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9 may 2022

La ecología integral destruirá la civilización

 

Ecologistas: «buscar la pobreza…reducir consumo…regular la mortalidad»


San Bonifacio contra la ecología integral
En el año 723, San Bonifacio, apóstol de los alemanes, vio que éstos adoraban un roble como siendo el dios Donar. San Bonifacio no tuvo dudas: derribó el roble para mostrar que el Dios cristiano es el verdadero. Como el dios Donar no fulminó al misionero, el pueblo accedió a ser bautizado.

Hoy, la clase intelectual dominante busca reemplazar la «civilización moderna» en decadencia por una basada en una «nueva síntesis cultural», invirtiendo la concepción cristiana del mundo, del hombre y de Dios.

Cambio de paradigma ecológico

Es bien sabido que la poca bondad y solidez que aún quedan en nuestra sociedad provienen de los restos de la civilización cristiana. Esta misma civilización fundada hace dos mil años permitió a las personas construir lo que se llama incorrectamente la cristiandad medieval.

Hoy, la clase intelectual dominante busca reemplazar la «civilización moderna» en decadencia por una basada en una «nueva síntesis cultural», elaborando una concepción del mundo, el hombre y Dios.

El humanismo integral y la secularización

A lo largo del siglo XX, los secularistas y los demócratas cristianos intentaron lanzar el programa que promovió un «humanismo integral» secular postcristiano, que no era religioso ni ateo. El resultado fue la aceptación por el mundo católico de la secularización, que favoreció la descristianización de la sociedad.

Hoy, filósofos, sociólogos, politólogos, científicos e incluso teólogos están luchando para inventar un «nuevo humanismo» que construiría una «casa común» para salvar a la sociedad moderna de sus contradicciones y crisis.

La ecología integral

Sin embargo, este programa contiene paradojas que bordean las provocaciones. El promocionado «nuevo humanismo» en realidad consiste en una «ecología integral» que reduce al hombre a un componente del medio ambiente. La «casa común» proyectada se reduce a un entorno socio-biológico identificado con el ecosistema de la Tierra. La deseada «nueva civilización» surgiría del abandono de los fundamentos culturales, sociales y políticos de la civilización tradicional y cristiana.

Este programa excluye cualquier referencia a la Redención, la salvación del alma, lo sobrenatural, la vida eterna o incluso a Dios. Se basa en una concepción terrenal e inmanente del mundo, el hombre e incluso la religión.

Estos puntos de vista y sugerencias ya se pueden encontrar en la encíclica del Papa Francisco dedicada a la ecología (Laudato Si ‘, 2015). El Sínodo de los Obispos sobre la Amazona de octubre los ha llevado al extremo, bajo el estandarte de un nuevo paradigma: «ecología integral».

La introducción del Documento Preparatorio oficial del Sínodo propone iniciar la conversión de pueblos, estados e incluso de la Iglesia con un «proceso de desarrollo integral y ecología» destinado a fomentar la «diversidad» y el «pluralismo» en todas las áreas, no solo ambientales sino también humano, es decir, social, cultural e incluso religioso.

El Programa de «Ecología Integral»

No dejemos que el lector se engañe con la calificación de «integral» antes del uso de la palabra ecología. Tales maniobras dan la impresión de que es una ideología integral, que no es reduccionista y partidista, sino más bien equilibrada y coherente, ya que trata todos los aspectos de la realidad.

Por el contrario, esta ecología no está integrada en la visión cristiana, sino que esta última está integrada en un programa ecológico. La religión, la cultura y la civilización se reducen a factores ambientales en el ecosistema, identificados con el planeta Tierra, como se encuentra claramente en el Documento Preparatorio (especialmente en la sección no. 9).

Ecologistas: «buscar la pobreza…reducir consumo…regular la mortalidad»

Este ecologismo es una ideología que pretende anular la visión jerárquica tradicional de la relación entre el mundo, el hombre y Dios. La Revelación Divina coloca la Creación al servicio del hombre, el hombre al servicio de la Iglesia y la Iglesia al servicio de Dios. El nuevo programa ecológico invierte esta secuencia, poniendo a Dios y a la Iglesia al servicio de la integridad del hombre, y al hombre al servicio de la integridad de la naturaleza. Esta integridad natural consiste en la biodiversidad cósmica y el equilibrio ambiental. El documento antes mencionado intenta justificar este nuevo arreglo al afirmar que «todo está interconectado» (no. 13) en la Creación. Todos los elementos de este esquema están relacionados de forma igualitaria.

