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1 may 2022

Igualdad total en el punto de partida, una injusticia

 

La familia, una institución educativa además de biológico y psicológico

igualdad en el punto de partida y la injusticia
La riqueza espiritual que existe en la familia numerosa

El socialismo y el comunismo buscan evitar las desigualdades que provienen de la herencia espiritual y biológica. Para ello tratan de eliminar la familia, educando a todos los niños en escuelas igualitarias estatales.

En todo momento se oye repetir que la justicia requiere que todos tengan las mismas oportunidades en el punto de partida de la vida. Por lo tanto, la educación y los mismos programas de estudios en diversas universidades deben ser iguales para todos. Quien tuviese más valor, fatalmente sobresaldría. El mérito encontraría su estímulo y su recompensa. Y la justicia ‒¡por fin!– imperaría sobre la faz de la tierra.

Un sofisma «cristiano»

Este modo de ver asume a veces una formulación con matices «cristianos» (¿y qué desatino no busca hoy un disfraz «cristiano»?). Dios –se argumenta– premiará al final de su vida a los hombres conforme a sus méritos, sin tomar en cuenta la cuna en la que cada uno nació. Desde la perspectiva de la justicia divina y para los fines de la eternidad, sería una negación del valor de los puntos de partida. Es loable, es digno, es cristiano, en ese caso, que los hombres intenten organizar su existencia terrenal de acuerdo con las normas de la justicia celestial. Y que, por lo tanto, las ventajas de la vida terrena también queden al alcance de todos y al final sean conquistadas por los más capaces.

* * *

Antes de examinar este principio en sí, es conveniente que notemos algunas de las aplicaciones que escuchamos aquí y allá.

La herencia y el derecho de propiedad

Hay hombres de negocios que consideran la herencia de la empresa un privilegio antipático. Sus hijos no son los dueños de la ella por derecho de herencia. Son empleados como los demás, comenzando desde abajo, es decir, de los cargos más modestos, y sólo ascenderán a la dirección de la empresa si fueren los más capaces.

La igualdad y la supresión de la religión

Hay familias ricas y de buena educación, que ven como un imperativo de justicia establecer un patrón único de primaria y secundaria. Que sean cerrados o reformados todos los establecimientos de enseñanza de diversos niveles que existen en la actualidad.

No son tan pocos los que, habiendo acumulado durante su existencia buenas economías, sienten un cierto malestar de conciencia ante la idea de transmitirlas a sus hijos: ¿ellos no se beneficiarán, ipso facto, de un privilegio antipático e injusto, adquiriendo bienes que no vinieron del trabajo propio, ni del mérito personal?

Así, la doctrina compulsoria de la igualdad de los puntos de partida se despliega en consecuencias que pueden derribar el régimen de la propiedad privada.

* * *

Antes de seguir adelante, importa tener en cuenta las contradicciones pintorescas en las que los defensores de estas tesis suelen caer.

Las contradicciones de estos «idealistas»

Idólatras del mérito como único criterio de justicia, favorecen generalmente las escuelas de pedagogía moderna, contrarias a premios y castigos, alegando que los castigos como las recompensas crean complejos. Y, de esta forma, la idea de mérito y ‒su corolario forzoso‒ que es la idea de culpabilidad, son eliminados de la educación de los futuros ciudadanos de una civilización basada en el mérito.

Por otro lado, los mismos endiosadores del mérito se muestran a menudo a favor de cementerios donde todas las sepulturas sean iguales. Así, al final de la existencia terrenal organizada según el criterio del mérito individual, y en el umbral de la vida eterna feliz o infeliz, según el mérito o la culpa, se excluye cualquier reconocimiento especial al mérito.

Tumbas iguales para el sabio insigne y para el hombre común; para quien dirigió a los pueblos y para aquellos que sólo se preocuparon con su propia vida; para la víctima inocente y para el asesino infame; para el promotor de cismas y herejías y para el héroe que vivió y murió defendiendo la Fe.

¿Cómo podemos explicar que se pueda, al mismo tiempo, endiosar tanto el mérito y negarlo completamente?

