¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones
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24 oct 2020

Los protocolos de los sabios del Covid

 

Desde un inicio, obedientes a nuestros "hermanos mayores"







Los últimos meses, para quienes aún vivimos en sociedad, han sido del todo particulares. Como en un cuento de Orwell, hemos debido aprender una nueva lengua y una nueva rutina: desde “distanciamiento social” a “cuarentena”, desde “pico de la curva” a “PCR negativo”…

Cada día que pasa ha quedado más patente que, el mundo moderno, afeminado a más no poder, resulta incapaz de recibir una peste como Dios manda…

Atrás quedaron la gripe española, la fiebre amarilla y la terrible peste negra.

– “¡Esas sí que eran pestes como pa’ machos!” –diría el mexicano.

Nos tocó un virus tan existente como insignificante.

Y ojo que nosotros también tenemos, en verdad, amigos y familiares fallecidos de Covid (es obligado decirlo, como cuando se habla de los homosexuales –“yo también tengo amigos homosexuales”– evidencia clara de que no se conoce a nadie con esa “disforia”).

¿Qué se ha hecho?¿qué se debía hacer?

Desde un inicio, obedientes a nuestros hermanos mayores, como Abel, seguimos el razonable consejo del ministro de defensa iraelí, Naftalí Bennet que vaticinaba a los suyos –en Mayo de 2020– un contagio selectivo, con excepción de los ancianos, claro; el resto, “lo quieran o no se van a contagiar de coronavirus” –decía.

Y no se equivocaba.

Pero no; salvo contadas excepciones, se ha usado esta aparente pandemia para hacer de la tierra un tubo de ensayo global, cosa que no debería asombrarnos; y no debería asombrarnos porque hace décadas que la elaboración de un gobierno mundial viene preparándose. Lo que sí debería llamarnos la atención es que la inmensa mayoría haya respondido a una sola voz, como un solo rebaño ante un solo pastor. Y, aún más, que un sector de la Iglesia se haya doblegado ante leyes claramente abusivas e injustas que buscan simplemente humillar a la Esposa de Cristo.

Eso sí que es asombroso o, más bien, penoso.

Ayer nomás, en plena calle, caminando de sotana, una mujer pobre como siempre, al vernos pasar, nos dijo con ansiedad:

– “Padre, por favor, al  menos una bendición para mi bebé que todavía no me lo quieren bautizar” (confieso que ahora me arrepiento de no haberle propuesto, como al etíope eunuco de Felipe, el bautismo en plena calle).

Es que hacía meses que quería bautizar a su criatura y no conseguía cómo…

Porque tanto el mundo como algunos católicos se han doblegado ante los protocolos de los sabios del Covid.

*             *             *

¿Cómo quedará el mundo luego de este 2020? ¿cómo quedará la Iglesia? Del mundo no sabemos, pero, “cuanto peor, mejor”, dirán.

En cuanto a la Iglesia, creemos que la actual situación no sólo diezmará a las ovejas, sino que, las que permanezcan fieles, sólo seguirán y sostendrán a aquellos pastores que las han acompañado durante este tiempo turbulento.

¡Ánimo! Que lo peor está aún por venir; pero luego del Viernes Santo llega el domingo de Resurrección.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

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17 feb 2019

¿Por qué la verdad despierta odio?

¿Por qué existe tanta persecución contra la verdad en el mundo entero?