El catastrofismo ecologista

Al tratar de seducir a las masas y los pueblos, los ecologistas deben explotar los sentimientos e instintos primarios y atávicos del hombre, incluidos los religiosos o parareligiosos. Aunque a menudo es promovida por ateos o agnósticos, la «ecología integral» profesa implícitamente un tipo de religión propia: el culto a la Madre Tierra, como se concreta en la cosmolatría o en el «culto de Gea» (o Gaia).

Los ecologistas también tienen su propio (falso) profetismo de tipo apocalíptico, que se manifiesta en predicciones de catástrofe ambiental inminente. Aunque estos pronósticos son periódicamente negados por los hechos, los ecologistas siguen presentándolos como inminentes mientras los empujan obstinadamente a una fecha futura.

Esta obsesión apocalíptica se asemeja tanto al fanatismo de los Testigos de Jehová que los eco-catastrófistas ahora son tildados de «Testigos de Gea» o de la Madre Tierra. Ambos testigos piden al público que tenga una fe ciega en sus predicciones terroríficas, aunque estos eventos nunca ocurren y se posponen constantemente. Además, como dicen los psicólogos, «los que gobiernan el miedo gobiernan la sociedad».

Por lo tanto, tal ecologismo es realmente una idolatría antinatural y va en contra de la civilización. Presupone una visión del mundo, del hombre y de Dios situada entre el materialismo moderno y el panteísmo «posmoderno». Es por eso que «integrar la ecología» es en realidad un factor de desintegración de la religión, la cultura y la sociedad.

Reciclaje de ideologías fracasadas

Los mejores esfuerzos del movimiento ecológico por el reciclaje no implican desperdicio, sino conceptos, esquemas y lemas de viejas ideologías revolucionarias como el marxismo, e incluso el socialismo más utópico. Es muy hábil en adaptarlos a las crisis culturales emergentes y en formular nuevas estrategias para conquistar la opinión pública.

Por ejemplo, los ambientalistas han instrumentalizado la lucha del proletariado para recuperar los activos económicos «alienados» del sistema capitalista. Lo hacen reciclando la lucha del subproletariado del Tercer Mundo para reclamar tierras «incautadas y explotadas por el capitalismo mundial». Culpan a los capitalistas por difundir una economía “extractivista”, productivista y consumista que contamina la «inocencia primordial» del hombre y reprime la autonomía de las «periferias del mundo».

Además, el ecologismo retoma el mito del siglo dieciocho del «buen salvaje» y el lema del siglo diecinueve que instó a un «retorno a la barbarie», aludiendo a las masas proletarias urbanas que debían ser evangelizadas. Esta ideología recicla ese lema en uno nuevo, instando a un «retorno a lo salvaje», aludiendo a las poblaciones en las «periferias del [Tercer] Mundo» marginadas por la sociedad avanzada.

Inversión del concepto de evangelización

Los ecologistas religiosos invierten el concepto de evangelización. Por ejemplo, de acuerdo con el Documento Preparatorio antes mencionado (No. 13), los pueblos y tribus como los de la Amazonía no deben ser evangelizados por la Iglesia, sino que la Iglesia debe permitir ser evangelizada por ellos.

En cuanto a su modelo de «economía sustentable», los ecologistas reciclan el viejo modelo del socialismo utópico (de Fourier en adelante). Proponen un rechazo no solo del consumismo, sino también del mercado, la industria y la propiedad privada. Si bien pretende crear una sociedad que sea «sobria, frugal y feliz», este proyecto en realidad favorecería la pobreza y, de hecho, la miseria económica y moral.

De la ciudad como centro de civilización a la jungla

La vida en sociedad se basa no solo en la religión sino también en una civilización políticamente organizada bajo el imperio de la ley. La palabra «civilización» proviene del latín civitas, que significa ciudad, entendida como una comunidad estable organizada en centros urbanos. La palabra «político» proviene de la polis griega, que también significa ciudad, en referencia a la administración urbana y el gobierno. La palabra «ley» alude al griego jus y a la rectitude latina. Por lo tanto, un simple hábito privado o una costumbre pública no pueden justificarse por el mero hecho de existir (ser una «situación vivida», como dicen hoy), sino que debe tender a lograr un bien objetivo.

