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22 nov 2017

Respondiendo los Argumentos Científicos del Movimiento Homosexual

Las falacias de los argumentos de los homosexuales

En su esfuerzo por dar a la homosexualidad todas las apariencias de normalidad, el movimiento homosexual se ha vuelto hacia la ciencia, intentando probar tres premisas mayores:

1. la homosexualidad es genética o innata;
2. la homosexualidad es irreversible;
3. una vez que hay animales que tienen vida sexual con otros del mismo sexo, esto es natural.

El artículo concluye que la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.

(del libro gratuito “En defensa de una Ley Superior“)

Los medios de comunicación de izquierda han sido bien solícitos es anticipar el veredicto de la comunidad científica y difundir la falsa impresión de que la ciencia valida la homosexualidad. La evidencia no podía ser más contraria.
Contenido [mostrar]

“¡YO NACÍ ASÍ!”
El argumento de que los homosexuales “nacieron de esa forma” o de que “está en los genes” condujo a la búsqueda del gen homosexual. Tres proyectos de investigación han sido comúnmente mal interpretados para apoyar esa conclusión, en especial las del Dr. Simon LeVay, Drs. J. Michael Bailey y Richard C. Pillard, y el Dr. Dean Hamer.[1]La Asociación Médica Católica resume los hechos en Homosexualidad y Esperanza:
Varios investigadores han tratado de encontrar una causa biológica para la atracción entre seres del mismo sexo. Los medios de comunicación han promovido la idea de que un “gen gay” ya ha sido descubierto… pero, a pesar de varios intentos, ninguno de los muy difundidos estudios… ha sido científicamente demostrado. Varios autores han revisado cuidadosamente estos estudios y encontrado que, no sólo éstos no prueban la base genética para la atracción por el mismo sexo, sino que ni siquiera contienen tales declaraciones…
Si la atracción por el mismo sexo estuviese genéticamente determinada, entonces uno esperaría que unos gemelos sean idénticos en sus atracciones sexuales. Hay, sin embargo, numerosos informes sobre gemelos que no son idénticos en sus atracciones sexuales.[2]

El Estudio del Dr. Simon LeVay
La investigación del Dr. LeVay sobre el cerebro se centró en un grupo de células del hipotálamo, conocidas como INAH-3. El alegó haber encontrado “sutiles, pero significativas diferencias” entre las estructuras cerebrales de hombres homosexuales y normales. Concluyó el resumen de su estudio diciendo: “Este descubrimiento … sugiere que la orientación sexual tiene un substrato biológico.”[3]Fue tanta y tan descabellada la especulación que siguió a la publicación de su estudio en Science Magazine que el Dr. LeVay se sintió impelido a enmendarlo. En 1993, escribió:
Para muchas personas, encontrar una diferencia en la estructura cerebral entre hombres homosexuales y normales equivale a probar que los homosexuales “nacieron así”. Una y otra vez he sido definido como alguien que “probó que la homosexualidad es genética,” o algo así. No lo hice. Mis observaciones fueron hechas sólo en adultos que fueron sexualmente activos por un período considerable de tiempo. No es posible, sólo con base en mis observaciones, decir si las diferencias estructurales estaban presentes al nacer y más tarde, influenciaron a los hombres a hacerse homosexuales o normales; o eso apareció en su vida adulta, quizá como resultado de su conducta sexual.[4]
La insistencia del Dr. LeVay en observaciones más amplias es el punto capital de todo el problema. Explicando la investigación hecha por un profesor de neurología en la Universidad de California en Berkeley, Dr. A. Dean Byrd dice:

Yo he “curado” a muchos homosexuales… Cualquier otro investigador puede examinar mi trabajo porque está todo documentado en 10 años de cintas magnéticas…Es un mito destructivo que “una vez que es homosexual, siempre lo será.” (L. Hatterer)
[El Profesor] Breedlove concluyó que el cerebro no es un órgano estático. Cambia y se ajusta al comportamiento, y, en el caso de este estudio, específicamente a la conducta sexual. Así, cuando alguien se empeña en un acto particular repetidamente, ciertos circuitos nerviosos en el cerebro son fortalecidos. Como el cerebro es un órgano físico, cuando estos circuitos nerviosos son fortalecidos, se reflejan en la química del cerebro. Alguien que repetidamente juega basketball tendrá un cerebro diferente de alguien que estudia técnicas aeroespaciales. Asimismo, el comportamiento de una persona homosexual probablemente produce un resultado diferente en la estructura cerebral. Estudios como el de LeVay, aunque sean concluyentes, sólo muestran lo que la ciencia ya sabe sobre el cerebro.[5]