El odio a la verdad se ha manifestado en Chile
Atentado incendiario de la iglesia de la Gratitud Nacional en Santiago
¿Por qué existe tanta persecución contra la verdad en el mundo entero?
¿Por qué en países donde los católicos constituyen la mayoría absoluta de la población, como es el caso de Chile, hay, sin embargo, tantos ataques a la Iglesia Católica.
Ataques van aumentando
Contenidos
La pregunta no deja de ser oportuna, pues estos ataques no sólo se hacen cada vez más repetidos sino también cada vez más violentos.
Los medios de comunicación ya casi no informan, o si lo hacen es con muy poco destaque, los diversos atentados a imágenes religiosas, profanaciones del Santísimo Sacramento, intentos de incendio, y otras cosas de ese género.
Las puertas del famoso templo de la Gratitud Nacional, ya han sido varias veces quemadas y los vitrales que adornaban sus ventanales han sido quebrados por todo tipo de manifestantes.
Atentados contra imágenes de la Santísima Virgen, no han sido extraños en los últimos años en este País. A esto podemos que sumar los rayados en muros de Iglesias, donde se lee: “la única Iglesia verdadera es la que arde”.
Las persecuciones en otros países
Estos hechos pueden parecer pequeños y casi insignificantes en relación a los que están sufriendo los católicos en países como Siria o Irak, y en general en todos los países islámicos que sancionan con pena de muerte a los musulmanes que se convierten a la Fe católica.
Quizá algún lector nos diga que no existe un paralelo entre los hechos ocurridos en Chile con esto que ocurren en Medio Oriente.
Sin embargo, si bien es cierto que los actos de violencia en Chile no han llegado a esos extremos, la razón no está en que aquellos que los realizan no tengan los mismo deseos destructivos de los fundamentalistas islámicos.
El problema es que, por ahora, las circunstancias para ellos no les son tan propicias. Bastará que estas mismas circunstancias cambien, y se hagan más permisivas las manifestaciones anti religiosas, para ver hasta qué extremos no serán capaces de llegar estos fundamentalistas del ateísmo nacional.
La explicación de este odio
Para entender cuál es la lógica de este odio, le damos la palabra al Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, quien escribió en el diario “Folha de Sao Paulo” un artículo sobre el tema.
Ese odio es un prolongamiento histórico de las que sufrió Nuestro Señor Jesucristo
Ciertos hombres odian la verdad por amor hacia aquello que ellos tomaron por verdadero
“Un simpático lector me pide que explique por qué la Iglesia – a pesar de ser quien pregona la verdad – ha sido tan combatida a lo largo de su historia.
“También quiere saber por qué son tan combatidos en nuestros días los católicos que no pactan con los errores del siglo, y se mantienen fieles a la enseñanza inmutable de Nuestro Señor Jesucristo.
“Me parece que el lector podría haber ampliado aún más el campo de su pregunta.
“Las persecuciones hechas contra la Iglesia y los verdaderos católicos de nuestros días, son un prolongamiento histórico de las que sufrió Nuestro Señor Jesucristo.
“¿Cómo explicar que el Hombre-Dios, que es el Camino, la Verdad y la Vida, haya sufrido persecución, hasta el punto de ser crucificado entre dos vulgares ladrones?
“A esa pregunta responde luminosamente uno de los mayores Doctores de todos los tiempos, el gran San Agustín, obispo de Hipona. Reproduzco aquí -adaptándola ligeramente, para mejor comprensión del lector contemporáneo- la enseñanza del Doctor de los siglos IV y V.
San Agustín se pregunta cómo la verdad despierta odio
“Comentando la célebre palabra de Terencio: ‘la verdad engendra odio’, San Agustín pregunta cómo explicar hecho tan ilógico.
“Enunciado así el problema, el santo Doctor pasa a la explicación.
“La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, quiere que este algo sea verdadero. Con esto, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en realidad es falso.
La China comunista continúa la persecución contra los católicos
Los acuerdos del Vaticano con el gobierno chino no ha impedido que éste continúe destruyendo iglesias católicas
“Así, es necesario que alguien le abra los ojos. Ahora bien, como el hombre no admite que se le muestre que se equivocó, por esta misma razón no tolera que se le demuestre cuál es el error en que está. Y el Doctor de Hipona observa:
“¡De esta forma, ciertos hombres odian la verdad por amor hacia aquello que ellos tomaron por verdadero! De la verdad ellos aman la luz; no, sin embargo, la censura a sus equivocaciones.
“Por su deslealtad, tales hombres sufren de la verdad el siguiente castigo: no quieren que la verdad los desvende; y, sin embargo, ella los delata y continúa velada a sus ojos.
“Y así, es de esta manera, es precisamente de esta manera como es hecho el corazón humano. Ciego y perezoso, indigno y deshonesto, se oculta, pero no admite que nada se le oculte.
“Y por esto le sucede que él no consigue huir de los ojos de la verdad, pero la verdad huye de los ojos de él”.
Con estas palabras concluye san Agustín su magistral comentario…
“He ahí, la razón por la cual quien dice la verdad sufre persecución. ¡Y así se explican la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los veinte siglos de historia de la Iglesia!”