La historia muestra que las civilizaciones avanzadas nacen cuando las familias o comunidades humanas, abandonan la vida nómada de los cazadores o desarrollan la vida sedentaria de los recolectores, se unen en ciudades estables, se organizan políticamente bajo una autoridad y se gobiernan con el derecho público, que históricamente puede ser corregido y enriquecido por la ley cristiana.

Una revolución total de la sociedad

Por el contrario, la «nueva civilización» soñada por los ecologistas no solo reemplaza la ciudad con la selva, la política con la ecología, sino que también sustituye el estado de derecho con la situación de facto de las tribus salvajes, cuyas ideas y costumbres deben justificarse y promoverse a todo costo. Los ecologistas rechazan no solo el capitalismo o la tecnocracia, sino también el Estado, la ciudad e incluso la familia, reemplazándolos con una comunión de bienes y una comunidad o tribu espontánea y ocasional. Es decir, esas formas primitivas de asociación típicas de comunidades bárbaras o salvajes que no pueden proporcionar a sus miembros con una vida verdaderamente civil, y mucho menos una avanzada.

La misma propaganda ideológica que exalta las constituciones políticas y los derechos de ciudadanía (para ser reconocidos por cualquiera), paradójicamente promueve una «ecología integral» que rechaza los fundamentos de la sociedad civil, como se manifiesta no solo en la política o la ley, sino también en la cultura y la familia. Por lo tanto, la «nueva civilización ecológica» en realidad está preparando una especie de anti-civilización.

Las amenazas para el futuro

El programa ecologista es consistente con el diagnóstico de civilización del conocido filósofo e historiador italiano Giambattista Vico en la primera mitad del siglo XVIII, que vio corroído por la «cultura fatua» de la Ilustración. Hace tres siglos, argumentó que las civilizaciones que progresan de manera desorganizada tienden a negar sus raíces morales y religiosas y corren el riesgo de caer en una anti-civilización cínica e impía, que las lleva de vuelta al estado bárbaro o salvaje.

Esta regresión es muy peligrosa porque coloca herramientas conceptuales y tecnológicas avanzadas al servicio de pasiones inmorales y desordenadas.

Vico concluyó que la única salvación para este peligro radica en recuperar el espíritu religioso y moral sobreviviente en la conciencia de la población. Esta solución debería proponerse a la civilización moribunda de hoy.

Guido Vignelli

24 feb 2022

Las aflicciones de la tercera familia

 



La mentalidad de la «tercera familia» es universal. Suspiran delante de la contradicción caótica de nuestros días, se aturden… y no pasan de esto. Ser coherentes les parece duro, desalmado, rígido. En una palabra, inhumano.

El diario nos trae noticias del caos en el mundo
Ante el caos de nuestros días, van siendo más raros los que consiguen sustentar ante él la despreocupación risueña y benigna de otrora

Vivimos en pleno caos.

Al leer esta frase inicial, habrá quien haya pensado: «¡Qué manera banal de comenzar éste artículo!»

Realmente, banal, banalísimo.

Y ese concepto, ya de por sí banal, lo presento en su forma más elemental y, por así decir, perogrullesca, para realzar hasta el paroxismo su banalidad. De este modo puedo hacer sentir a los lectores, incluso a los más optimistas, hasta qué punto es verdadero, evidente, indiscutible, que vivimos realmente en un caos. Ya que, en este caso, como muchos otros, banalidad es sinónimo de evidencia.

Esa sensación de lo caótico nos asalta a cada paso, en la vida cotidiana. En todo momento vemos personas cuyo procedimiento de hoy está en contradicción con el de ayer, y entrará en contradicción con el de mañana. A veces, en la misma conversación, e incluso en una misma frase, nuestro interlocutor exterioriza convicciones que la lógica señala como incompatibles entre sí. Y es cada vez más raro que encontremos personas que se manifiesten coherentes con algunos tantos principios fundamentales en todo cuanto piensan, dice y hacen.

