¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

9 may 2013

La utopía democrática es la igualdad



La verdad social está en oposición 
a la utopía democrático-socialista 


La utopía democrática es la igualdad. La democracia sueña con un Estado social y sólo se preocupa con los individuos, y con los individuos socialmente iguales.
La familia no es sólo el elemento primero de todo Estado, sino su elemento constitutivo: la sociedad no se compone de individuos, sino de familias.
No es esto lo que está en los planos de Dios. Y para convencernos de esta verdad, basta considerar el proceder de Dios.
Dios podría haber creado a cada hombre, como lo hizo con Adán, directamente y sin auxilio de nadie. Así hizo con los ángeles, y aún en éste caso no quiso la igualdad. Dios creó a cada ángel como una especie distinta, correspondiente a una idea particular en el pensamiento divino.
Formando al ser humano como una especie única, la igualdad habría reinado entonces si todos hubiésemos recibido la existencia directamente de manos del Creador. Pero Dios tenía otros designios. El quiso que recibiéramos la vida unos de los otros, y que por este medio fuésemos constituidos, no en la libertad y la igualdad sociales, sino en la dependencia de nuestros padres y en la jerarquía que debía nacer de esa dependencia.
Dios creó a Adán, y después de su cuerpo hizo el cuerpo de Eva. Dios entonces bendijo al hombre y a la mujer y les dijo: “Sed fecundos, llenad y dominad la tierra”.
Dios creó así la familia, la transformó en una sociedad y la constituyó de acuerdo con un plan totalmente diverso de la igualdad social: la mujer sumisa al hombre y los hijos sumisos a los padres.
En los mismos orígenes del género humano, por lo tanto, encontramos las tres grandes leyes sociales: la autoridad, la jerarquía y la unión. La autoridad, que pertenece a los autores de la vida; la jerarquía, que torna al hombre superior a la mujer y a los padres superiores a los hijos; y la unión, que deben conservar entre sí aquellos vínculos vivificados por la misma sangre.
Los estados proceden de esa sociedad primera.
La familia –dice Cicerón– es el principio de la ciudad, y de alguna forma la semilla de la res-pública. La familia se divide, aunque permaneciendo unida; los hermanos, así como sus hijos y nietos, no pudiendo abrigarse todos en la casa paterna, salen para fundar nuevas casas, como nuevas colonias. Ellos forman alianzas, de donde surgen nuevas afinidades y el crecimiento de la familia. Las casas se multiplican poco a poco, todo crece, todo se desarrolla, y nace la res-pública. (República, libro I, 7).
Al comienzo Abraham funda una familia nueva, y de ella surgen doce tribus, que constituyen un pueblo. Esos son propiamente los orígenes del pueblo de Dios.
Lo mismo ocurrió con los gentiles.
La familia no es sólo el elemento primero de todo Estado, sino su elemento constitutivo, de tal manera que la sociedad no se compone de individuos, sino de familias
Actualmente sólo los individuos importan y el Estado sólo reconoce a los ciudadanos aislados. Esto es contrario al orden natural. Antiguamente era de tal manera así que los censos de población no contaban las personas, sino los “fuegos”, es decir, los hogares.
Cada hogar era considerado el centro de una familia, y cada familia era dentro del Estado una unidad política y jurídica, al mismo tiempo que económica.
Fue la Revolución Francesa la que vino a destruir este orden. Ella se impuso el deber de emancipar al individuo, a la persona humana, estimada como célula elemental orgánica de la sociedad. Esta tarea que la Revolución se impuso, conduce nada menos que a desorganizar la sociedad y a disolverla.
El individuo es sólo un elemento dentro de esa célula orgánica de la sociedad que es la familia. Separar sus elementos, impulsar el individualismo, es destruir su vida, es tornarla impotente para llenar su papel en la constitución del ser social, como lo haría, en los seres vivos, la disociación de los elementos de la célula vegetal o animal.
En nuestros días, el individualismo fue llevado a su exacerbación por el relativismo. Así, cada individuo posee “su verdad” y sus “valores”. Sobre todo, sus derechos y no sus deberes.
Las legislaciones socialistas exacerban este individualismo, dando al individuo derechos gravemente perjudiciales para el bien común.
La noción de que la sociedad sólo puede subsistir cuando existe una preocupación por el bien común, ha venido desapareciendo casi completamente.
Así hemos asistido en nuestro país a una demolición sistemática de la familia en nombre de las libertades individuales. La legalización del divorcio, la equiparación de los hijos naturales con los generados dentro del matrimonio, la multiforme propaganda de todo tipo de anticonceptivos y de una libertad sexual no lejana del libertinaje, está llevando a nuestra patria a una disociación de su unidad.
No debemos extrañar, por lo tanto, que las encuestas muestren a la familia como una institución en vías de desaparecer. Y, con su desaparición, sólo podemos sufrir la demolición de la propia sociedad.
La Patria sólo subsiste cuando sus componentes tienen un “proyecto” común. Cuando cada individuo tiene sus propios “valores”, la unidad nacional desaparece.