* * *

Sin embargo, la contradicción más asombrosa de estos partidarios de la igualdad de todos los puntos de partida, se muestra cuando, al mismo tiempo, se dicen entusiastas de la institución familiar. De hecho, ésta es por mil lados la rotunda negación de la igualdad de puntos de partida. Veamos por qué.

igualdad en el punto de partida y la injusticia
Ya en la Revolución francesa, Danton decía: «Los niños pertenecen a la república antes de pertenecer a sus padres» y Robespierre concluía: «la patria tiene el derecho de educar a sus hijos: ella no puede confiar esta misión al orgullo de las familias»

La herencia biológica y psicológica

Hay un hecho natural, misterioso y sagrado, que está íntimamente relacionado con la familia. Es la herencia biológica. Es evidente que algunas familias son más dotadas desde este punto de vista que otros; y que a menudo depende de factores ajenos al tratamiento médico o a una educación altamente higiénica. La herencia biológica tiene importantes reflejos en el orden psicológico. Hay familias en las que, a través de muchas generaciones, se transmite el sentido artístico, o el don de la palabra, o el tino médico, o la idoneidad para los negocios y así sucesivamente. La naturaleza misma –y, por tanto, Dios, que es el autor de la naturaleza‒ a través de la familia, quiebra el principio de la igualdad del punto de partida.

La familia, una institución educativa

Además, la familia no es meramente transmisora de un patrimonio biológico y psicológico. Es una institución educativa y, en el orden natural de las cosas, la primera institución educativa y de capacitación. Así, quien es educado por padres altamente dotados en términos de talento, de cultura, de educación o – lo que es capital‒ de moralidad, siempre tendrá un punto de partida mejor. Y el único modo de evitar esto es eliminar la familia, educando a todos los niños en escuelas igualitarias estatales, según el régimen comunista. Por lo tanto, existe una desigualdad hereditaria más importante que el patrimonio y que es una consecuencia directa y necesaria de la existencia de la familia.

La herencia patrimonial

¿Y la herencia del patrimonio? Si un padre tiene verdaderamente entrañas de padre, amará forzosamente más que a los otros a su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre. Por lo tanto, se guiará conforme a la ley cristiana si no ahorra esfuerzos, sacrificios ni vigilias, para acumular un patrimonio que ponga a su hijo al abrigo de tantas desgracias que la vida puede traer. En este afán, el padre habrá producido mucho más que si no tuviese hijos. Después de una vida de trabajo, este hombre expira, alegre por dejar a su hijo en condiciones propicias.

Imaginemos que, en el momento en que acaba de expirar, viene el Estado y, en nombre de la ley, confisca la herencia, para imponer el principio de la igualdad de los puntos de partida. ¿Esta imposición no es un fraude en relación al muerto? ¿Ella no pisotea los más sagrados valores de la familia, un valor sin el cual la familia no es familia, la vida no es vida, es decir, el amor paterno? Sí, el amor paterno que dispensa protección y asistencia al hijo –incluso más allá de la idea de mérito‒ simplemente, de modo sublime, por el simple hecho de ser hijo.

Y este verdadero crimen contra el amor paterno, como es la supresión de la herencia, ¿puede cometerse en nombre de la Religión y la Justicia?

Plinio Corrêa de Oliveira

Folha de S. Paulo, 11 de diciembre de 1968

26 mar 2022

Importancia de las tradiciones familiares

 

¿De dónde viene la inercia ante leyes que erosionan a la familia?

 De que no existan en los espíritus ideas firmes, principios sólidamente establecidos en las almas, y sí ideas vagas y fluctuantes, incapaces de dar energía a los corazones.

 


Aquella fuente de recuerdos y de afectos, de principios y de costumbres, que antes eran transmitidos de padres a hijos hoy perdura muy poco

 

La solución para evitar la introducción de leyes contrarias a la institución de la familia -además de la formación de un movimiento de opinión pública- consiste en imbuir a los hijos de las tradiciones familiares, pues, en cuanto estas perduraren, esos actos legislativos encontrarán una sana resistencia.

 

La tarea de hacer renacer las tradiciones en las familias puede y debe ser la obra de cada uno en su propia casa. Sólo se puede esperar la abolición de las leyes revolucionarias a partir de un gran movimiento de opinión.