En la apreciación de este cuadro, las personas se clasifican en tres principales familias de almas:

a) Unos “los menos numerosos” comprenden, admiran y aplauden la coherencia. Por esto, estigmatizan la ilogicidad del ambiente y le imputan los peores frutos presentes y futuros;

b) otros cierran los ojos y, cuando no pueden dejar de verlo, procuran justificarlo: la contradicción sería, según ellos, la ruptura necesaria del equilibrio ideológico de otras eras, el efecto típico del tumultuar fecundo de las épocas de transición. Por esto, la contradicción no produce desastres, sino en la epidermis de la realidad, y tiene que ser vista en último análisis, con benigna y sonriente indulgencia. La familia de almas que piensa de este modo era muy numerosa hasta hace algunos años. Pero viendo que el así llamado tumultuar fecundo de las contradicciones va tomando el cuño de una farándula de ritmo endiablado y consecuencias siniestras, van siendo más raros los que consiguen sustentar ante ella la despreocupación risueña y benigna de otrora;

El moderado esconde la cabeza como el avestruz
Una opción que aterroriza a las personas: por un lado, el caos entra como un tifón en su vida y, por otro lado, tener coherencia les parece duro, desalmado, rígido. En una palabra, inhumano.

c) bastante más numerosas son las personas que constituyen el tercer grupo o familia de almas. Suspiran delante de la contradicción caótica de nuestros días, se aturden… y no pasan de esto. Cambiar de posición les parece imposible. Pues aunque la contradicción las asuste, por otro lado, antipatizan, en lo más profundo de su alma, con la coherencia. Les gustaría prolongar, contra viento y marea, su mundo agonizante, que resulta del «equilibrio» de ideas contradictorias, las cuales se «moderan» unas a las otras, en amable coexistencia. Y como para esa familia de almas las ideas están hechas para flotar en el aire, sin relación con la realidad, no hay, según ella, el menor riesgo de que ese «equilibrio» de contradicciones venga a romperse algún día, perjudicando el pacato y buen ordenamiento de los hechos.

Esta situación, intrínsecamente desequilibrada, es vista por esta familia de almas como la quintaesencia del equilibrio. Y como la experiencia prueba irrefutablemente la inviabilidad de ese equilibrio, ella se encuentra delante de una opción que la aterroriza: por un lado, el caos entra como un tifón dentro de su casa y de su vida y, por otro lado, una coherencia que parece correcta tal vez en el plano de la lógica, pero dura, desalmada, rígida, en una palabra, inhumana. Trémulas delante de esta opción, las personas pertenecientes a esta familia de almas se detienen. Y se quedan suspirando de brazos cruzados, a la espera obstinada de alguna cosa que haga pasar el caos, sin que se tenga que implantar el reinado de la coherencia. Vamos a los ejemplos concretos, en relación a la tercera familia de almas.

Esta situación, intrínsecamente desequilibrada, es vista por esta familia de almas como la quintaesencia del equilibrio. Y como la experiencia prueba irrefutablemente la inviabilidad de ese equilibrio, ella se encuentra delante de una opción que la aterroriza: por un lado, el caos entra como un tifón dentro de su casa y de su vida y, por otro lado, una coherencia que parece correcta tal vez en el plano de la lógica, pero dura, desalmada, rígida, en una palabra, inhumana. Trémulas delante de esta opción, las personas pertenecientes a esta familia de almas se detienen. Y se quedan suspirando de brazos cruzados, a la espera obstinada de alguna cosa que haga pasar el caos, sin que se tenga que implantar el reinado de la coherencia. Vamos a los ejemplos concretos, en relación a la tercera familia de almas.

Las imposiciones de la dictadura de la mediocridad

¡Cuántos hogares hay que acogen con una sonrisa cómplice la novela de televisión inmoral, o el libro sentimental y sensual, que pinta con colores fascinantes la imagen de la vida más disoluta!

En este hogar se nutre la certeza de que tales ilusiones no producen sino efectos platónicos. Sin embargo, si el hijo o la hija se descarrían, declaran que «ya no entienden nada», y que «el mundo de hoy es un caos».

Cuántos propietarios proclaman ante de sus hijos o sus empleados las ideas más radicalmente igualitarias; toda superioridad de categoría es para ellos un insulto a la dignidad humana. (Esto no le impide por lo demás hacer buenos negocios y conseguir opulentos lucros…) Si su hijo, o su hija, se vuelven comunistas, se asustan. Si el empleado bien remunerado hace agitación, se desconcierta. No comprende que el caos y el desorden que él mismo predicó hayan producido frutos amargos de caos.