El Estudio de Bailey y Pillard
El Estudio de Bailey y Pillard se centró en mellizos. Como el estudio de la Asociación Médica Católica señala, si la homosexualidad es genética, gemelos, que comparten el mismo código genético, deberían tener actitudes idénticas hacia la homosexualidad.Sin embargo, los Drs. Bailey y Pillard no pudieron establecer esto. Su estudio probó que, cuando un gemelo era homosexual, había aproximadamente una probabilidad 50/50 de que el otro gemelo fuese también homosexual. No obstante, esta probabilidad 50/50 es más bien atribuible a la influencia de la cultura circundante y del otro gemelo.
Como el Dr. Byrd señala: “El único punto esencial que emerge de la investigación de Bailey y Pillard realmente probó que las influencias ambientales juegan un fuerte papel en el desarrollo de la homosexualidad.” [6]
El estudio del Dr. Dean H. Hamer
Mucha gente equivocadamente cree que Dr. Dean H. Hamer descubrió el “gen gay”. Su investigación del ADN se centró en una pequeña parte del cromosoma X en la posición Xq28. Después de analizar esta secuencia de ADN en cuarenta pares de hermanos homosexuales, concluyó que los mismos marcadores genéticos existían en el 83% de ellos.Sus hallazgos fueron mal interpretados, como siendo una prueba de que la homosexualidad es genética y hereditaria. Sin embargo, como el mismo Dr. Hamer afirmó:
La herencia no produjo lo que originalmente esperábamos encontrar: una simple herencia Mendeliana. De hecho, nunca encontramos una sola familia en la cual la homosexualidad hubiese sido transmitida según el obvio modelo que Mendel observó en sus plantas de guisantes.[7]

Neil Whitehead, un Ph.D. en bioquímica, afirmó: “la homosexualidad no es innata, no es dictada genéticamente, no es inmutable.”
El Dr. George Rice realizó de nuevo la investigación del Dr. Hamer, pero con diferentes resultados. Esto llevó al Dr. Rice a concluir: “Nuestros datos no apoyan la presencia de un gen de amplio efecto que influencie la orientación sexual en la posición Xq28.” [8]
Neil Whitehead, un Ph.D. en bioquímica, afirmó: “la homosexualidad no es innata, no es dictada genéticamente, no es inmutable.” [9]

“¡YO NO PUEDO CAMBIAR!”
Nada es más devastador para la agenda homosexual que la afirmación de que la homosexualidad puede ser curada. En realidad, si la homosexualidad es genética, dominante e irreversible, entonces nadie es responsable por los actos sexuales desviados, una vez que no pueden ser resistidos o cambiados cuando se desea.Sin embargo, el hecho innegable es que, actuando sobre el comportamiento homosexual pasado, la terapia psicológica probó ser exitosa en disminuir, y en muchos casos aun eliminar, la atracción indeseada por el mismo sexo. Esto desconcierta a los activistas homosexuales radicales.[10]

Por esta razón, el movimiento homosexual ostenta una marcada aversión hacia aquellos que sugerirían que la homosexualidad puede ser revertida o curada. Por ejemplo, el Dr. C. C. Tripp declaró en un debate público: “No hay una solo caso registrado de un cambio en la orientación homosexual que haya sido considerado válido por jueces externos o por análisis.”[11]
Basado en su experiencia profesional, el Dr. Lawrence Hatterer respondió:
Yo he “curado” a muchos homosexuales… Cualquier otro investigador puede examinar mi trabajo porque está todo documentado en 10 años de cintas magnéticas. Muchos de estos pacientes “curados” (prefiero usar la palabra “cambiados”) se han casado, tenido familias y vivido felices. Es un mito destructivo que “una vez que es homosexual, siempre lo será.”[12]
Enfrentado con la evidencia, aun el Dr. Robert L. Spitzer, que dirigió la campaña en la Asociación Psiquiátrica Norteamericana para suprimir la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos, cambió de opinión: “Como la mayoría de los psiquiatras, yo pensaba que el comportamiento homosexual no podía ser resistido, pues la orientación sexual no podía ser cambiada. Ahora creo que eso es falso: algunas personas pueden y hacen el cambio.”[13]

