¡ Viva Cristo Rey !

Tuyo es el Reino, Tuyo el Poder y la Gloria, por siempre Señor.
Cristo, Señor del Cielo y de la TIERRA, Rey de gobiernos y naciones

21 dic 2016

10 Razones para rechazar el socialismo



El socialismo es anti-natural de todas las formas

fuente: Acción Familia

Por qué debemos proteger la familia, la propiedad privada y a América de los peligros del socialismo
1. El socialismo y el comunismo tienen la misma ideología
El comunismo no es sino una forma extrema del socialismo. Desde el punto de vista ideológico, no hay diferencia sustancial entre los dos. De hecho, la Unión Soviética comunista se llamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922-1991) y la China comunista, Cuba y Vietnam se definen a sí mismas como naciones socialistas.

2.  El socialismo viola la libertad personal
El socialismo busca eliminar la “injusticia” al transferir los derechos y responsabilidades de los individuos y las familias al Estado. En el proceso, el socialismo realmente crea injusticia. Se destruye la verdadera libertad: la libertad de decidir todos los asuntos que se encuentran dentro de nuestra propia competencia y de seguir el curso mostrado por nuestra razón, dentro de las leyes de la moralidad, inclusive los dictados de la justicia y la caridad.

3. El socialismo viola la naturaleza humana
El socialismo es anti-natural. Destruye la iniciativa personal ‒un fruto de nuestra inteligencia y libre albedrío‒ y lo sustituye por el control del Estado. Donde quiera que se implementa, se tiende al totalitarismo, con su gobierno represivo y policial.

4.  El socialismo viola la propiedad privada
El socialismo clama por una “redistribución de la riqueza”, tomando de los “ricos” para darle a los pobres. Impone impuestos que castigan a aquellos que han sido capaces de aprovechar mejor su talento productivo, y capacidad de trabajo o de ahorro. Utiliza los impuestos para promover el igualitarismo económico y social, un objetivo que podrá lograrse plenamente, de acuerdo con el Manifiesto Comunista, con la “abolición de la propiedad privada.”

5.  El socialismo se opone al matrimonio tradicional
El socialismo no ve ninguna razón moral para restringir las relaciones sexuales al matrimonio, es decir, la unión indisoluble entre un hombre y una mujer. Por otra parte, el socialismo socava la propiedad privada, que Friedrich Engels, el fundador del socialismo moderno y del comunismo junto a Karl Marx, vio como el fundamento del matrimonio tradicional.

66.     El socialismo se opone a los derechos de los padres en la educación
El socialismo da al Estado, y no los padres, el control de la educación de los niños. Casi desde el nacimiento, los niños han de ser entregados a las instituciones públicas, donde se les enseñará lo que el Estado quiere, independientemente de las opiniones de los padres. La teoría evolucionista debe ser enseñada. La oración en la escuela debe ser prohibida

77.     El socialismo promueve la igualdad radical
Una supuesta igualdad absoluta entre los hombres es la premisa fundamental del socialismo. Por lo tanto, considera que toda desigualdad es injusta en sí misma. Los empleadores privados son rápidamente calificados de “explotadores”, cuyas ganancias pertenecen realmente a sus empleados. Como consecuencia, se descarta el sistema salarial.

88.     El socialismo promueve el ateísmo
La creencia en Dios, que a diferencia de nosotros es infinito, omnipotente y omnisciente, choca frontalmente con el principio de igualdad absoluta. El socialismo por consiguiente rechaza lo espiritual, afirmando que sólo existe la materia. Dios, el alma, y la otra vida son ilusiones, de acuerdo con el socialismo.

99.     El socialismo promueve el relativismo
Para el socialismo no hay verdades absolutas o moral revelada, que establecen las normas de conducta que se aplican a todos en todo lugar y en todo tiempo. Todo evoluciona, incluyendo la verdad y el error, el bien y el mal. No hay lugar para los Diez Mandamientos, ni en la vida privada ni en la esfera pública.

110.  El socialismo se burla de la religión
De acuerdo con Karl Marx, la religión es “el opio del pueblo.” Lenin, el fundador de la Unión Soviética, está de acuerdo: “La religión es el opio del pueblo. La religión es una especie de aguardiente espiritual de mala calidad, en el que los esclavos del capital ahogan su imagen humana, y su demanda por una vida más o menos digna del hombre…” (El socialismo y la religión escrito en 1905)
Que Dios proteja a América y al mundo del socialismo.

19 dic 2016

Tener personalidad es ahora anticuado




Está surgiendo un nuevo tipo de igualitarismo, que difiere en algunos puntos no esenciales del igualitarismo conocido, que quiere la eliminación de toda superioridad.

