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Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones
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30 jun 2020

Cómo se derriban las instituciones

Una de putrefacción interna dentro de las filas católicas: esta es la máquina decisiva. Y la otra, es la que derriba la muralla podrida.

De ellas, la más peligrosa es la putrefacción interna.

Las instituciones católicas nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber
Las instituciones nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber. El triunfo de las revoluciones se debe a la debilidad de los defensores del orden

Las instituciones católicas, sobre todo por su tarea sobrenatural, tienen una fortaleza extraordinaria: nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber

Carl von Clausewitz, uno de los grandes teóricos de la guerra, nos enseñó que la victoria sobre un pueblo no consiste en destruirlo físicamente, sino en quitarle la determinación de luchar.

Fuerza de las instituciones católicas

Contenidos

Las instituciones católicas por ser sobrenaturales, por ser admirables, por estar apoyadas en toda a especie de razones, sobre todo por su tarea sobrenatural, tienen una fortaleza extraordinaria: nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber.

La única forma que tiene la Revolución para demolerlas es introducir agentes o pudrir gente dentro de ellas. Así, el movimiento hacia el abismo tendrá su punto inicial allí. Si consiguen hacer esto, es casi imposible revertir el proceso.

Las lecciones de la Historia

La Historia está llena de ejemplos que ilustran esta situación. Por ejemplo, la España visigoda. España que había tenido mártires, ¿cómo fue derribada de un momento al otro por las hordas musulmanas?

Es un hecho histórico comprobado que existían católicos, que de hecho eran arrianos, y que fueron quienes entregaron España a los moros. Como todos los herejes, ellos tienen simpatías por cualquier otra herejía que les ayude a destruir la Iglesia Católica.

Otro ejemplo es la victoria del protestantismo. Esta no se debió en realidad a que existían clérigos de mal espíritu, superficiales, despreocupados, indolentes y liberales. Hubo una alta autoridad religiosa en la época que dijo que no había que tomar en serio algo que no pasaba de una pelea entre religiosos.

El Cardenal Mercier, gran arzobispo de Malines, comentó que si en la Cátedra de San Pedro hubiese en tiempos del protestantismo un San Pío X, es posible que éste no hubiera conquistado una tercera parte de Europa.

La destrucción de las instituciones

Lo mismo se puede decir de las instituciones temporales nacidas de la Civilización cristiana.

¿Por qué venció la Revolución francesa? Se dice que fue porque los revolucionarios tenían mucha audacia, mucha fuerza. Esto no es verdad. Si los representantes naturales de las instituciones entonces vigentes hubiesen luchado de verdad; si hubiesen empleado todos los medios de fuerza, de sabiduría y de astucia necesarias para luchar; si no estuviesen -como de hecho estaban- impregnados de la mentalidad del movimiento que los derribaba, éste no habría vencido.

La monarquía francesa, una institución secular, que dio origen a una de las mayores culturas, fue derrumbada porque estaba vacía.

Simpatías con el enemigo

Hoy, si la burguesía no simpatizara profundamente con los principios que, en el fondo, contienen el comunismo, que son los principios de la Revolución francesa, libertad, igualdad, fraternidad, el comunismo no sería un peligro.

El gran peligro que representa el comunismo se debe a la condescendencia que los anticomunistas tienen por cosas que constituyen las raíces del comunismo.

Es esta mentalidad es la que, en vez de luchar, lleva a promover el lema de todas las capitulaciones: “Ceder para no perder”.

La verdadera lucha

La actual y verdadera lucha es, pues, para derribar la Iglesia y para destruir las instituciones temporales nacidas de Ella.

Esta lucha no consiste principalmente en un ataque frontal, sino en infundir el espíritu complicidad con el ataque dentro de esas mismas instituciones. Pudriendo esa línea de resistencia interna, la victoria no puede dejar de ser de ellos.

Así, si no existiera el progresismo católico, no habría peligro comunista para el mundo.

Las máquinas para la demolición

Ellos necesitan crear dos máquinas: una de putrefacción interna dentro de las filas católicas: esta es la máquina decisiva. Y la otra, es la que derriba la muralla podrida.

De ellas, la más peligrosa es la putrefacción interna.



27 may 2020

Big Brother nos quiere en casa


Bienvenido a la “nueva normalidad” que el Nuevo Orden está diseñando para ti y tu familia por el resto de tu vida.


