Pidamos al Espíritu Santo para que sea elegido
un Papa que termine con el desquicio modernista y sus aberraciones litúrgicas, en medio de muchas otras.
Aberraciones cuyas puertas abrió el Concilio Vaticano II y que fueron aprovechadas por los enemigos de afuera, y de adentro del catolicismo.
Que Dios y la Virgen Santísima iluminen a la Santa Iglesia, a los cardenales electores y a todos nosotros.