 

Pero lo que cada uno puede hacer es reavivar en su ambiente el espíritu de familia. Así, hará a los suyos el mayor bien posible, y al mismo tiempo preparará la renovación de la sociedad. Porque es necesario que haya tradiciones sustentando las leyes, para que ellas tengan la fuerza que el asentimiento del corazón les proporciona; de la misma forma que es necesaria la educación familiar para sustentar las tradiciones, mantenerlas, hacer que ellas se tornen el principio de las costumbres, sin las cuales las buenas leyes no son nada, y contra las cuales las leyes nada pueden…

 

Transmisión de las «tradiciones de familia»

 

¿De dónde viene la inercia ante leyes que erosionan a la familia? De que no existan en los espíritus ideas firmes, principios sólidamente establecidos en las almas, y sí ideas vagas y fluctuantes, incapaces de dar energía a los corazones. ¿Y por qué las ideas en nuestros días fluctúan de ese modo? Porque las ideas-matrices, las ideas-principios no fueron impresas en el alma de los niños por padres en los cuales ellas habían sido inculcadas por las enseñanzas de los abuelos, a su vez imbuidos de esas verdades por los antepasados. En una palabra porque no hay más tradiciones en las familias.

 

 

Tradición y progreso

 

Había antaño una idea difundida de modo general, casi religiosa, asociada a la expresión «tradiciones de familia», entendida en su mejor importancia, que designaba la herencia de las verdades y de las virtudes, en el seno de las cuales se formaron las características que hicieron la duración y la grandeza de la Casa.


 Hoy en día esa expresión no dice nada a las nuevas generaciones. Estas surgen en un día para desaparecer al siguiente, sin haber recibido, y sin dejar después de ellas aquella fuente de recuerdos y de afectos, de principios y de costumbres, que antes eran transmitidos de padres a hijos y colocaban a las familias que les eran fieles por encima de las que los despreciaban. Toda familia que tiene tradiciones las debe, de modo general, a uno de sus antepasados, en el cual el sentimiento del bien fue más fuerte que en el común de los hombres, y al cual fueron dadas la sabiduría y la voluntad para inculcarlas a los suyos.

 

Progreso moral

 

La verdad es un bien “dice Aristóteles” y una familia en la cual los hombres virtuosos se suceden es una familia de hombres de bien. Esta sucesión de virtudes tiene lugar cuando la familia se remonta a un origen bueno y modesto, pues es propio de un principio el producir muchas cosas semejantes a sí mismo. Por lo tanto, cuando existe en una familia un hombre tan unido al bien que su bondad se comunica a sus descendientes durante muchas generaciones, de ahí se deriva necesariamente una familia virtuosa.

 

Todo hombre que quiera formar una «familia virtuosa» debe persuadirse enseguida de que su deber no se limita “como quiso Rousseau” a proveer a las necesidades físicas de su hijo mientras no tengan medios de proveerlas por sí mismos. Él le debe la educación intelectual, moral y religiosa.

 

El animal tiene la fuerza necesaria para atender a las necesidades corporales de la prole, y esto le basta. Pero el niño, ser moral, tiene muchas otras necesidades, y es por eso que Dios dio al padre de familia la autoridad para formar la voluntad de sus hijos y hacerlos entrar, mantenerse y progresar en el camino del bien. Esa autoridad, Dios la quiso permanente, porque el progreso moral es obra de toda la vida.

 

Según las intenciones de la Providencia, el progreso debe desarrollarse y crecer con la edad, y por eso es necesario que la familia humana no se extinga en cada generación. El vínculo familiar debe subsistir entre muertos y vivos, enlazar unas a otras todas las filiaciones de una misma descendencia, manteniéndose así durante siglos en las razas vigorosas.

 

(Mgr.Henri Delassus, L’Esprit Familial dans la Maison, dans la Cité et dans L’État, Société Saint-Augustin, Desclée, De Brouwer, Lille, 1910, pp.146 a 150)

24 feb 2022

Las aflicciones de la tercera familia

 



La mentalidad de la «tercera familia» es universal. Suspiran delante de la contradicción caótica de nuestros días, se aturden… y no pasan de esto. Ser coherentes les parece duro, desalmado, rígido. En una palabra, inhumano.