Quédate en casa, que nosotros te dejamos sin trabajo y llevamos tu empresa a la quiebra, esa que tantos años te costó crear.

Quédate en casa, que nosotros decidimos por ti a qué hora puedes salir y en qué condiciones.

Quédate en casa, aunque no tengas dinero para comprar comida.

Quédate en casa, aunque a tu madre le queden pocos años de vida y te necesite.

Quédate en casa, y no veas a tus nietos, por las dudas que te puedan contagiar.

Quédate en casa, pero continúa pagando los impuestos, aunque no generes ingresos.

Quédate en casa, mientras nosotros ponemos a los presos en libertad.

Quédate en casa, mientras destruimos la economía.

Quédate en casa, porque si sales corres el riesgo de morir de una gripe con 0,0006 por ciento de mortalidad.

Quédate en casa, así podemos ejecutar nuestro plan sin escuchar protestas.

Quédate en casa, así te podemos controlar mejor con nuestros dispositivos aéreos y digitales.

Quédate en casa, así podemos continuar con nuestra agenda mundial sin interferencias.

Quédate en casa, que nosotros te brindamos entretenimiento virtual para que no te hagas preguntas sobre la “nueva normalidad”.

Quédate en casa, que nosotros estamos trabajando duro para asegurarnos de que cada día estés más alejado de tus vínculos.

Quédate en casa, y ojo con lo que haces, porque tus vecinos también actúan como policías.

Quédate en casa, no te expongas a la luz solar ni a los gérmenes, así terminamos de debilitar tu sistema inmunitario.

Quédate en casa, hablando por teléfono, posteando en Facebook y navegando en internet, mientras nosotros escuchamos tus llamadas, analizamos tus opiniones y tomamos nota de tu comportamiento en línea.

Quédate en casa, sin acceso a médicos, odontólogos u hospitales, ya que hemos decretado que si no tienes coronavirus, no mereces recibir atención sanitaria. Y si te mueres, como tal vez seas portador asintomático, te utilizaremos para inflar un poquito nuestras estadísticas.

Quédate en casa, pero cuando salgas, tienes que llevar el “bozal” que te amordaza y que te impide respirar y hablar normalmente, pensado para generar separación, aislamiento y desconfianza, no inmunidad.

Quédate en casa, aléjate de todo lo que te hace humano, así te vuelves más frágil física, emocional y psíquicamente, y de ese modo será más fácil manipularte.

Quédate en casa, así vamos estudiando tu comportamiento cuando esto se vuelva la regla en la “nueva normalidad” que hemos decidido imponerte.

Quédate en casa y sé obediente. Cuando Stalin, Mao o Castro daban órdenes, la gente las cumplía sin chistar. Porque si no, era una bala en la nuca o el gulag. A nosotros, en cambio, nos basta con tu comportamiento pasivo y gregario, con tu falta de espíritu crítico y con el miedo que te inoculan a diario nuestros medios de desinformación masiva. Porque el miedo es el verdadero virus, por si todavía no te has dado cuenta.

Quédate en casa. Aprovecha para idiotizarte mirando la tele. No luches por ejercer tus derechos, ni por que se respeten tus libertades personales. Te queremos dócil y mentalmente formateado. Lo que necesitamos son ciudadanos autómatas, no autónomos, para que no se atrevan a cuestionar nuestras medidas coercitivas.

Quédate en casa, sin sueldo, sin vacaciones, sin viajes, sin futuro, sin escuela, pero con Netflix.

Quédate en casa, mientras seguimos implementando un régimen totalitario gracias a tu pasividad, a tu indiferencia y a tu ignorancia.

Quédate en casa. Repite este mensaje mil veces y pide a los tuyos que también lo repitan. Porque de tanto decirlo, te lo vas a terminar creyendo. No por dos meses o un año, sino por el resto de tu existencia.

Bienvenido a la “nueva normalidad” que Big Brother está diseñando para ti y tu familia por el resto de tu vida. Y desde ya, te agradecemos infinitamente tu colaboración, sin la cual esto no sería posible.

30 abr 2020

¿Coronavirus, circovirus o controlavirus?