El Dr. Robert L. Spitzer, que dirigió la campaña en la Asociación Psiquiátrica Norteamericana para suprimir la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos, cambió de opinión: “Como la mayoría de los psiquiatras, yo pensaba que el comportamiento homosexual no podía ser resistido, pues la orientación sexual no podía ser cambiada. Ahora creo que eso es falso: algunas personas pueden y hacen el cambio.”
En un estudio sobre 200 ex-homosexuales, hecho el año 2001, el Dr. Spitzer encontró que la religión era una razón muy importante por la que muchos abandonaron la homosexualidad: “Las dos razones más comunes para buscar el cambio eran que vivir como un homosexual o lesbiana ya no era satisfactorio (81%) y que el comportamiento homosexual estaba reñido con la religión del participante (79%).”[14]
Los resultados significativamente positivos de la terapia simplemente no pueden ser ignorados. La declaración Homosexualidad y Esperanza, de la Asociación Médica Católica observa:
Varios terapeutas han escrito extensamente sobre los resultados positivos de la terapia para la atracción homosexual. Revistas de tratamiento para las atracciones no deseadas hacia el mismo sexo muestran que es tan exitoso como el tratamiento para problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se libera de los síntomas y otro 30% experimenta una mejoría.
Relatos de algunos terapeutas han sido igualmente positivos… Esto es sólo una muestra representativa de los terapeutas que relatan resultados exitosos en el tratamiento de personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo.[15]
Si la terapia para la atracción no deseada por el mismo sexo registra una tasa de éxito del 30% (y otro 30% son parcialmente curados) en la sociedad hedonista de hoy, ¿cuánto más éxito se podría esperar en una cultura verdaderamente católica que proporcione todos los elementos para la práctica de la virtud?