Digámoslo así: quiere la igualdad de las muñecas, y no sólo la de los relojes. De los cuellos, y no sólo de los collares. De los dedos, y no tan sólo de los anillos … ¿Que quiere decir esto? El campo del nuevo igualitarismo es la propia médula de la personalidad humana, y no sólo los objetos o situaciones; aquella médula por la cual se dice que una persona “tiene personalidad”, o que “no tiene personalidad”.

El igualitarismo patrón procura igualar todo en un nivel mínimo. Esto se podría representar por una ecuación: 1=1 (uno es igual a uno). Cada hombre es igual a los otros. El igualitarismo post-moderno trata de destruir en la medida de lo posible las propias individualidades, tornándolas indiferenciadas, de manera que esto puede expresarse en la ecuación 0=0 (cero es igual a cero).
Este nuevo tipo humano se distingue de los demás no precisamente por su personalidad, sino por la carencia de ella.

Ya muchas voces, entre los post-modernos, han tratado del mismo fenómeno. Entre otros, Castoriadis, quien escribió sobre “La escalada de la insignificancia“; Gilles Lipovetsky, quien describió “La era del vacío”; Alain Finkielkraut discurrió sobre “La derrota del pensamiento“; Baudrillard bosquejó “el fin de lo social“, etc. No es que esos autores sean contrarios a esa situación, sino que para algunos esto debe ser así.
Plinio Corrêa de Oliveira describe esta situación: “Según tal colectivismo, los varios “yo” o las personas individuales, con su inteligencia, su voluntad, su sensibilidad y consecuentemente sus modos de ser, característicos y discrepantes, se funden y se disuelven, según ellos, en la personalidad colectiva de la tribu generadora de un pensar, de un querer, de un estilo de ser densamente comunes”.

Cada cual debe ser enteramente típico, característico. Cada hombre es irrepetible en la gigantesca colección de hombres que hay, hubo y habrá
Mientras el igualitarismo común se manifiesta sobre todo en el odio a las jerarquías, este igualitarismo actualizado va más lejos y se caracteriza además por su tendencia a la indiferenciación: entre padres e hijos; entre los sexos; entre las edades; entre profesores y alumnos, etc. En esto consiste precisamente el punto central de este nuevo género de nivelación. Observa Plinio Corrêa de Oliveira: “La civilización moderna (…) en general, ama lo que es promiscuo y confuso. Aboliendo la variedad y colocando en su lugar una uniformidad sin sentido, la Revolución destruye la semejanza de la criatura con su Creador”. 

Y agrega: “lo característico es lo distintivo de la variedad auténtica; en él la verdadera variedad se realiza”. Es decir, cada cual debe ser enteramente típico, característico. Cada hombre es irrepetible y, en la gigantesca colección de hombres que hay, hubo y habrá, no es posible encontrar nada que se parezca a una repetición.

Por lo tanto, jamás se podrá lograr una estandarización completa del género humano. Lo que se debe hacer es trabajar para que la humanidad se conforme lo más posible con esa estética superior del Universo, lo que es un alto y bello ideal.

Lo que pretenden hacer, por el contrario, es tratar de patronizar al máximo al hombre en todas las cosas, como forma de protesta contra esa estética. Esa protesta se llama: igualitarismo.

La enfermedad de un árbol es más grave que el deterioro de sus frutos. Cualquier persona percibe la enorme suma de errores, crímenes y pecados que fueron cometidos a lo largo de los últimos decenios para tratar de imponer esta ideología.
Pero es especialmente grave esta reducción del género humano ‒género en el que Dios se encarnó‒ al triste estado de decadencia impensable en que se encuentra.

Autor: Leo Daniele

fuente:

12 jul 2016

ARTE: La marcha de lo deiforme a lo deforme, y a lo informe

 Se completó el ciclo: deiforme > deforme> informe

¿Qué lugar debe ocupar el arte entre las actividades humanas?
Según San Buenaventura, existe una semejanza entre el Creador y la criatura. Es esta similitud la que nos permite elevarnos hasta Dios por medio de las criaturas, y es en este gran anhelo de elevación que se debe encontrar el lugar del arte. ( 1 ) Como afirma Plinio Corrêa de Oliveira en un texto famoso, “Dios estableció misteriosas y admirables relaciones entre ciertas formas, colores, sonidos, perfumes, sabores, y ciertos estados de espíritu”. ( 2 )
Iglesia de Pietrelcina – de estilo llamado moderno