El diario nos trae noticias del caos en el mundo
Ante el caos de nuestros días, van siendo más raros los que consiguen sustentar ante él la despreocupación risueña y benigna de otrora

Vivimos en pleno caos.

Al leer esta frase inicial, habrá quien haya pensado: «¡Qué manera banal de comenzar éste artículo!»

Realmente, banal, banalísimo.

Y ese concepto, ya de por sí banal, lo presento en su forma más elemental y, por así decir, perogrullesca, para realzar hasta el paroxismo su banalidad. De este modo puedo hacer sentir a los lectores, incluso a los más optimistas, hasta qué punto es verdadero, evidente, indiscutible, que vivimos realmente en un caos. Ya que, en este caso, como muchos otros, banalidad es sinónimo de evidencia.

Esa sensación de lo caótico nos asalta a cada paso, en la vida cotidiana. En todo momento vemos personas cuyo procedimiento de hoy está en contradicción con el de ayer, y entrará en contradicción con el de mañana. A veces, en la misma conversación, e incluso en una misma frase, nuestro interlocutor exterioriza convicciones que la lógica señala como incompatibles entre sí. Y es cada vez más raro que encontremos personas que se manifiesten coherentes con algunos tantos principios fundamentales en todo cuanto piensan, dice y hacen.

En la apreciación de este cuadro, las personas se clasifican en tres principales familias de almas:

a) Unos “los menos numerosos” comprenden, admiran y aplauden la coherencia. Por esto, estigmatizan la ilogicidad del ambiente y le imputan los peores frutos presentes y futuros;

b) otros cierran los ojos y, cuando no pueden dejar de verlo, procuran justificarlo: la contradicción sería, según ellos, la ruptura necesaria del equilibrio ideológico de otras eras, el efecto típico del tumultuar fecundo de las épocas de transición. Por esto, la contradicción no produce desastres, sino en la epidermis de la realidad, y tiene que ser vista en último análisis, con benigna y sonriente indulgencia. La familia de almas que piensa de este modo era muy numerosa hasta hace algunos años. Pero viendo que el así llamado tumultuar fecundo de las contradicciones va tomando el cuño de una farándula de ritmo endiablado y consecuencias siniestras, van siendo más raros los que consiguen sustentar ante ella la despreocupación risueña y benigna de otrora;

El moderado esconde la cabeza como el avestruz
Una opción que aterroriza a las personas: por un lado, el caos entra como un tifón en su vida y, por otro lado, tener coherencia les parece duro, desalmado, rígido. En una palabra, inhumano.

c) bastante más numerosas son las personas que constituyen el tercer grupo o familia de almas. Suspiran delante de la contradicción caótica de nuestros días, se aturden… y no pasan de esto. Cambiar de posición les parece imposible. Pues aunque la contradicción las asuste, por otro lado, antipatizan, en lo más profundo de su alma, con la coherencia. Les gustaría prolongar, contra viento y marea, su mundo agonizante, que resulta del «equilibrio» de ideas contradictorias, las cuales se «moderan» unas a las otras, en amable coexistencia. Y como para esa familia de almas las ideas están hechas para flotar en el aire, sin relación con la realidad, no hay, según ella, el menor riesgo de que ese «equilibrio» de contradicciones venga a romperse algún día, perjudicando el pacato y buen ordenamiento de los hechos.

Esta situación, intrínsecamente desequilibrada, es vista por esta familia de almas como la quintaesencia del equilibrio. Y como la experiencia prueba irrefutablemente la inviabilidad de ese equilibrio, ella se encuentra delante de una opción que la aterroriza: por un lado, el caos entra como un tifón dentro de su casa y de su vida y, por otro lado, una coherencia que parece correcta tal vez en el plano de la lógica, pero dura, desalmada, rígida, en una palabra, inhumana. Trémulas delante de esta opción, las personas pertenecientes a esta familia de almas se detienen. Y se quedan suspirando de brazos cruzados, a la espera obstinada de alguna cosa que haga pasar el caos, sin que se tenga que implantar el reinado de la coherencia. Vamos a los ejemplos concretos, en relación a la tercera familia de almas.