7 may 2013

La destrucción de la familia

Revolución Gramsciana: nuevo concepto de familia 

El famoso teórico comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) desarrolló el concepto de que la toma del poder debe ser precedida por un cambio de la mentalidad de las personas.
Con esta nueva visión, los intelectuales se convirtieron en combatientes; la enseñanza se convierte en el arma más importante, y la escuela se torna el campo de batalla.
Para Gramsci, las masas deben deshacerse de los “prejuicios y tabúes”, que son parte de la visión del mundo de la clase dominante.
No hace falta ser un gran intelectual o un sociólogo para llegar a la conclusión de que, a partir de un análisis de la situación actual, la educación se va tornando cada vez más gramsciana. Ejemplos de ello son los folletos de educación sexual difundidos en varios países, así como la cuestión del género, según la cual los niños de ambos sexos deben tener entre sí un trato igualitario e indefinido sexualmente, libre de todo paradigma, y que ​​puedan elegir libremente su propia sexualidad y la manera de vivirla.
Es interesante analizar en este contexto, la crítica hecha por la Ministro actual de los derechos de las mujeres y portavoz del gobierno francés, Vallaud-Najat Belkacem, de origen marroquí, sobre los libros de texto: “Hoy en día, estos manuales ignoran obstinadamente la orientación LGBT (lesbianas, gay, bisexual y trans) de personajes históricos o autores, aun cuando esta orientación explica gran parte de su obra, como en el caso de Rimbaud [...] sería de gran ayuda para las familias homoparentales que sean incorporadas a las campañas de comunicación del Gobierno con el fin volver banal este hecho, tornándolo más popular”.
La Ministro sabe bien que defender esto en su país de origen o en otros países islámicos es simplemente impensable. Y que éste es uno de los puntos por los que los musulmanes se burlan de Occidente y amenazan conquistarlo, ya que aquí todas las aberraciones no sólo son permitidas, sino que se castiga a aquellos que se atreven a actuar en la dirección opuesta…
La Ministro prometió apelar a la Misión Interministerial de Vigilancia y Lucha contra las Sectas (Miviludes) “para poner fin a estos verdaderos abusos que son las ‘terapias de transición’”. Estas terapias son para ayudar a las personas con tendencia homosexual para que no caigan en el abismo moral.
Por último, añade: “Francia sostendrá el discurso político por la despenalización universal de la homosexualidad y pondremos nuestro aparato diplomático en movimiento para exigir una resolución de la ONU en ese sentido. Voy a trabajar en el ámbito europeo para la Unión Europea adopte medidas y directrices contra la homofobia”.
Este discurso de la Ministro refleja el pensamiento de los supuestos defensores de la democracia y de la libertad, para los cuales una persona no tiene derecho a tratar de revertir su tendencia desordenada; pero el Estado, sí, tiene el deber de utilizar su maquina para cambiar la forma de pensar de los ciudadanos, forzándolos a aceptar el nuevo tipo de “familia” que se quiere implantar. Son palabras dignas de los revolucionarios que para derrocar el trono y el altar, gritaban: “igualdad, libertad, fraternidad o muerte”, pero adaptadas al siglo XXI, donde el objetivo es erradicar la institución de la familia a través de un incentivo constante de las relaciones estériles y antinaturales.
Todo esto hace parte de la teoría gramsciana, que propone modificar las concepciones y mentalidades tradicionales mediante la enseñanza, creando nuevas generaciones completamente vulnerables a los errores revolucionarios y prontas para realizar el viejo sueño de los enemigos de Dios, es decir, la destrucción de la humanidad misma.
Héctor Buchaul


14 mar 2013

Entre la luz y las tinieblas la armonía es imposible


... mucho peor es el error de aquellos que se engañan pensando que alcanzarán esa paz efímera mediante la disimulación de los derechos e intereses de la Iglesia, sacrificándolos a intereses privados, disminuyéndolos injustamente, COMPLACIENDO AL MUNDO...

“Están, pues, gravemente equivocados los que creen posible y esperan para la Iglesia un estado permanente de plena tranquilidad, de prosperidad universal, y un reconocimiento práctico y unánime de su poder, sin contradicción alguna; pero mucho peor es el error de aquellos que se engañan pensando que alcanzarán esa paz efímera mediante la disimulación de los derechos e intereses de la Iglesia, sacrificándolos a intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo, “que está todo puesto bajo el maligno” (1 Jn. 5, 19), con el pretexto de captar la simpatía de los fautores de novedad y atraerlos a la Iglesia, como si fuera posible una composición o acuerdo entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial.
“Son éstos, sueños de enfermos, alucinaciones que siempre han ocurrido y ocurrirán mientras haya soldados cobardes, que arrojen las armas a la sola presencia del enemigo, o traidores que pretendan a todo costo hacer las paces con el enemigo, que es el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres”. (Papa San Pío X, Encíclica Communium Rerum, del 21 de abril de 1909.)
La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es una viva lección de este odio irreconciliable que mueve a los enemigos de la fe. Sigamos las directrices de San Pío X y no seremos esos soldados cobardes o esos traidores que denuncia el Papa.


Nota:  
Roguemos a Dios para que ilumine con estas palabras al Nuevo Papa elegido, (Francisco) 
 ....mucho peor es el error de aquellos que se engañan pensando que alcanzarán esa paz efímera mediante la disimulación de los derechos e intereses de la Iglesia, sacrificándolos a intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo
-Si Dios convirtió a San Pablo (perseguidor encarnizado de cristianos) en uno de los más grandes Santos de nuestra Iglesia. 
-Si le confío la dirección de Su Iglesia a quien lo negó tres veces.....
Tengamos Fe, esperanza y confianza...pues nada hay imposible para Él.
Recemos mucho a Cristo y a su Santísima Madre.