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22 jul 2018

La existencia de un Estado moloch no es una fatalidad

Lo que necesitamos es un regreso a un marco de orden que nos vuelva a conectar con nuestras raíces cristianas

Moloch, un ídolo de origen canaanita que fue adorado por los fenicios, cartagineses y sirios, al que se hacían sacrificios humanos, especialmente de niños
El Estado existe para salvaguardar el orden general, permitiendo a los organismos intermedios de la familia, la comunidad y la región que se desarrollen libres de su control. Una Constitución que no tome en cuenta los valores cristianos de la sociedad camina con facilidad hacia un Estado omnipotente y una tiranía.
Muchos que se quejan de que la existencia de gobiernos gigantescos está en la raíz de todos nuestros problemas. Pero, si pudiéramos deshacernos de su presencia intrusiva en nuestras vidas, las cosas andarían mucho mejor. Se quejan de los efectos de un gobierno gigantesco pero pocos señalan su causa.
La existencia de Estados gigantescos no es una fatalidad. De hecho, el gobierno gigantesco, en el que el Estado entra en todas las facetas de la vida de la sociedad, no debería existir. El Estado existe para salvaguardar el orden general, lo que a su vez permite a los organismos intermedios de la familia, la comunidad y la región que se desarrollen libres de su control.
Por otra parte, la mayoría de los Estados modernos están protegidos por constituciones que se supone que existen para contener los poderes y el crecimiento del gobierno. Pero dondequiera miremos, vemos que estos límites no se han respetado y que prosperan burocracias hinchadas.
Es obvio que hay otros factores que contribuyen para hacer posible un gobierno gigantesco. Y si queremos resolver el problema, debemos buscar y abordar sus causas.
Russell Kirk (1918-1994)
El conocido escritor conservador Russell Kirk hace una observación muy interesante, que nos da una idea de cuáles son estas causas y cómo podríamos volver a un gobierno delimitado.
Kirk escribe:
Debajo de cualquier constitución formal ‒incluso debajo de nuestra Constitución‒ existe una constitución no escrita, mucho más difícil de definir, pero que en realidad es mucho más pujante”. Esta constitución no escrita consiste en “el cuerpo de instituciones, costumbres, comportamientos, convenciones y asociaciones voluntarias que no pueden siquiera ser mencionadas en la constitución formal, pero que sin embargo forman el tejido de la realidad social y sostienen la constitución formal”. [1]
En otras palabras, nosotros como pueblo hemos perdido ese vínculo vital con los usos, costumbres, convenciones y virtudes que sirven como base a nuestra Constitución. Nos hemos alejado de nuestras raíces cristianas: las instituciones naturales de la familia, de la comunidad y la tradición del derecho común, que de forma normal y natural sirven para moderar y limitar al gobierno.
Es esta destrucción de los valores morales, instituciones y costumbres la que hace posible un gobierno invasor. Sin esta “constitución no escrita”, se crea un vacío, lo que permite al gran gobierno actuar de modo agresivo. Así empezamos a perder nuestras libertades.
Solía ocurrir, por ejemplo, que las familias se hicieran cargo de sí mismas. Sin embargo, cuando la institución de la familia fue devastada por la revolución sexual de los años sesenta, se creó un problema real con las familias destrozadas, se preparó el camino para una solución falsa, en la forma de un gobierno gigantesco, que corrió a llenar el vacío y asumió las responsabilidades que no le competían.
También era frecuente que los miembros de una comunidad se ayudaran mutuamente cuando surgían problemas. Había un sentido del honor que prevalecía en la comunidad, donde las familias se enorgullecían de ser honestas y autosuficientes. Sin embargo, con la decadencia de las comunidades y el anonimato de las grandes ciudades, a la gente le parece que no existe ningún problema en pedir a un gobierno gigantesco que sea la niñera a la que se recurra para que atienda sus necesidades básicas.
Danos hoy nuestro pan de cada día…
Otrora se confiaba en la Providencia de Dios para proveer a nuestras necesidades: “danos hoy nuestro pan de cada día”. Pero con la secularización de la sociedad, muchos ya no saben cómo pedir a Dios que satisfaga sus necesidades diarias, a pesar de que no reconozcan como un don los talentos dados por Dios, y en cambio confían en los programas de ayuda social del gobierno como un nuevo tipo de una casi divina providencia.
Parte de la culpa de la destrucción de estas instituciones y costumbres se puede remontar a nuestra cultura de gratificación instantánea. En mi reciente libro, Return to Order, utilizo el término “intemperancia frenética” para describir un espíritu imprudente e inquieto, de desenfreno, que ha azotado a la economía moderna y socavado las instituciones sociales.
Mercados frenéticos llevan a la gente a resentirse de la misma idea de moderación, despreciando los valores espirituales, religiosos, morales y culturales que forman parte de la “constitución no escrita” de Russell, que normalmente sirven para ordenar y moderar nuestra vida en común en sociedad y evita la existencia de un gobierno abrumador.
Lo que necesitamos es un regreso a un marco de orden que nos vuelva a conectar con nuestras raíces cristianas y nuestra tradición de un gobierno limitado. Mucho más que los programas de gobierno, este orden es realmente el corazón y el alma de la economía.
Tenemos que deshacernos de la intemperancia frenética ahora dominante en la economía, que está constantemente desequilibrando los mercados y reemplazarla con una templanza correspondiente.
Esto no puede ser hecho por una legislación, reglamentos o una rígida planificación. Es algo que debe ser realizado individualmente, cambiando nuestro estilo de vida frenético y precipitado, donde la gratificación instantánea está a la orden del día. Es un cambio difícil de valores que pondrán en su lugar los sistemas de inmunidad natural de la familia, la comunidad y la Iglesia, y que nos garantizará nuevamente una sociedad estable, saludable y próspera.
Hasta entonces, el gobierno moloch sólo se hará cada vez más gigantesco.