“SI LOS ANIMALES LO HACEN, ENTONCES DEBE SER NATURAL”
Conscientes de la debilidad científica de sus dos primeras premisas, los activistas homosexuales a menudo usan la tercera premisa basada en el comportamiento animal.El raciocinio que está por detrás de esta tercera premisa científica homosexual podría ser formulado así: “El comportamiento homosexual se observa en animales. Los animales siguen sus instintos de acuerdo con su naturaleza. Por tanto, la homosexualidad está de acuerdo con la naturaleza animal. Una vez que el hombre es también animal, entonces la homosexualidad debe también estar de acuerdo con la naturaleza humana.”
¿El infanticidio y el canibalismo son también parte de la naturaleza humana?
Esta tipo de raciocinio homosexual es insostenible. Quienes lo aplican a actos aparentemente homosexuales entre animales deben aceptar también otras formas de comportamiento animal, tales como el que los padres maten a sus descendientes, o que algunas especies se devoren entre sí, pues están de acuerdo con la naturaleza animal.[16]Aplicando este raciocinio al hombre (porque también es animal) forzaría a aceptar la conclusión absurda de que el infanticidio y el canibalismo están de acuerdo con la naturaleza humana.[17]
No existe en animales un “instinto homosexual”
Cualquiera que se ocupe de la más elemental observación animal es forzado a concluir que la “homosexualidad” animal, el infanticidio y el canibalismo son excepciones al comportamiento normal animal. En consecuencia, no se puede hablar de ellos como de instintos en la naturaleza animal. Estas formas observables y excepcionales de comportamiento animal resultan de otros factores que están más allá de los instintos normales.
Explicando el problema: estímulos que se chocan e instintos confusos
Explicando el problema de estos comportamientos, la primera observación debe ser el hecho de que los instintos animales no están atados por el determinismo absoluto de la leyes físicas que gobiernan el mundo mineral. En varios grados, todos los seres vivos pueden adaptarse en algo a las circunstancias. Ellos responden a estímulos internos o externos.En segundo lugar, la cognición animal es puramente sensorial, limitada a sonidos, olores, tacto, gustos e imágenes. Así, ellos no tienen la precisión y claridad de la percepción intelectual humana. Por lo tanto, no es raro que los animales confundan una sensación con otra o un objeto con otro.
Los instintos mueven un animal hacia un fin de acuerdo con su naturaleza. Sin embargo, la confianza espontánea del impulso instintivo puede sufrir modificaciones en su curso, cuando otras imágenes sensoriales, percepciones o memorias pueden entrar en juego como nuevos estímulos que afectan el comportamiento del animal. También, el conflicto de dos o más instintos puede a veces modificar el impulso original.
En el hombre, cuando dos reacciones instintivas se chocan, el intelecto determina el mejor camino a seguir, y la voluntad entonces refrena un instinto mientras estimula el otro.
Con animales, dada la ausencia de intelecto y voluntad, cuando dos impulsos instintivos chocan, prevalece aquel más favorecido por las circunstancias. Esto resulta en casos observables de “infanticidio” animal, canibalismo y “homosexualidad.”
“Infanticidio” animal
Sarah Hartwell explica que gatos matan sus gatitos como resultado de recibir señales mezcladas de sus instintos:La mayoría de las gatas pueden conmutar entre “el modo de jugar” y “el modo de cazar” para no dañar a sus crías. En las gatas este desconectar del “modo de cazar” puede ser incompleto y, cuando ellas están muy excitadas con el juego, el instinto “cazador” se refuerza y ellas pueden matar a los gatitos. El instinto de caza es tan fuerte, y es tan duro desactivarlo cuando la presa está presente, que el descuartizar y aun el comer los gatitos puede seguirse… Compare el tamaño, sonido y actividad de gatitos con el tamaño, sonido y actividad de la presa. Ambos son pequeños, tienen voces chillonas y tienen movimientos rápidos y erráticos. Todo esto dispara el comportamiento cazador. En la gata, el comportamiento maternal no siempre puede sobrepasar el comportamiento cazador y ella trata a los gatitos exactamente del mismo modo como trataría a una presa pequeña. Sus instintos están confundidos.[18]
Canibalismo animal
A respecto del canibalismo animal la revista Iran Nature and Wildlife Magazine comenta:[Un] caníbal es un animal que se alimenta de otros de su propia especie… Alrededor de 140 especies diferentes muestran tendencias caníbales en varias situaciones. El canibalismo es más común entre vertebrados inferiores e invertebrados, a menudo debido a que el animal depredador confunde a uno de su especie con una presa. Pero también ocurre entre pájaros y mamíferos, especialmente cuando la comida es escasa.[19]
Comportamiento animal “homosexual”
Exactamente porque los animales carecen de razón, sus medios de expresar sus estados afectivos (temor, placer, dolor, deseo, etc.) son limitados. Los animales carecen de los ricos recursos de que el hombre dispone de adaptar su modo de hablar, mirar y hacer gestos para expresar sentimientos. En consecuencia, los animales a menudo expresan ambiguamente sus estados afectivos. Ellos piden prestadas, por así decir, las manifestaciones del instinto de reproducción para manifestar los instintos de dominio, agresividad, temor, gregarismo, etc.Un ejemplo típico de este fenómeno puede ser visto con bonobos. Estos mamíferos de la familia de los chimpancés mantienen un comportamiento aparentemente sexual. Estas actitudes sexuales son su manera de expresar dominio, temor, aceptación y otros estados afectivos. Así, Frans B. M. de Waal, que pasó cientos de horas observando y filmando bonobos, dice:
Hay dos razones para creer que la actividad sexual [comportamiento] es la respuesta del bonobo para evitar conflicto. Primero, cualquier cosa, no solamente el alimento, que despierta el interés de más de un bonobo a la vez tiende a resultar en contacto sexual. Si dos bonobos se aproximan a una caja de cartón lanzada dentro de su cerca, ellos rápidamente montarán encima del otro antes de jugar con la caja. Tales situaciones conducen a riñas en la mayoría de las otras especies. Pero los bonobos son enteramente tolerantes, quizá porque ellos usan el sexo para apartar la atención y diluir la tensión.
Segundo, la actividad sexual de los bonobos a menudo ocurre en contextos agresivos sin relación alguna con la comida. Un macho celoso podría expulsar a otro lejos de la hembra, después de lo cual los dos machos se reúnen y realizan un frotamiento de los órganos sexuales. O después de que una hembra golpea a una cría, la madre de esta última puede embestir a la agresora, acción que es inmediatamente seguida por un frotamiento de los genitales entre las dos adultas.[20]
Otra explicación para el comportamiento aparentemente “homosexual” entre animales es la confusión al identificar al otro sexo. Mientras más bajas sean las especies en la escala animal, más tenues y difíciles de detectar son las diferencias entre sexos, llevando a confusiones más frecuentes.
En todo caso, permanece el hecho de que, cualesquiera sean las apariencias que el comportamiento animal “homosexual” pueda asumir, ellas no vienen de un instinto “homosexual” que sea parte de la naturaleza animal. El Dr. Antonio Pardo, Profesor de Bioética en la Universidad de Navarra, España, explica:
Hablando en términos precisos, la homosexualidad no existe entre animales… Por razones de supervivencia, el instinto reproductivo entre animales es siempre dirigido hacia un individuo del sexo opuesto. Por tanto, un animal nunca puede ser homosexual como tal. Sin embargo, la interacción de otros instintos (particularmente el dominio) puede resultar en comportamiento que parezca ser homosexual. Tal comportamiento no puede ser considerado equivalente a una homosexualidad animal. Todo esto significa que el comportamiento sexual animal abarca aspectos más allá de la reproducción.[21]