Esta situación, intrínsecamente desequilibrada, es vista por esta familia de almas como la quintaesencia del equilibrio. Y como la experiencia prueba irrefutablemente la inviabilidad de ese equilibrio, ella se encuentra delante de una opción que la aterroriza: por un lado, el caos entra como un tifón dentro de su casa y de su vida y, por otro lado, una coherencia que parece correcta tal vez en el plano de la lógica, pero dura, desalmada, rígida, en una palabra, inhumana. Trémulas delante de esta opción, las personas pertenecientes a esta familia de almas se detienen. Y se quedan suspirando de brazos cruzados, a la espera obstinada de alguna cosa que haga pasar el caos, sin que se tenga que implantar el reinado de la coherencia. Vamos a los ejemplos concretos, en relación a la tercera familia de almas.

Las imposiciones de la dictadura de la mediocridad

¡Cuántos hogares hay que acogen con una sonrisa cómplice la novela de televisión inmoral, o el libro sentimental y sensual, que pinta con colores fascinantes la imagen de la vida más disoluta!

En este hogar se nutre la certeza de que tales ilusiones no producen sino efectos platónicos. Sin embargo, si el hijo o la hija se descarrían, declaran que «ya no entienden nada», y que «el mundo de hoy es un caos».

Cuántos propietarios proclaman ante de sus hijos o sus empleados las ideas más radicalmente igualitarias; toda superioridad de categoría es para ellos un insulto a la dignidad humana. (Esto no le impide por lo demás hacer buenos negocios y conseguir opulentos lucros…) Si su hijo, o su hija, se vuelven comunistas, se asustan. Si el empleado bien remunerado hace agitación, se desconcierta. No comprende que el caos y el desorden que él mismo predicó hayan producido frutos amargos de caos.

La incoherencia y el desorden de ideas les parece lo más cómodo
En esa familia de almas se profesa un cómodo y risueño desorden de ideas. Y por esto, dicha familia de almas se hunde en el susto y el llanto.

Sin embargo, en la misma familia que imaginamos, en que entran la novela y el libro inmoral, el padre y la madre a veces predican también, para mantener el equilibrio basado en la contradicción, algunos principios cristianos de moral o de orden. Hablan sobre la legitimidad de la propiedad, declaman contra el comunismo y mantienen el respeto por ciertas tradiciones morales.

En la misma fábrica cuyo dueño se dice socialista avanzado, se hace propaganda anticomunista. Y si de repente, un hijo suyo o un obrero, se dedica a la defensa de esos principios, la sorpresa, primero, y la antipatía después, son enormes. ¿Cómo imaginar que ese «equilibrio» se desatase en una opción coherente? ¿Que esos principios pudiesen dejar el mundo platónico de las ideas para engendrar militantes que los quisiesen inserir en el orden concreto de los hechos? ¿Cómo aceptar la presencia, en la convivencia familiar, de personas coherentes, lógicas, que toman en serio lo que se les enseñó sobre los fundamentos del orden social y de la civilización cristiana?

Así, en suma, en esa familia de almas se profesa un cómodo y risueño desorden de ideas. Desorden que viene de la convivencia, en una región totalmente platónica, entre fragmentos de bien y de mal, de error y de verdad. Algunos, en ese ambiente, optan por la integridad del desorden. Otros, por la del orden. Y por esto, en esa familia de almas se hunde en el susto y el llanto.

La situación de esa familia de almas suscita problemas de la mayor importancia. ¿La ruina de este equilibrio de contradicciones no implica una marcha hacia la unilateralidad, la exageración, en suma, la radicalización?

¿En caso afirmativo, lo contrario de la radicalización es la incoherencia?

En estas preguntas se retuerce y aflige hoy, la tercera familia de almas.

Deseo tratar de ellas próximamente.

Plinio Corrêa de Oliveira


fuente:  

23 jul 2021

Las imposiciones de la dictadura de la mediocridad

 

Los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de los cubículos de esta mediocridad organizada

Sin pretender hacerlo, el mediocre impone la dictadura de la mediocridad.



La mediocridad es el mal de los que, enteramente absorbidos por las delicias de la pereza y por el exclusivo deleite de lo que está al alcance de su mano, por el completo confinamiento en lo inmediato, hacen del estancamiento la condición normal de sus existencias.