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27 feb 2018

El "pensamiento único"


 
Quien controla el poder de definir las palabras controla también las mentes. Por este motivo es un gran error subestimar la importancia de la "corrección política".        
     

             


Por ALAIN DE BENOIST


Toda lengua es un código, y este código determina categorías de pensamiento. George Orwell lo demostró en 1984: quien controla el poder de definir las palabras controla también las mentes. Por este motivo es un gran error subestimar la importancia de la "corrección política": no es ni un fenómeno marginal ni una moda destinada a desaparecer en un futuro próximo, sino que es un elemento fundamental de lo que se llama pensamiento único.


En sentido literal, la expresión no quiere decir estrictamente nada. Incluso en los Estados Unidos, la correctness designa en origen la exactitud y la precisión, y no la conformidad. Pero hoy ya no es así: "políticamente correcto" significa conforme a la ideología dominante. Es la definición concreta de la "neolengua" orwelliana.

Lo políticamente correcto, como muchas otras cosas, invadió Europa, procedente de Estados Unidos, a principios de los años 90. Esta nueva lengua militante se desarrolló al otro lado del Atlántico, diez años antes, en un contexto de hipocresía burguesa y puritana. Al principio, la intención era loable. Se trataba de eliminar del lenguaje corriente determinadas palabras peyorativas, a menudo muy coloquiales, o algunas expresiones ofensivas susceptibles de herir a esta o aquella categoría de individuos, pero también de legitimar las discriminaciones de las que podía ser objeto o favorece su "exclusión".