La incoherencia y el desorden de ideas les parece lo más cómodo
En esa familia de almas se profesa un cómodo y risueño desorden de ideas. Y por esto, dicha familia de almas se hunde en el susto y el llanto.

Sin embargo, en la misma familia que imaginamos, en que entran la novela y el libro inmoral, el padre y la madre a veces predican también, para mantener el equilibrio basado en la contradicción, algunos principios cristianos de moral o de orden. Hablan sobre la legitimidad de la propiedad, declaman contra el comunismo y mantienen el respeto por ciertas tradiciones morales.

En la misma fábrica cuyo dueño se dice socialista avanzado, se hace propaganda anticomunista. Y si de repente, un hijo suyo o un obrero, se dedica a la defensa de esos principios, la sorpresa, primero, y la antipatía después, son enormes. ¿Cómo imaginar que ese «equilibrio» se desatase en una opción coherente? ¿Que esos principios pudiesen dejar el mundo platónico de las ideas para engendrar militantes que los quisiesen inserir en el orden concreto de los hechos? ¿Cómo aceptar la presencia, en la convivencia familiar, de personas coherentes, lógicas, que toman en serio lo que se les enseñó sobre los fundamentos del orden social y de la civilización cristiana?

Así, en suma, en esa familia de almas se profesa un cómodo y risueño desorden de ideas. Desorden que viene de la convivencia, en una región totalmente platónica, entre fragmentos de bien y de mal, de error y de verdad. Algunos, en ese ambiente, optan por la integridad del desorden. Otros, por la del orden. Y por esto, en esa familia de almas se hunde en el susto y el llanto.

La situación de esa familia de almas suscita problemas de la mayor importancia. ¿La ruina de este equilibrio de contradicciones no implica una marcha hacia la unilateralidad, la exageración, en suma, la radicalización?

¿En caso afirmativo, lo contrario de la radicalización es la incoherencia?

En estas preguntas se retuerce y aflige hoy, la tercera familia de almas.

Deseo tratar de ellas próximamente.

Plinio Corrêa de Oliveira


fuente:  

30 abr 2020

La verdad que toda persona debe saber

Interesante y esclarecedor mini libro que me han hecho llegar.
Si le interesa leerlo y/o descargarlo y sacar sus propias conclusiones, puede hacerlo desde AQUI

 Pagina fuente:

23 mar 2015

Nueva aberración: “padres que no son pareja”



