¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones
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25 ago 2020

Sacerdotes sin fe en Dios: el verdadero escándalo

 

El verdadero escándalo no es una crisis moral, sino una crisis de fe.

 

La Catedral de Chartres, un monumento de la fe en la Edad Media. Cuando había Fe

El verdadero escándalo de la Iglesia no son los sacerdotes abusadores, sino los sacerdotes que han dejado de creer en Dios; que se avergüenzan de la Iglesia, de su historia, de su enseñanza tradicional.

La pérdida de la fe

El verdadero escándalo de la Iglesia no son los sacerdotes abusadores (que siguen siendo el cero coma…), sino los sacerdotes que han dejado de creer en Dios (mucho más numerosos).

El verdadero escándalo no es el silencio sobre el abuso sexual, del que hemos estado hablando desde hace algún tiempo, y ¡cuánto lo hemos hablado!, sino el silencio acerca de Jesucristo, a quien abandonamos por un pensador de turno, así, para no ir muy lejos, para no ser considerados rancios, anticuados, fuera de moda.

En resumen, el verdadero escándalo no es una crisis moral, sino una crisis de fe.

De hecho, los comportamientos siempre están de acuerdo con lo que se cree; cuanto más débil es la fe, tanto más débil es la moral.

Se dicen y escriben muchas cosas en estos días. Una, por ejemplo, es que las desviaciones sexuales de los sacerdotes siempre han existido, de modo que no hay nada nuevo.

La pérdida de la noción del pecado

Por supuesto que siempre las ha habido: pero antes los sacerdotes extraviados sabían que estaban equivocados, temían el juicio del “Empleador” y se iban a confesar.

Equívoco: disimular los intereses de la Iglesia para complacer al mundo

Eran tan frecuentes las escapadas (más que nada con mujeres, por lo demás) que se decía «peccato di pantalone pronta assoluzione». (pecado de pantalones pronta absolución). Pero entre el pecado y la absolución había, de hecho, una confesión.

Hoy ya no está claro qué es un pecado, tanto es así que entre las cosas tontas que hemos leído en estos días también está lo siguiente: si un sacerdote sodomiza a un seminarista de 17 años, es  algo gravísimo; si en cambio tiene 18 años no hay nada malo.

No nos estamos mofando, son sacerdotes jesuitas a la cabeza de la “Iglesia del cambio” que escriben libros para llegar, sin dificultades, a explicar que la vieja moral sexual del Magisterio es de hecho vieja, y está lista para ser desguazada.

La familia está compuesta por un padre y una madre, pero queremos juguetear. Y la castidad y el celibato, también queremos ridiculizarlos. Entonces, si hay una obsesión por seguir la moral vigente, según la cual todo está permitido, ¿por qué un sacerdote no debería tener relaciones sexuales con un seminarista?

Los sacerdotes pecan como siempre han pecado, pero han dejado de darse cuenta de lo que está bien y lo que está mal: esto es lo nuevo.

Un cambio de mentalidad

El verdadero escándalo no son los sacerdotes pedófilos, sino una Iglesia que está avergonzada de su historia, de su enseñanza tradicional, en última instancia de sí misma.

Cuando no se avergonzaba, se distinguía entre “los hombres de Iglesia” y “la Iglesia”: los primeros son pecadores, pero la segunda es impecable al anunciar la verdad.

En resumen, si un sacerdote, por ejemplo, dejaba embarazada a una parroquiana, se decía que había dejado encinta a una feligresa, no se decía que estaba viviendo su vocación de una manera más adulta y moderna.

Llamar las cosas por su nombre

Los cristianos se equivocaban como todos los demás, pero tenían el coraje de llamar a las cosas por su propio nombre y de permanecer en el mundo con un juicio que era diferente al del mundo.

Hoy, por el contrario, hay una Iglesia que sigue al mundo en busca de aplausos, una tentación diabólica. Y, como  castigo por haberse dejado engatusar ingenuamente por lo políticamente correcto, ahora son juzgados y condenados.

Michele Brambilla – Traducido de Il Giornale

fuente

2 nov 2017

¡VERGÜENZA! Traición a miles de santos y mártires



A 500 AÑOS DE LA “REFORMA PROTESTANTE”, 
NADA QUE CELEBRAR.

 

A 500 años de la Reforma Protestante, ó, a mejor decir, de la Revolución Protestante, en el Vaticano, y desde allí a todo el orbe católico, se apoya e incentiva a la celebración del Cisma más grande en toda la historia de la Iglesia. Apoya el Vaticano y anima a celebrar al heresiarca por antonomasia, Martín Lutero, a celebrar su acérrimo ataque a Dios, a Su Iglesia, al Santo Sacrificio de la Misa, a Su Madre la Santa Virgen María, al Papa, a Sus Santos, y a todos aquellos que por Cristo y Su Iglesia afirmaron y confirmaron su amor y fe firmando con sangre.
Aquellas ciudades a las cuales el Protestantismo sometió bajo su aberrante rostro y pestilente plana sufrieron en carne propia la soberbia y el odio que éste aun hoy destila. A todo Fiel Católico, a fuerza de ejecución y tortura, se lo sometió a punto tal de verse así impelido a abandonar sus tierras o a convertirse al Protestantismo. A modo de ejemplo, vaya lo que se da en llamar, “La Conquista de Irlanda”, genocidio éste de los más importantes. Al comenzar Enrique VIII su persecución contra la católica Irlanda, existían más de mil Monjes Dominicos, de los cuales solo dos sobrevivieron. Así se desató una guerra que duraría siglos entre protestantes y católicos.
Año es este en el cual se cumplen 500 años del Cisma. Año en el que a la par, en lugar de volver a condenar la Herejía Protestante con renovada fuerza, se la “Concelebra”, en clara unión entre el Clero y la Secta Protestante, en varias Parroquias de Argentina.