Por: Guillermo Rojas

A esta altura lo fundamental es tener pensamiento crítico y ver lo que pasa bajo el filtro de nuestro sentido común. Me refiero a la pandemia mediática y a la consiguiente psicosis colectiva desatada desde los centros de poder mundial,
Desde que se inició esta historieta de la infección del coronavirus toneladas de basura informativa se ha descargado sobre la humanidad toda, tendiente a esparcir el temor y a compeler a la obediencia borreguil a una masa acostumbrada a no usar el cerebro y a que todas sus decisiones – desde la compra de una pasta para los dientes a la elección de un presidente- pase por la maquina picadora de ideas de los medios de comunicación, donde se nos dice que cosa es conveniente y que cosa no lo es, por lo general apelando a los más bajos recursos de la psicología de masas cuando no a las mentiras más viles.
No otra cosa ocurre con este tema de la pandemia. a todas luces una operación de guerra bacteriológica sobre la que se montó una campaña gigantesca de acción psicológica, ambas cosas de factura netamente mundialista por sus características, por los valores a los que apela y por los personajes que la propagandizan, por los medios que se emplean para hacerla masiva y por los objetivos que persigue.
Es una operación de guerra bacteriológica pues el virus que la produce es un organismo de laboratorio soltado en China sabe Dios por quienes. Dicho virus esta patentado a nombre de laboratorios de occidente y modificado con aviesas intenciones de que afecte a seres humanos. Desde China se expandió a varios países tanto centrales como periféricos, comparativamente con otras afecciones con baja mortalidad y baja morbilidad. Sin embargo la Organización Mundial de la Salud, una agencia de la ONU copada por intereses de los laboratorios multinacionales y grupos científico-políticos favorables a un gobierno mundial, la declaró pandemia y se desató la histeria transnacional.
En medio de la operación con los medios transmitiendo en cadena cualquier pensamiento divergente en sentido contrario de lo que sostiene el discurso hegemónico, es demonizado descalificado y ridiculizado por más científico que el mismo sea. Muy poco o casi nada se decía de las curiosas anticipaciones que sectores interesados en la venta de vacunas, habían hecho de esta pandemia, especialmente Bill Gates una de las figuras claves del abortismo mundial con enormes inversiones en la industria farmacéutica.
La afección en si es una suerte de neumonía y su mortalidad es muy alta en gente anciana con problemas anteriores de salud (los que consumen y no producen), muy baja en las capas más jóvenes de la población (los que están abocados a producir hoy) y prácticamente nula en los niños (los que deben producir en el futuro). Un curioso virus que tiende a limpiar la humanidad de sus “residuos”. Una suerte de eugenesia de la cual nadie sería responsable para el caso de un futuro juicio de Nuremberg.
Luego de las primeras y alarmantes noticias desde los medios de comunicación propiedad en su mayoría de multinacionales de la mentira y la manipulación y sostenedores de los valores e ideas del mundialismo. apelando a los recursos propios de la Ventana Overton, se dedicaron a sembrar el miedo y la histeria entre la población.
Los gobiernos como el nuestro obediente cual perrito faldero a las ordenes mundialistas declaro esta cuarentena cuyo único logro será destruir más lo que queda de la economía real, mientras la lacra del sector financiero se llenará los bolsillos más que nunca, disolver los lazos de cohesión social, sembrar la desconfianza entre semejantes. La sospecha y la delación se convertirán en norma
Algo similar ocurrirá a nivel global, con el reseteo de un sistema financiero destructivo que lanzará una nueva ola de endeudamiento planetario para paliar la crisis del parate económico, para no hablar de las medidas de control social que tendremos que bancarnos en adelante.
¿Que nos queda para adelante?  En caso de terminar pronto este pandemónium, cosa que desconfió, enfrentaremos la realidad de un masivo empobrecimiento de los argentinos. Morirán más de hambre que de coronavirus. A su vez una mayor y más abyecta dependencia del país a los centros mundiales de poder, especialmente en el orden financiero.
Contra esto es muy poco lo que podemos hacer que no sea lo ya dicho de tamizar todo lo que nos llega por el filtro del pensamiento crítico y del sentido común esclareciendo a la mayor cantidad de gente que podamos y confiar en Dios que escribe derecho con los renglones torcidos.

20 mar 2020

El coronavirus, un llamado a la confianza en Dios

Ella nos muestra una sociedad que le ha dado la espalda a Dios



Lamentablemente, hay quienes en la Iglesia van más allá de lo que piden los gobiernos. Privan a los fieles de los sacramentos, exactamente cuándo más los necesitan.

En tiempos de calamidad, las oraciones de comunidades enteras pueden ser elevadas pidiendo a Dios que venga en ayuda de una sociedad pecadora que necesita Su misericordia. La historia da testimonio de que estas oraciones a menudo han sido escuchadas. 