Concluyendo, la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.


10 mar 2012

Cientificismo, secularismo y racionalismo


  Los obstáculos que se oponen a la evangelización 
y el modo de superarlos.

Autor: Josep Maria Montiu de Nuix | Fuente: Catholic.net

Tres obstáculos a superar

Raniero Cantalamessa, en su calidad de predicador pontificio, ha tratado recientemente sobre algunos de los obstáculos que se oponen a la evangelización en no pocos países de vieja tradición cristiana. Los obstáculos por él considerados son el cientificismo, el secularismo y el racionalismo. En este artículo se reflexiona sobre estos obstáculos y el modo de superarlos.


El cientificismo ateo

Por cientificismo ateo entendemos aquella corriente de pensamiento que afirma que el único conocimiento válido es el de las ciencias positivas, excluyendo pues de dicha validez al pensamiento religioso, al teológico, al ético y al estético. Así, "2+2=4" es conocimiento válido, pero "Dios existe" y "no es lícito asesinar" no son conocimientos válidos. El cientificismo ateo presenta los rasgos siguientes: 1) únicamente la ciencia positiva es un conocimiento objetivo y serio de la realidad, 2) el conocimiento científico es incompatible con la fe, ya que ésta se basa en presupuestos indemostrables y no falsables (esto es, no susceptibles de ser demostrada su falsedad), 3) la ciencia ha demostrado que es innecesaria la hipótesis de la existencia de Dios y 4) la gran mayoría de los científicos son ateos.

El cientificismo ateo es insostenible. Al prejuicio cientificista objetamos su falta de memoria y de realismo, ya que muchísimos científicos de primera línea son creyentes. Además, no pertenece al objeto de la ciencia positiva afirmar ni negar la existencia de Dios, ni decir si se ha de asesinar o no. Es necio pues asentar que la ciencia positiva afirma que podemos prescindir de la existencia de Dios. A su vez, es de sentido común afirmar que existe algo más allá de la ciencia positiva. Así, por ejemplo, sabemos que "hemos de respetarnos", aunque al respecto nada pueda decirnos la ciencia positiva. Además, ¿por qué dicen que lo "serio·" es afirmar que "2=2" y que no lo es decir que "debemos respetarnos"? La inaceptabilidad del cientificismo ateo coexiste con la gran valía de la ciencia positiva, la cual es compatible con la fe católica, porque la verdad no puede contradecir a la verdad.