Sin embargo, muy rápidamente, lo políticamente correcto tomó un rumbo ridículo, abusando de los eufemismos y los circunloquios alambicados. Los obesos se convirtieron en "personas con sobrepeso"; los enanos, en "personas de pequeño tamaño"; los sordos, en "personas con problemas de audición". En Francia, los conserjes fueron reemplazados por los "guardas"; los barrenderos por "técnicos sanitarios de caminos públicos"; los minusválidos fueron rebautizados como "personas con minusvalía" y, después, "personas con discapacidad". Los campesinos se convirtieron en "agricultores" antes de transformarse en "productores agrícolas". Pero todo esto seguía siendo bastante inofensivo.

Pero cuando el objetivo principal pasó a ser la "rehabilitación" de categorías discriminadas por razones de pertenencia cultural o étnica, religiosa, sexual, etc., el lenguaje políticamente correcto se convirtió en el lenguaje de los ambientes progresistas y, más concretamente, de los ambientes "antirracistas" y feministas.

Empezaron a desaparecer palabras molestas. Así, se decretó que la palabra "raza" tenía que desaparecer porque "las razas no existen". La palabra "sexo" fue también objeto de sospecha y, en los documentos oficiales, fue reemplazada sistemáticamente por "género" (gender). Esto no impide que se hagan llamamientos a combatir el racismo (sin que existan las razas) y el sexismo (sin que existan los sexos).

En los Estados Unidos se habla de "nativos americanos" o "indígenas" y no de "indios", y de "afroamericanos" y no de "negros". Asimismo, para designar a un presidente (o presidenta), se ha suprimido la palabra "chairman" (en el que está incluida la palabra "hombre", "man") para adoptar la palabra sin género "chairperson". (¡Aún no se ha sustituido la palabra Manhattan por Personhattan !).

En Francia, donde la lengua francesa sólo tiene dos géneros, el masculino y el femenino, algunos han inventado nuevas grafías, más o menos ilegibles: les député–e–s, les motivé–e–s, etc. Y a palabras sin femenino se les ha asignado uno arbitrariamente: la ministre, l’écrivaine, la cheffe d’orchestre – esperando, sin duda, la "dictateure" [en España pasa con invenciones tan disparatadas como "miembras" y, la última, de hace pocos días, "portavozas", ndt]. Y se empieza a hacer todo lo posible para que, en plural, el masculino deje de prevalecer: como todos saben, los hombres y las mujeres son hermosas. La expresión "ellos y ellas" florece en los discursos de los políticos, porque el timbre "ellos" es discriminatorio [en España esto se observa con los gentilicios: ya no basta decir "catalanes", "andaluces" o "extremeños"; hay que decir "catalanes y catalanas", "andaluces y andaluzas", "extremeños y extremeñas", etc., N. d. T.].

Mientras se desmerece la casi totalidad de las obras literarias del pasado, todas ellas con una impronta de sexismo o racismo, hay un esfuerzo masivo por escribir libros y hacer películas políticamente correctas. En las novelas, a los "hombres blancos de más de 50 años" se les atribuyen los peores papeles, mientras que las mujeres, las minorías, los homosexuales son promocionados a los papeles de héroes. Esto es un poco molesto en las novelas policiacas, porque basta saber que un sospechoso pertenece a una minoría para deducir que al final se le reconoce inocente, pero ¡todo sea por una buena causa!

En el cine, cuando los blancos se enfrentan a los negros, árabes o asiáticos, se invita al espectador a que comprenda claramente que el error siempre es de los primeros. Paralelamente, se multiplican las películas que enfrentan a humanos con extraterrestres, ¡porque son los únicos que pueden ser caracterizados como malos sin correr el riesgo de encontrarse ante un juez! En la literatura, ya no se pueden atribuir papeles de malos a las minorías. En las series policiacas, el papel de bueno es sistemáticamente atribuido a mujeres o a minorías, y los hombres son representados a menudo como bobos o cabrones y, desde luego, machistas. Crónica de una violación [Dupont Lajoie], película de Yves Boisset (1975), creó rápidamente escuela.