Nuestra reacción al coronavirus refleja la crisis de toda una sociedad sin Dios.

El problema no es el virus, por muy potencialmente letal que pueda ser. Este brote es un hecho biológico, como tantos que han afectado a la humanidad a lo largo de los siglos.

Si bien un virus es apolítico, puede, sin embargo, tener consecuencias políticas. Mucho más volátil que el coronavirus es el miedo. Una coronafobia está sacudiendo el globo. En este sentido, la reacción al coronavirus es únicamente política y laica. Ella nos muestra una sociedad que le ha dado la espalda a Dios. Enfrentamos la crisis confiando solo en nosotros mismos y en nuestras estrategias.


El Hombre autosuficiente


De hecho, el manejo de la crisis del coronavirus no acepta ayuda externa. Dios no tiene significado ni función en todos los esfuerzos para erradicarlo. En lugar de Dios, están los inmensos poderes del gobierno, movilizados para controlar cada aspecto de la vida y pretendiendo así evitar su propagación. El poderoso brazo de la ciencia lucha por encontrar una vacuna. Los mundos de las finanzas y la tecnología son movilizados para mitigar los efectos desastrosos de la crisis.

Si bien todos los esfuerzos humanos deben utilizarse para resolver los problemas, no han producido los resultados deseados. Los intentos actuales han decepcionado a una sociedad frenéticamente intemperante, adicta a las soluciones instantáneas, presionando un botón. El mundo se ha visto obligado a detenerse, sin una fecha definida para el término de la crisis.

Por esta razón, es tan aterradora. Hay pocas instituciones como la Iglesia para mitigar el tratamiento y hacerlo humano y soportable. Nos dejan solos para enfrentar este gran peligro. El pequeño virus aísla y aliena a sus víctimas, sacándolas de la sociedad. En muchos casos, es el individuo frente al Estado. Los técnicos en trajes de materiales protectores tratan a hombres y mujeres como si ellos fueran el virus. En la China totalitaria y en otros lugares, los funcionarios emplean una violencia brutal para forzar el cumplimiento de directivas drásticas.


Ya no necesitan a Dios

Un virus también es a‒religioso. Sin embargo, eso no impide que tenga una dimensión religiosa. El coronavirus llega en un momento en que la mayor parte de la sociedad piensa que no necesita a Dios. Para estos, Dios ha sido reemplazado hace mucho tiempo por pan y circo. Los placeres modernos afirman que no hay necesidad del Cielo. Los vicios postmodernos no proclaman el temor al Infierno.

Y, sin embargo, el coronavirus tiene la extraña habilidad de convertir nuestros paraísos materiales en infiernos. El crucero, símbolo de todas las delicias terrenales, se convirtió en una prisión infectada para los pasajeros que hacen todo lo posible por abandonarlos. Aquellos que han hecho del deporte su dios, ahora encuentran estadios vacíos y torneos cancelados. Aquellos que adoran el dinero ahora encuentran sus carteras diezmadas y las fuerzas de trabajo en cuarentena. Los adoradores de la educación observan sus escuelas y universidades vacías. Los devotos del consumismo se enfrentan a los estantes desabastecidos en los supermercados. El mundo que adoramos se está derrumbando. Las cosas por las cuales nos gloriamos, ahora están en ruinas.

Un pequeño microbio derribó los ídolos, que se consideraban tan estables, poderosos y duraderos. Ha puesto a sus fieles de rodillas. Y aún insistimos en que no necesitamos a Dios. Gastaremos billones de dólares, con la vana esperanza de reparar nuestros ídolos rotos.


Desterrar a Dios

Sin embargo, un aspecto de la crisis del coronavirus es aún peor. Ya es suficientemente malo que Dios sea reemplazado o ignorado. Hemos dado un paso más allá. Dios es desterrado de la escena; le prohíben actuar.

Entre las medidas draconianas decretadas, los funcionarios del gobierno están prohibiendo el culto público. En Italia, prohibieron las misas, prohibieron la comunión y la confesión. La Iglesia y sus sacramentos sagrados son considerados una ocasión de contagio, tratados como si fuesen un evento deportivo o un concierto de música.

A su vez, los medios de comunicación se burlan de la Iglesia, alegando que incluso Dios ha sido puesto en cuarentena.