No miran hacia atrás: les falta el senso histórico. Ni miran hacia delante o hacia lo alto: no analizan ni prevén. Tienen pereza de abstraer, de alinear silogismos, de sacar conclusiones, de arquitectar conjeturas. Su vida mental se cifra en la sensación de lo inmediato.

El hombre Mediocre

La abundancia del día, el sillón cómodo, las pantuflas y la televisión: no va más allá su pequeño paraíso. Paraíso precario, que buscan proteger con toda especie de seguros: de vida, de salud, contra incendios, contra accidentes, etc., etc.

Y tanto más feliz el mediocre se siente, cuanto más nota que todas las puertas que pueden abrirse hacia la aventura, hacia el riesgo, hacia lo esplendoroso están sólidamente cerradas.

El cristiano aspira a una civilización católica

A través del sufragio universal, los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de los cubículos de esta mediocridad organizada. Sin pretender hacerlo, el mediocre impone la dictadura de la mediocridad.

fuente

 


11 nov 2020

Leyes que matan

 

Criminalidad de la “ley”

(Criminalidad de la “ley”)

Por el Dr. Héctor Hernández*

      

Se supone que las vacunas y remedios sanan o previenen y que, si matan o contagian o empeoran o no pasa nada, no sirven y hay que quemarlos.  

El derecho

            Un razonamiento semejante se hace en Derecho cuando se habla de la inconstitucionalidad por falta de razonabilidad; que los medios establecidos por las leyes sean idóneos al fin propuesto (suponiendo el fin recto). El jurista Juan Francisco Linares, clásico estudioso del tema entre nosotros, da un ejemplo que repite Carlos Cossio. Si una ley dispone la clausura de los teatros por una epidemia de paludismo, es inconstitucional porque esta enfermedad no se contagia con aglomeraciones; el medio dañoso (cerrar locales) no conduce al fin (evitar el contagio). No vale. En cambio, es válido cerrarlos para evitar el cóleraque sí se contagiaría de ese modo. Válida.

Una no-medicina que no cura una no-enfermedad

La aceptación universal de esta tesis muestra que es un dogma jurídico que las leyes no pueden disponer cualquier cosa, aunque sean sancionadas por el poderoso o por la mayoría poderosa.

Siendo que el embarazo no es de ninguna manera una enfermedad; y que no hay indicación médica que mande matar al hijo, el medio no sirve para ningún fin confesable. Esta doctrina se aplica a la norma que nuestro gobierno socialista propicia para matar argentinitos. Nulidad. Se habla también técnicamente de “inconstitucionalidad por violación de la defensa en juicio substancial”.

Daño seguro

            En el aborto seguro, es claro que es seguro que muere uno seguro, el pibe aniquilado seguro con total seguridad. Pero si “sale mal”, como dice perogrullando Roberto Castellano, la cifra se suele duplicar y mueren dos. Esto es inhumano y actualmente, sin la ley y contra la ley, sobre datos oficiales se calcula que mueren al año 123.107 argentinitos invocando el criminal fallo conocido como FAL y los ilegales Protocolos ILE, que son recontrailegales. Mejor es no matar; me corrijo, nunca se puede matar a un inocente.  

Y encima la novedad de una enfermedad nueva 

            Pero he aquí que en muchos de estos casos no sólo se produce un mal o dos y no sólo no se gana nada, sino que encima se producen nuevas desgracias.

En el citado fallo FAL el Comité de Ética y el Jefe de Tocoginecología del Hospital de Rawson dictaminaron que era más seguro parir que abortar y más riesgoso abortar que parir; pero los jueces criminales mataron igual, y antes de que hubiera sentencia firme. Una investigación en el Estado de California concluyó que las mujeres que abortaron tenían el doble de posibilidades de morir en el acto, respecto de las que parieron. En Finlandia se estudió la proporción de suicidios entre mujeres que mataron a su hijo y mujeres que parieron, registrándose 34 en las primeras y 5 en las segundas. Más graves son las consecuencias cuando abortan con píldoras, porque alcanzaron a ver a su hijo en sangre.  