Propiedad importantísima del cientificismo ateo es su gran infravaloración de la persona humana. El hombre queda convertido en un mero punto inextenso que es engullido por un magnífico Cosmos "infinito". El hombre Cristo es entonces una insignificancia marginal en el impresionante mar de la historia. Así se llega a anteponer el gigantesco macrocosmos al infinitesimal ser humano. Así se desemboca en un océano sin fondo, cuyas aguas son las de un penoso anti-humanismo ateo.

La belleza, bondad y valor extraordinario de la verdad cristiana resulta mucho más importante que la refutación del cientificismo ateo. En efecto: Dios, -Bondad y Amor infinitos-, ha creado al hombre a imagen de un ser de Belleza infinita, Dios. El todopoderoso Hijo de Dios se abaja, encarna, nace, se hace niño que no habla... y muere, por el hombre, por su salvación. El Hijo de Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga "Dios". Esto es, el hombre, aunque infinitamente superado por Dios, por la gracia santificante participa de la naturaleza divina, habita en su alma la Trinidad, vive vida sobrenatural y es heredero de la vida de la gloria eterna. El ideal máximo es la santidad.

Se constata que la contraposición entre religión católica y cientificismo ateo es un shock o choque super-impactante. Por un lado, en el cientificismo ateo, el padre Cosmos devora a su diminuto hijo, ser humano. Por otro, en la religión católica, un Hombre, Cristo, es el centro del Cosmos y de la historia, Dios, Ser supremo e infinito, persona divina, Creador del cielo y de la tierra, redentor que deifica, alfa y omega, fin supremo. Así el super-vértigo mortecino del cientificismo ateo tiene ante sí al humanismo teocéntrico del cristianismo, canto a la vida, resplandor refulgente y amable afirmación super-sobrecogedora de la inmensa dignidad de la persona humana.


El secularismo

Distinguimos entre secularidad y secularismo. Una legítima secularidad sostiene equilibradamente una legítima autonomía del ámbito terreno. Esta justa mesura conlleva que la religión no se entremete en el ámbito terreno y que éste, a su vez, no se excede, respetando lo religioso. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Distinción ésta que no olvida que también el César es de Dios. Por secularismo entenderemos aquí la afirmación del siglo temporal por oposición al siglo futuro o eternidad. El secularismo opone lo secular (mundo) a lo religioso o más allá. Las consecuencias del secularismo son dramáticas. El secularismo daña gravemente a la religión, pues sin el horizonte de la eternidad la fe se apaga. Sin la existencia del cielo los cristianos seríamos los más desgraciados de los hombres (cf. 1 Cor. 15, 19).

Por la fe poseemos un gran conocimiento del más allá. El proceso histórico de la revelación del más allá es progresivo, es decir, ascendente, alcanzando en el Nuevo Testamento la cumbre de su ascensión o plenitud de la revelación. En este itinerario histórico lo primero es la afirmación de la existencia de Dios, sólo después está la del más allá. Se cree en el más allá porque se cree en Dios, no viceversa. Así, pues, en este iter la creencia en Dios no surge como necesidad de creer en un premio ultraterreno, como afirmaban Marx, Feuerbach y Freud. A su vez, en la revelación neotestamentaria el cielo se funda en el poder divino y la resurrección de la carne en la de Cristo Dios. Consideraré ahora el encuentro entre las concepciones cristiana y pagana sobre el más allá. Pitágoras concebía la muerte como liberación de la cárcel del cuerpo. Platón heredó esta doctrina y la fundó en la espiritualidad e inmortalidad del alma. Pero esta filosofía platónica era únicamente patrimonio intelectual de una minoría. La concepción pagana generalizada era la de la vida mortal como vida verdadera, a la que sucedía una vida de sombras, oscura, no verdadera. El gozoso anuncio cristiano de la existencia de una vida eterna inmensamente superior impresionó a los paganos y triunfó.