Ha sucedido lo mismo en la publicidad que, en materia de representación de la "diversidad", ha copiado a Coca–Cola, Benetton o MacDonald's. Cualquier mensaje publicitario que represente un grupo en el que no haya nadie perteneciente a las "minorías visibles" es tachado inmediatamente de "racismo".
En Hollywood se llega hasta el punto de hacer actuar a negros en películas sobre vikingos, la Europa de la Edad Media o la vida de los esquimales. En la película Thor, de Kenneth Branagh (2011), el papel de dios nórdico Heimdall lo hace Idris Elba, un actor británico negro, lo que es tan poco convincente como si el papel de Martin Luther King lo hiciera Romy Schneider!

Otro ejemplo reciente: la nueva versión de la película Los siete magníficos (Antoine Fuqua, 2016) tiene como característica en comparación con la versión antigua de John Sturges (1960), a su vez inspirada en una película del japonés Akira Kurosawa [Los siete samurais], que los siete personajes principales, cowboys clásicos en la versión anterior, han cedido el sitio a un "casting de igualdad étnica irreprochable" (Le Parisien), formado por actores negros, asiáticos, latinos, indios y europeos.

El mundo periodístico se ha adaptado rápidamente a lo políticamente correcto. Los medios de comunicación tienen el papel de una caja de resonancia, tanto por los mantras que se repiten (el "vivir unidos"), como por determinadas expresiones codificadas que el gran público está acostumbrado a traducir: los "jóvenes", los "barrios", las "zonas sensibles", la "población itinerante", son modos de decir las cosas sin designarlas por su nombre. Los inmigrantes se han convertido, lo sabemos, en "migrantes". En los Estados Unidos, los "manuales de estilo" en uso en los medios importantes prohiben también la expresión "migrantes ilegales" porque este último término ("ilegales") es discriminatorio y "deshumanizador".

El mundo de los negocios y la industria no se ha quedado atrás. Mientras que las grandes empresas adoptan "códigos éticos" basados en lo políticamente correcto ("diálogo ciudadano", "en conformidad con los derechos humanos", etc.), la patronal hace un uso suculento de esta nueva langue de bois [literalmente 'lengua de madera', expresión francesa utilizada en el lenguaje político para el "hablar y no decir nada"], que permite presentar los despidos como "planes sociales" o "medidas de ajuste de los efectivos", el aumento de precios como "reajuste", la supresión de contratos de trabajo a tiempo indeterminado como una medida relacionada con la "flexibilidad", etc.

Pero como mejor ha revelado su verdadera naturaleza lo políticamente correcto es poniéndose al servicio de la ideología de género. Hace tiempo que las feministas denunciaban los "estereotipos", que ya no son considerados por lo que son, es decir, verdades estadísticas indebidamente generalizadas, sino como mentiras o fantasías. El encuentro entre lo políticamente correcto y la ideología de género ha desembocado en resultados asombrosos.

En el transcurso de pocos años, se ha transformado en políticamente incorrecto defender que la identidad sexual tiene relación con el sexo biológico, que existen temperamentos masculinos y femeninos diferentes o que hay trabajos más masculinos o más femeninos que otros. Hay que imponer la igualdad por doquier (salvo en el matrimonio, evidentemente). Mientras se espera que esta igualdad llegue a las comadronas y los basureros, se aplaude que los hombres lleven falda y las mujeres sean capataces. Se prohíbe a los padres que den regalos "de género" a sus hijos y se modifica la lista de nombres para que puedan utilizarse tanto para niños como para niñas. Se sugiere que en el colegio, cuando se representen los cuentos de Perrault, el papel de Caperucita Roja lo haga un niño y el de lobo una niña. "¡No soy una princesa!", pregona Vaiana, la heroína de la última película de los estudios Disney (cuyo director ha sido acusado de haber cedido a los "estereotipos" ¡por haber representado a un polinesio obeso!). Al plantear la igualdad como sinónimo de mismidad, lo ideal es lo neutro.