Incluso la tristemente célebre IPPF, Planned Parenthood Federation of America, no sólo reconocía que abortar es matar un niño (“abortion is kill the life of a baby”), sino que es “peligroso para tu vida y tu salud”, y que “te puede hacer estéril”. (Agente de IPPF en Argentina es la Fundación Huésped, presidida por el Dr. Pedro Cahn, funcionario del actual gobierno socialista ateo, y las senadoras Elías de Pérez, Olga Brizuela y Gloria de Daca  probaron en 2018 en Senadores que él y otros disertantes abortistas se vinculan a ella).

Un crimen con enfermedad propia

Es algo ya estudiado y sus síntomas clasificados: síndrome post-aborto. “Trastorno por estrés postraumático ante el impacto y percepción de reacciones físicas y emocionales debidas al trauma del aborto”. Sacerdotes católicos refieren que quienes abortaron suelen confesar una y mil veces la falta, creyendo que Dios no las perdona, y hasta hay un tratamiento religioso (“pastoral”) del tema. (Cfr. Jorge María Randle, Ante corazones rotos. Una propuesta pastoral para la sanación post-aborto, Katejon, 2019). Ante una mujer embarazada se recuerda el hijo que no está; hay depresión, ansiedad, pesadillas, dolor abdominal en el aniversario, abuso de drogas y alcohol e intentos de suicidio.  Se vive lo que sucedió como lo que es: la pérdida, por propia decisión, de un ser humano con el cual se han creado ya vínculos afectivos.

Aunque nunca se puede asesinar o autorizar el asesinato de un inocente; aunque se admita el absurdo moral de que el fin justifique los medios, se ve que aquí no hay ninguna racionalidad.

El Derecho no ampara, por falta de razonabilidad constitucional, una norma que tiende a producir el problema del hijo que se sacó del útero pero que no se pudo sacar de la cabeza y del corazón de la mujer. Porque como dijo el prócer Jéròme Lejeune, “un niño pesa más en la conciencia que en los brazos”.

Héctor H. Hernández

 fuente

18 jul 2020

Un mundo sin niños: la “espiral de la muerte demográfica”

Un mundo que abandona la ley natural y la moral, enloquece.


Muñecas no para niñas sino para mujeres adultas que no han tenido hijos o los han abortado.

Un mundo que abandona la ley natural y la moral, enloquece. Porque este es un síntoma claro de algo más que una mera extravagancia. Se trata de locura.

En su libro alarmante “pero no alarmista” “America Alone! (Regnery, 2006) Mark Steyn analiza el desafío creado por la caída del promedio de nacimientos en el mundo, fenómeno que califica como “Espiral de la muerte demográfica”.

Analizando del caso de Japón, donde el número de muertes es mayor al de los nacimientos, cuenta que los niños están siendo reemplazados por muñecas. Sí, exactamente como la acaba de leer.

Un mundo que abandona la ley natural y la moral, enloquece. Porque este es un síntoma claro de algo más que una mera extravagancia. Se trata de locura.

Desmintiendo las falacias abortistas

Según las noticias, los fabricantes de juguetes están diseñando muñecas no para niñas sino para mujeres adultas que no han tenido hijos o los han abortado. El fenómeno se ha extendido a España. La muñeca Yumel, que tiene la apariencia de un bebé, tiene un vocabulario de 1.200 frases y es vendido por 8.500 Yens (U$ 80). Ese vocabulario excede con mucho al de los actuales universitarios graduados.

“Me siento tan bien. Buenas noches”, dice la muñeca antes de quedarse dormida, si su dueña le acaricia suavemente el pecho.

En la decadencia de todos los imperios de todos los tiempos encontramos las “modernidades” de las cuales hoy muchos se jactan

Dice la Biblia que “Dios creó al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra

Pero nosotros somos modernos, y no nos consideramos obligados por los mandamientos de Dios. Eso estaba bien para pueblos primitivos. Nosotros consideramos que los únicos goces de la vida son los deleites del orgullo y de la sensualidad.

En realidad, “no hay nada nuevo bajo el sol”. En la decadencia de todos los imperios de todos los tiempos encontramos las “modernidades” de las cuales muchos se jactan: el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, y toda una serie de monstruosidades análogas.

