alejandría. Los arrianos no

dejaron de perseguirlo hasta que lo desterraron de la ciudad e

incluso de Oriente. Cuando la autoridad civil quiso obligarlo a que

recibiera de nuevo a Arrio en la Iglesia a Arrio a pesar de que este

se mantenía en la herejía, Atanasio, cumpliendo con gran valor su

deber, rechazó tal propuesta y perseveró en su negativa, a pesar de

que el emperador Constantino, en 336, lo desterró a Tréveris.

Durante dos años permaneció Atanasio en esta ciudad, al cabo de los

cuales, al morir Constantino, pudo regresar a Alejandría entre el

júbilo de la población. Inmediatamente renovó con energía la lucha

contra los arrianos y por segunda vez, en 342, sufrió el destierro

que lo condujo a Roma.

Ocho años más tarde se encontraba de nuevo en Alejandría con la

satisfacción de haber mantenido en alto la verdad de la doctrina

católica. Pero sus adversarios enviaron un batallón para prenderlo.

Providencialmente, Atanasio logró escapar y refugiarse en el

desierto de Egipto, donde le dieron asilo durante seis años los

anacoretas, hasta que pudo volver a reintegrarse a su sede

episcopal; pero a los cuatros meses tuvo que huir de nuevo. Después

de un cuarto retorno, se vio obligado, en el año 362, a huir por

quinta vez. Finalmente, pasada aquella furia, pudo vivir en paz en

su sede.



Falleció el 2 de mayo del año 373. Escribió numerosas obras.