BEBES CONDENADOS A NACER SIN FAMILIA

En su habitual columna en el programa Claves para un Mundo Mejor, Mons. Héctor Aguer reflexionó sobre un artículo periodístico referido a “una nueva forma de familia que desata polémica”.
Son los “padres que no son pareja”, dos personas que tienen “ganas” de tener un hijo y se asocian para conseguirlo. Pueden ser amigos o desconocidos, consensuar ser padres personalmente o a través de una red social, ser homosexuales o heterosexuales; e independientemente de todo ello, acordar si van a mantener relaciones sexuales o a echar mano de la fecundación artificial para “sacarse las ganas” de tener un hijo.   
El prelado platense confesó que al leer la nota pensaba: “El niño no importa” y tras criticarla exclamó: “¡Pobre el chico! ¡Y dicen que eso es una nueva forma de familia!
Nos exhortó  finalmente a defender a la familia (del modo que esté al alcance de cada uno) frente a esta “nueva aberración”. 
A continuación el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Aguer:
“Mis amigos hoy quiero comentarles algo, compartir con ustedes algo muy desagradable que me sorprendió. Les confieso que ya, a esta altura de la vida y después de tantos años de obispo hay pocas cosas que me sorprenden; pero esto me dejó alelado. ¿Y qué es? Es una página de un diario en la que se comenta una nueva manera de ser papá o mamá. El título dice: “Ser padres sin ser pareja: una nueva forma de familia que desata polémica”.
“Esto quiere decir que ahora para tener un hijo no hace falta más tener una pareja, ya sea casándose, conviviendo, nada de eso. Parecería que eso es una cosa antigua. Ahora uno puede comunicarse con otra persona ya sea del mismo sexo o sea de otro con el cual puede compartir y darse “el gusto” de tener un hijo. Como diríamos en porteño “darse el berretín” de tener un hijo. El proyecto no implica ningún compromiso permanente entre las partes, sino que es una especie de contrato, ponerse de acuerdo. Hoy día la gente se amiga por Facebook y dicen que hay como tres mil seguidores de un espacio de Internet en el que se promueve esto. Es un actor conocido el que promueve esta aberración: hijos que no son fruto del amor, ni de la unión permanente de sus padres. ¿Qué será de ellos?”.
“Me llama la atención que en toda esta página de lo que se habla es “del gusto”, “de las ganas” de un hombre o de una mujer, o de una pareja homosexual de tener un hijo en común. ¿Saben lo que pensaba al leerlo? que el niño no importa. No se habla del niño sino de ellos dos. Más aún se habla, como decía antes, de una nueva forma de familia que es no ser familia (Obvio es que en el caso de dos homosexuales o lesbianas habrá que comprar gametos del sexo opuesto para hacer posible la fecundación)”.
“En el artículo periodístico se presenta la autoridad de una psicóloga, una persona muy conocida, que dice que “la institucionalización de los papeles de padre y madre, la paternidad y la maternidad, la familia tal como la conocemos, ha nacido como un fenómeno cultural en la época burguesa, en la sociedad burguesa”. Hay algo de marxismo que huele a viejo en todo esto: sería la sociedad burguesa la que inventó la familia. Imagino que se referirá a la sociedad del Siglo XIX o XX con lo cual querría decir que entre los no burgueses no hay hijos, cuando son los pobres los más generosos en tener hijos, y cuidan a sus hijos y ojalá tuvieran los medios para cuidarlos y educarlos mejor. Estos tipos lo que dicen es que eso no importa absolutamente nada”.
“Es falso lo que dice esa psicóloga, porque la familia existe desde tiempo inmemorial en todas las culturas. Me he tomado el trabajo de revisar eso en una historia de las culturas y siempre, aún en las culturas más primitivas, se cumplía que el rol de ser padres o de ser madres no sólo importaba a “la pareja” sino a una familia más extendida que se llamaba “la casa” que no era sólo el edificio sino que era el linaje con los abuelos, los bisabuelos, los tíos, y todos los que hubiera”.
“En la primera página de La Biblia se dice que “Dios creó al hombre a su imagen, varón y mujer los creó” y dicen que “por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. Este pasaje primero de La Biblia que pertenece como dicen los intérpretes a un estrato de la escritura bíblica que se remonta al Siglo VI A.C.: ya hablaba de esto, de que dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán uno, y para siempre. Podríamos decir hoy por la perspectiva de género que la mujer dejará a sus padres y se unirá con su esposo para tener hijos, para constituir una familia. Esto es para entrar el uno en “la casa” del otro. Cada uno en la gran familia del otro”.
“En lo que les he leído no ocurre esto porque el acuerdo no implica que ellos tengan afecto el uno por el otro sino que se conocen a través de Internet y dicen: “vamos a ponernos de acuerdo y tener un hijo”. Agregan que tal vez se puede convivir un poco pero en definitiva el niño no importa. Se trata de un contrato, de algo provisorio”.
“Todo el mundo sabe, y la Psicología del Siglo XX lo ha subrayado especialmente, que el niño o la niña para un desarrollo armonioso necesita del papel del padre y del papel de la madre, de los dos. Incluso hay anomalías en la formación de la personalidad cuando falta el padre o la madre, cuando el chiquito pierde alguno de sus padres y no lo llega a conocer. Ahí hay un agujero que queda y que se podrá colmar poco a poco con el tiempo”
“¿Cómo es posible que se llame familia a este contrato entre un tipo que vive acá y otro que vive en Australia, a lo mejor, y que se encuentran en un lugar común, tienen el hijo; y ¿en qué medida es el hijo? En síntesis, el niño no importa sino que importa que este individualista feroz o esa individualista insoportable se den el gusto, cumplan el berretín de tener un hijo. ¿Yo no sé para qué sirve? ¡Pobre el chico! ¡Y dicen que eso es una nueva forma de familia!”.
“Además en el artículo se dice “que existe una polémica”, pero en él no hay ninguna polémica. Todo es a favor de esta posición. Se los digo para que ustedes estén atentos, estén alertas. Seguramente no van a escribir un artículo en un diario, y es probable que no se lo publiquen, pero pueden enviar una carta a algún diario y decir lo que piensan enterados de este disparate contra el orden natural y el sentido común. Hagan campaña contra esta nueva aberración”.