Una crisis de Fe




Han olvidado que la Iglesia es una Madre. Ella estableció los primeros hospitales del mundo durante la Edad Media y trataba a cada paciente como si fuera Cristo mismo.

Lamentablemente, hay quienes en la Iglesia se muestran ansiosos por cumplir con tales medidas. Privan a los fieles de los sacramentos, exactamente cuando más los necesitan. Van más allá de lo que los gobiernos piden, hasta el punto de vaciar las fuentes de su agua bendita y reemplazarlas con dispensadores de desinfectante. Desalientan los funerales.

Ni siquiera los milagros están permitidos. ¡Las autoridades de la Iglesia cerraron unilateralmente los milagrosos baños curativos en Lourdes, en Francia! Esas aguas milagrosas probablemente hayan curado todas las enfermedades conocidas por la humanidad. ¿Es este coronavirus más letal?

Tal es el estado de nuestra Fe en crisis.


La solución está en revitalizar la Fe

Algunos podrían objetar que adoptar una actitud no secular hacia el virus requiere un acto de Fe. Sin embargo, debemos preguntar cuál es el mayor acto de Fe: ¿confiar en la Santa Madre Iglesia o en las frías manos de un Estado, que ya se ha mostrado incapaz de resolver los problemas de la sociedad?

Tenemos todas las razones para confiar en Dios. El problema es que permitimos que se trate a la Iglesia como si Ella no supiera nada sobre cómo sanar cuerpos y almas.

Han olvidado que la Iglesia es una Madre. Ella estableció los primeros hospitales del mundo durante la Edad Media. Los fundamentos de la medicina moderna tienen sus raíces en su solicitud por los enfermos. Ella trataba a cada paciente como si fuera Cristo mismo. Por esto, la Iglesia envió sacerdotes, monjes y monjas para dar atención médica gratuita a los pobres y enfermos de todo el mundo. A través de los siglos, en medio de plagas y pestes, encontramos a la Iglesia en medio de ellos, ocupándose de los infectados a pesar de los grandes peligros.

Sobre todo, la Iglesia cuidaba las almas de los enfermos. Ella consolaba, consoló y ungió a los afligidos. Mantuvo innumerables santuarios, como Lourdes, donde los peregrinos son recompensados ​​por su Fe con tranquilidad de conciencia, curas y milagros.

En tiempos de calamidad, las oraciones de comunidades enteras pueden ser elevadas pidiendo a Dios que venga en ayuda de una sociedad pecadora que necesita Su misericordia. La historia da testimonio de que estas oraciones a menudo han sido escuchadas.

Cuando la Iglesia actúa como debe, evita que crisis, como el coronavirus, se vuelvan inhumanas y abrumadoras. Como una madre, ella brinda consuelo y esperanza en los momentos de oscuridad. Ella nos recuerda que no estamos solos y que siempre debemos recurrir a Dios. No tiene sentido desterrar a Dios de la lucha contra el coronavirus.


Volviéndose a Dios

De hecho, la crisis del coronavirus debería ser un llamado a rechazar nuestra sociedad impía.

Esta crisis amenaza con ir más allá de la crisis de salud y desbaratar la economía mundial. Debemos, por lo tanto, preguntar por qué Dios es reemplazado, ignorado y desterrado. Es hora de recurrir a Dios, quien solo puede salvarnos de este desastre.

Recurrir a Dios no significa ofrecer una oración simbólica o celebrar una procesión con la esperanza de volver a la vida de pecado y placeres intemperantes. En cambio, debe consistir en una oración sincera, sacrificio y penitencia como la solicitada por Nuestra Señora en Fátima en 1917.

Volverse hacia Dios presupone una enmienda de la vida frente a un mundo que odia la Ley de Dios y se precipita hacia su destrucción. Significa actuar como siempre lo ha hecho la Iglesia, con sentido común, sabiduría, caridad, pero, sobre todo, Fe y confianza. Todos estos remedios de la Iglesia, llenos de consuelo y cura, están al alcance de los fieles.

Papel de las autoridades civiles

Recurrir a Dios no significa que neguemos el papel del gobierno en el manejo de emergencias de salud pública. Sin embargo, la Fe debe ser un componente importante de cualquier solución. Dios está con nosotros. Debemos confiar en el Santísimo Sacramento, que es la Presencia Real de Dios en el mundo, del Dios que nos creó. Deberíamos recurrir a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, la Salud de los Enfermos y la Madre de la Misericordia.