La concepción del más allá que triunfó sobre el paganismo, ha conocido un retroceso en la mentalidad actual. ¿Qué ha ocurrido? Los ateísmos decimonónicos, particularmente el marxista, afirmaron que la creencia en el más allá aliena al hombre de ocuparse en lo terreno. La eternidad se hizo sospechosa. De la sospecha, por el materialismo y el consumismo, se pasó al olvido y al silencio de la eternidad. Incluso se menospreciará que un hombre culto considere la eternidad. La fe en la eternidad devendrá tímida y reticente. No pocos creyentes dejarán de tomarse en serio la eternidad. ¡Trágico! Suprimido el horizonte de la eternidad, el deseo natural de vivir siempre, ya distorsionado, se convierte en el deseo de vivir bien, aún a costa de los demás y, entonces, el sufrimiento se hace más doloroso (cf. 1 Cor. 15, 32).

Más importante que la refutación del secularismo es el resplandor de la creencia en la eternidad, especialmente cuando ésta va acompañada del testimonio de vida. Todo hombre posee un deseo natural de felicidad. "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti", escribió San Agustín. Este deseo de Dios, del más allá, es el deseo del hombre. Este deseo es un correlato del más allá. Este deseo no aliena, sino al revés. Pues no desprecia el mundo quién desea la eternidad, sino que no desea la vida quién no quiere vivir siempre. Pero, ¿cómo a una vida temporal puede corresponder una remuneración eterna? Ante esta objeción afirmamos que Cristo, Dios eterno y hombre temporal, Verbo encarnado, es lo eterno en lo temporal y ante Él cabe tomar una decisión de alcance eterno. Además, lo eterno no se limita a lo lejano, lo eterno no es sólo esperanza, es también presencia. Los creyentes, aunque inmersos en la temporalidad, poseemos ya la vida eterna, porque ésta consiste en conocer a Jesucristo. En el cielo se goza, ama y contempla a Dios, simultánea, eterna e intensamente. La gracia es ya el inicio de la gloria, su semilla, poseemos ya incoada la vida eterna, aunque aún no su plenitud. La presencia de la eternidad en el tiempo se llama Espíritu, Dios. Y el Espíritu habita en nosotros por la gracia santificante.

La fe en el más allá es muy importante para la evangelización. Sólo el cristianismo da respuesta a las grandes preguntas, particularmente a la siguiente: "¿A dónde vamos?". Porque el cristianismo dio una respuesta más plena a esta pregunta pudo interesar e introducirse en Inglaterra. Tal vez de manera análoga podrá reintroducirse en Europa. A este respecto los funerales suponen una ocasión de oro para la evangelización. Pero, la fe en la eternidad, no sólo es importante para la evangelización, importa también mucho para la propia vida como acicate o empujón hacia la santidad. Desde el horizonte de la eternidad, el peso de la tribulación es pequeño porque es pasajero, el peso de la eternidad es desmesurado, porque es eterno. La esperanza nos dice que la muerte es paso de las sombras a la realidad y no viceversa. ¡Vamos a la casa del Padre! Por el contrario, el debilitamiento de la idea de la eternidad nos debilita ante las pruebas de la vida y ante el sufrimiento. Sin creer en la eternidad incluso resulta duro cerrar los ojos ante un espectáculo inmoral.


El racionalismo

El racionalismo es una corriente de pensamiento que acentúa de tal modo el papel de la razón que llega a ser usurpadora, erigiéndose incluso en el juez último en materia de fe. Pero, la razón no es juez de la fe, sino que hay armonía entre ambas. La fe, como la conciencia moral, es racional sin necesidad de ser demostrada por la razón. Es una cerrazón dictatorial pensar que no ha de aceptarse otra cosa que lo que diga la razón. Es mucho más sensato afirmar que hay algo más que lo que ve la razón.

El racionalismo es inaceptable, pues el entendimiento finito y puramente humano, que no es otra cosa que la mente de un ser que es siempre niño, no es juez del entendimiento divino, infinito, omnisciente. Dios sabe más que el hombre. El hombre no vence a Dios. La balanza siempre se inclina del lado de Dios, el saber divino siempre pesa más que el saber humano. La fe católica es enseñanza verdadera. Afirmado de manera más breve: La fe es la verdad. La razón no es juez de la Verdad, sino que la verdadera razón es la que se somete a la verdad, la verdadera razón es razón verdadera, pero Cristo es la Verdad. La razón verdadera es la que se somete a la Verdad, la que se subordina a Dios, la que está rendida a los pies de Cristo Dios. Más es la Palabra que el hombre, más es la palabra divina e infalible que la palabra humana. En otras palabras, el fulgor y el esplendor de Cristo, brilla inmensamente por encima de la tenue luz encendida en la diminuta caña pensante.