Así decía Martín Lutero:


Cuando hayamos aniquilado la Misa, habremos aniquilado el Papado en su totalidad. Porque es sobre la Misa, como sobre una roca, que el Papado se apoya con sus Monasterios, sus Obispados, sus Colegios, sus Altares, sus Ministros, y sus Doctrinas. Todo esto se derrumbará necesariamente cuando sea derribada su Misa Sacrílega y Abominable.” (Libelo contra Enrique VIII - Heresiarca Martín Lutero).

Así decía San Francisco de Sales:

Con los herejes: con quienes propagan herejías contra la religión católica, hay que ser fuertes y no permitir que se les apoye ni se les alabe, porque el mal que pueden hacer es muy grande.”
A lo cual, y de manos de éste gran Santo, concluimos que, ó se está con la Doctrina, ó se está en contra de la misma. Aquellos que pretendan apelar a la “Libertad Religiosa”, al “Ecumenismo”, o a cualquier figura conceptual hija del actual y reinante relativismo, sepa que Cristo Es Uno, Su Iglesia y Doctrina son Una, y no admiten por tanto, adornos y disfraces, no existe aquello que dan en llamar “Estrategia”, no existe término medio; abomina Dios de todo esto y por su boca lo vomitará. Se está con Dios o contra Dios.
El Sacrosanto Concilio de Trento condenó el Protestantismo y hoy es aceptado y sobre todo “Celebrado” por quien fue nombrado Vicario de Cristo, el Papa Francisco I.
Esta profanación de la Casa de Dios, llamada “Concelebración”, es total responsabilidad del Papado y el Clero que lo permite a la par que ataca a los Fieles que defienden la Fe. Es hacer caso omiso de las atrocidades cometidas por los luteranos, de las blasfemias e insultos a lo más sagrado, el Cuerpo de Cristo; es celebrar las matanzas y el odio Luterano a la Santa Iglesia.
A día de hoy, aquella Iglesia que en un tiempo, abierta, clara, y firmemente condenó a Martín Lutero y su Herejía Protestante, ha dejado de existir, así por tanto, quien debiera ser luminaria para el mundo, ha dejado de serlo, dejando abandonado y a la deriva a aquel rebaño sobre el cual el mismo Cristo dió potestad. Acéptese o no y a pesar de muchos, al Papa Francisco I le cabe la máxima responsabilidad al respecto.

Con Dios o contra Dios.

 P/D El Vaticano hasta ha sacado un estampilla festejando esta herejía

17 ene 2016

Un Jesús ‘tolerante’ a todo no es el verdadero Jesús



Un verdadero perdón es algo muy diferente 
de un débil "dejar correr"
Una concepción del ‘evangelio’ donde ya no exista la gravedad de la ira de Dios, no tiene nada que ver con el evangelio bíblico

“Un Jesús, que está de acuerdo con todo y con todos, un Jesús sin su santa ira, sin la dureza de la verdad y el amor verdadero, no es el verdadero Jesús, como lo muestra la Escritura, sino una miserable caricatura.

“Una concepción del ‘evangelio’ donde ya no exista la gravedad de la ira de Dios, no tiene nada que ver con el evangelio bíblico.

“Un verdadero perdón es algo muy diferente de un débil ‘dejar correr’.



Puerta del Perdón, en la Catedral de Sevilla

“El perdón es exigente y pide a ambos -a quien lo recibe y a quien lo da- una postura que se refiere a la totalidad de su ser. Un Jesús que aprueba todo es un Jesús sin la cruz, porque entonces no es necesario el dolor de la cruz para sanar al hombre.

“Y, en efecto, la cruz es cada vez más expulsada de la teología y falsamente interpretada como una desgracia o como un asunto puramente político.

“La cruz como expiación, como la ‘forma’ del perdón y de la salvación no se ajusta a un cierto patrón del pensamiento moderno.

“Sólo cuando se ve claramente el nexo entre la verdad y el amor, la cruz se hace comprensible en su verdadera profundidad teológica. El perdón tiene que ver con la verdad, y por lo tanto requiere la cruz del Hijo, y exige nuestra conversión. El perdón es, precisamente, la restauración de la verdad, la renovación del ser y la superación de la mentira escondida en cada pecado.

“El pecado es siempre, por su propia esencia, un abandono de la verdad del propio ser y por lo tanto de la verdad querida por el Creador, Dios”.

Card. Joseph Ratzinger, “Guardare a Cristo”, p. 76, Jaca Book 1986