30 jun 2020

Cómo se derriban las instituciones

Una de putrefacción interna dentro de las filas católicas: esta es la máquina decisiva. Y la otra, es la que derriba la muralla podrida.

De ellas, la más peligrosa es la putrefacción interna.

Las instituciones católicas nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber
Las instituciones nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber. El triunfo de las revoluciones se debe a la debilidad de los defensores del orden

Las instituciones católicas, sobre todo por su tarea sobrenatural, tienen una fortaleza extraordinaria: nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber

Carl von Clausewitz, uno de los grandes teóricos de la guerra, nos enseñó que la victoria sobre un pueblo no consiste en destruirlo físicamente, sino en quitarle la determinación de luchar.

Fuerza de las instituciones católicas

Contenidos

Las instituciones católicas por ser sobrenaturales, por ser admirables, por estar apoyadas en toda a especie de razones, sobre todo por su tarea sobrenatural, tienen una fortaleza extraordinaria: nunca pueden ser derribadas si quienes las representan son enteramente fieles a su deber.

La única forma que tiene la Revolución para demolerlas es introducir agentes o pudrir gente dentro de ellas. Así, el movimiento hacia el abismo tendrá su punto inicial allí. Si consiguen hacer esto, es casi imposible revertir el proceso.

Las lecciones de la Historia

La Historia está llena de ejemplos que ilustran esta situación. Por ejemplo, la España visigoda. España que había tenido mártires, ¿cómo fue derribada de un momento al otro por las hordas musulmanas?

Es un hecho histórico comprobado que existían católicos, que de hecho eran arrianos, y que fueron quienes entregaron España a los moros. Como todos los herejes, ellos tienen simpatías por cualquier otra herejía que les ayude a destruir la Iglesia Católica.

Otro ejemplo es la victoria del protestantismo. Esta no se debió en realidad a que existían clérigos de mal espíritu, superficiales, despreocupados, indolentes y liberales. Hubo una alta autoridad religiosa en la época que dijo que no había que tomar en serio algo que no pasaba de una pelea entre religiosos.

El Cardenal Mercier, gran arzobispo de Malines, comentó que si en la Cátedra de San Pedro hubiese en tiempos del protestantismo un San Pío X, es posible que éste no hubiera conquistado una tercera parte de Europa.

La destrucción de las instituciones

Lo mismo se puede decir de las instituciones temporales nacidas de la Civilización cristiana.

¿Por qué venció la Revolución francesa? Se dice que fue porque los revolucionarios tenían mucha audacia, mucha fuerza. Esto no es verdad. Si los representantes naturales de las instituciones entonces vigentes hubiesen luchado de verdad; si hubiesen empleado todos los medios de fuerza, de sabiduría y de astucia necesarias para luchar; si no estuviesen -como de hecho estaban- impregnados de la mentalidad del movimiento que los derribaba, éste no habría vencido.

La monarquía francesa, una institución secular, que dio origen a una de las mayores culturas, fue derrumbada porque estaba vacía.

Simpatías con el enemigo

Hoy, si la burguesía no simpatizara profundamente con los principios que, en el fondo, contienen el comunismo, que son los principios de la Revolución francesa, libertad, igualdad, fraternidad, el comunismo no sería un peligro.

El gran peligro que representa el comunismo se debe a la condescendencia que los anticomunistas tienen por cosas que constituyen las raíces del comunismo.

Es esta mentalidad es la que, en vez de luchar, lleva a promover el lema de todas las capitulaciones: “Ceder para no perder”.

La verdadera lucha

La actual y verdadera lucha es, pues, para derribar la Iglesia y para destruir las instituciones temporales nacidas de Ella.

Esta lucha no consiste principalmente en un ataque frontal, sino en infundir el espíritu complicidad con el ataque dentro de esas mismas instituciones. Pudriendo esa línea de resistencia interna, la victoria no puede dejar de ser de ellos.

Así, si no existiera el progresismo católico, no habría peligro comunista para el mundo.

Las máquinas para la demolición

Ellos necesitan crear dos máquinas: una de putrefacción interna dentro de las filas católicas: esta es la máquina decisiva. Y la otra, es la que derriba la muralla podrida.

De ellas, la más peligrosa es la putrefacción interna.