Para convencer de la fe conviene no reducirse a un puro intelectualismo; mucho convendrá acompañar el argumento racional con la experiencia y el testimonio de vida. Experiencia de vida que comunicada es también camino hacia la fe. La sorpresa y lo numinoso son vías hacia la fe. El sentimiento de lo numinoso acompaña a todo hombre: hay un estremecimiento que embarga al encontrarse ante la revelación del misterio (tremendo y fascinante) de lo sobrenatural. También la misma creación, al ser signo divino, al ser contemplada puede provocar la experiencia de lo numinoso y de lo divino. Análogamente, consideraciones como el enamoramiento, una gran alegría y el nacimiento del primer hijo, pueden levantarnos a una nueva dimensión. Si recuperásemos la capacidad de sorprendernos ante estas realidades, estaríamos mejor dispuestos para recuperar el sentido de lo sagrado.

La experiencia de la irrupción repentina e inesperada de lo sagrado si es acogida como vivencia profunda dará lugar a los testigos de Dios. Entre los santos testigos de Dios merecen particular atención los místicos. Estos son los que han padecido a Dios, es decir, han tenido una experiencia especialísima de Dios Amor. Los místicos se han encontrado con el Dios vivo, han experimentado al Dios real, realísimo, y son testimonios de habérselo encontrado, pruebas vivas de Dios, gracias a ellos recibimos fulgores de la vida eterna. El hombre contemporáneo escucha con mayor gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan. Así, a Edith Stein, atea, la lectura de una obra de un testimonio místico la llevó al inmediato descubrimiento del Dios vivo.


A modo de conclusión: el esplendor de la fe

Hemos visto como brilla la fe sobre tres obstáculos: cientificismo, secularismo y racionalismo. En estos tiempos apasionantes en los que vivimos la existencia de estos grandes obstáculos no ha de ser un motivo de pesimismo, sino de optimismo. En el atletismo cristiano los obstáculos son medios para superarse, las cumbres son para conquistarlas; cuanto más altas sean, más esplendorosa será la victoria. La historia de la Iglesia nos muestra como no hay reto en el que Dios pierda. Un pequeño puñado de hombres, que en comparación con el inmenso mundo, eran como un reducido grupo de enanos o de hormigas bajo los pies de un gigante, lograron cambiarlo. No lo cambiaron ellos, sino el Espíritu Santo, el poder infinito de Dios, su energía incomparable. La Iglesia ha vencido frente a innumerables ideologías, herejías, sufrimientos y martirios. De aquel pequeño puñado de hombres, empapados en la herida ensangrentada de la mano de Cristo, se ha llegado a que en la actualidad hay mil doscientos millones de católicos, la cifra más grande de católicos desde la Creación del mundo. Los católicos estamos en compañía del Invencible, del Todopoderoso. Para vencer los obstáculos mencionados lo que necesitamos es dejar hacer a Dios, ser otros Cristos, estar muy unidos a Dios, ser santos. El mundo lo que necesita son santos. Unidos a Dios por el fervor de la oración. Unidos a Dios por la frecuencia de los santos sacramentos, Eucaristía y Penitencia. Unidos a Dios, siendo instrumentos de Dios y apóstoles de Cristo, lograremos grandes maravillas. Unidos a Cristo por el amor a Dios, un amor dispuesto a darlo todo por Él, dispuesto a alcanzar la plenitud. Entonces no sólo se superarán estos obstáculos, sino que el fruto será inmensamente superior. Brillará entonces la maravillosa, dichosa, cálida e incomparable antorcha de la fe amorosa, la fe que hace santos, apóstoles, hombres piadosos, enamorados, ¡Luz de Cristo, luz de Dios!


Sacerdote del Obispado de Solsona
Doctor en filosofía y matemático