Partiendo del principio que el lenguaje determina las relaciones sociales, los defensores de la corrección política han comprendido con gran rapidez que sus consignas podían cambiar radicalmente los comportamientos.

Por consiguiente, para satisfacer las reglas de lo políticamente correcto se ha ordenado a las poblaciones mayoritarias que nieguen su identidad, juzgada intrínsecamente discriminatoria para las demás. Un único ejemplo: un municipio de Venecia que cada 4 de noviembre celebraba tradicionalmente una misa en sus colegios, a partir de 2016 ha tenido que renunciar a esta misa "para respetar a los alumnos de otras religiones". Por la misma razón, en los Estados Unidos ya no se celebran las "vacaciones de Navidad", sino las "vacaciones de invierno"; que ya no se dice "Feliz Navidad [Merry Christmas!]", sino "felices fiestas de invierno [Happy Holidays!]", etc. En Francia, el objetivo son las cruces y los belenes, considerados "ostentosos". Y en los Países Bajos se exige la prohibición del Zwarte Piet, el compañero tradicional de Papá Noel, porque las tradiciones populares le atribuyen un rostro sombrío…

Mientras el antirracismo toma la forma de un racismo en sentido contrario, las minorías ejercen una tiranía perenne sobre una mayoría a la que le exigen arrepentimiento y negación de sí mismas. Cuando en septiembre de 2015 Delphine Ernotte asumió su función de presidenta de France Télévisions, declaró: "Tenemos una televisión de hombres blancos de más de 50 años y ¡esto va a cambiar!". Lo había comprendido todo.

Poco a poco llegamos a lo grotesco. En Alemania y en los países escandinavos se llevan a cabo campañas masivas para exigir que se prohíba a los hombres orinar de pie. Muchos parkings públicos son ya "de género": es necesario ser una mujer para aparcar en determinadas plazas. En los Estados Unidos, los municipios que no han creado "baños unisex" (all gender restrooms) corren el riesgo de tener que pagar multas sustanciosas. En todas partes se milita por la prohibición de los pronombres "él" o "ella", sustituidos por un único pronombre "neutro" (en francés, "iel", y no "il" o "elle"). En los Estados Unidos se emplea el plural "they" con un singular para no utilizar el masculino "he" o el femenino "she". En Canadá, la comisión de los derechos humanos de Ontario ha ordenado que se reconozca la legitimidad de los pronombres "elegidos" como ¡ze, xer o hir! De nuevo, el ideal que se revela es el neutro.

Por supuesto, a todo esto se ha añadido una faceta punitiva. Muchas violaciones de lo políticamente correcto acaban en los tribunales, asediados regularmente por las ligas inquisitoriales y los lobbies especializados, contribuyendo así a la expansión sin fin de lo que Jean-Claude Michéa llama la "juridificación creciente de las relaciones sociales".

Si los países latinos aún resisten a todo esto, los países nórdicos, cercanos a la mentalidad anglosajona y marcados por el moralismo protestante, se han lanzado por completo a los brazos de lo políticamente correcto.

En el momento en que escribo estas líneas, "la igualdad favorecida por el hecho de quitar la nieve" (jämställd snöröjning) está planteando problemas en Suecia, donde el municipio de Estocolmo, al observar que las mujeres utilizan más las aceras que los hombres porque llevan cochecitos, decretó en 2015 que sería "sexista" no quitar la nieve de las aceras antes que en las calzadas. Resultado: cuando cae mucha nieve, la circulación es prácticamente imposible.

No, lo políticamente correcto no es algo anecdótico. No se trata sólo de cambiar las palabras: cuando se cambia la sociedad, se cambia también la vida.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

© Religión en libertad