Iglesia de Pietrelcina – de estilo llamado moderno
Pío XII enseñó: “El hombre en todas sus acciones debe manifestar, en alabanza y gloria del Creador, la perfección infinita de Dios, e imitarlo lo más posible. Por esto, el hombre en su actuar, destinado por su naturaleza a lograr este fin supremo, debe conformarse al divino arquetipo y orientar todas sus facultades de alma y de cuerpo en esta dirección, ordenándolas rectamente entre sí y dominándolas debidamente para conseguir su fin”. ( 3 )
Notemos la consecuencia: negar, socavar, mancillar esta similitud es cortar el hilo que permite elevarnos a Dios. Y el odio militante a Dios sólo puede conducir a este deseo de cortarlo.
Pero en un momento dado del siglo XIX, esta concepción del arte comenzó a ser socavada radicalmente.
Así, ya Chateaubriand (1768-1848) observó: “Este amor a lo feo que nos domina, este horror al ideal, esta pasión por los mancos, estropeados, estrábicos, desdentadados; esta ternura por las verrugas, por las arrugas, por los escupitajos, por la formas triviales, sucias, comunes, son una degradación del espíritu. Este (amor) no nos fue dado por la naturaleza, de la cual tanto se habla”. (4)
En ese entonces, el fenómeno estaba sólo empezando, y por su parte Baudelaire (1821-1867) declaró: “El arte moderno tiene una tendencia esencialmente demoníaca”. ( 5 )
Gilles Lipovetsky comenta:
“De ningún modo contrario con el orden de la igualdad, el modernismo es la continuación por otros medios de la revolución democrática”. ( 6 ) Se trata de “un proceso de des‒sublimación de las obras, correspondiendo exactamente a la desacralización democrática de la instancia política”.( 7) Es “la cultura de la igualdad”. ( 8 )
Picasso afirmó: “Un cuadro era una suma de adiciones. Los míos son una suma de destrucciones”. ( 9 )
Se habla de una “vuelta al ruido como música”. ¡Suena casi como promover el retorno del mal olor como perfume! Nuestros cinco sentidos tienen diferentes grados de tolerancia para este tipo de aberraciones: la visión y la audición parecen ser más tolerantes que los otros sentidos. Esta tolerancia fue lo que permitió una circulación al arte moderno, aunque sólo limitado al binomio iniciados/bobos, y los segundos, tal como los conocemos, aplauden cualquier cosa si es sugerida por los medios de comunicación o por la moda…

Dije mas arriba que pocos, fuera de los iniciados/bobos, fueron los que apreciaron el arte moderno. La circulación que consiguió entre el público, se debió al hecho de ser presentado como un símbolo de la modernidad. “Este se convirtió en el emblema de los que querían demostrar que eran cultos y civilizados”. (10) Si no fuera por esta razón, no habría conseguido la audiencia que alcanzó.
Este fue el camino desde lo deiforme a lo deforme, que consistió en la apología y la promoción de todo cuanto colisionaba con el verdadero concepto de belleza. Fue un primer paso.
Luego vino el arte postmoderno, en el que se buscó no simplemente lo deforme, sino lo amorfo, lo amébico.
Se completó el ciclo: deiforme > deforme> informe.
La diferencia de orientación entre el modernismo y el postmodernismo en el arte puede ser vista en cualquier cuadro de Picasso. En ellos existe algo impactante, agresivo ‒de algún modo dramático‒ que puede ser comparado a una estridencia, una disonancia. El arte postmoderno es diferente: nada dramático. Por ejemplo, en una Bienal en São Paulo fue expuesto como una obra de arte un metro de un albañil.
Walcyr Carrasco dijo: “Las exposiciones de vanguardia se transformaron en un parque de diversiones para los intelectuales”. ( 11 )
Reducir todo lo que debería ser a imagen de Dios a algo sin forma, sin color y sin sabor, es chocar de frente con la finalidad de la Creación. En cierto modo, por lo tanto, constituye un gran insulto a Dios.
Esta integración a través del pastiche es algo más grave que la agresión directa, pues quien hace esto realiza un homenaje de un tal o cual reconocimiento de su importancia. El desprecio de lo bello, que muestra el postmodernismo, va más allá que la agresión: es una gran ofensa, la venganza suma.
No pudiendo aniquilar el orden del ser, trata de reducir todo a una nebulosa “Inanis et vacua”, como dice el libro del Génesis: “La Tierra, sin embargo, era informe y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”. ( 12 ) El moderno muestra aquí un vertiginoso amor al pasado, no a un pasado cualquiera, sino al de antes de la creación del mundo.
Caminamos hacia una mezcla repugnante ex-deiforme, después deformado, y finalmente sin forma. Aquí nos encontramos.
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Notas:
1. Ver Hexaemeron, col. 12, n. 14 y 15.
2. Plinio Corrêa de Oliveira, “Revolución y Contra-Revolución“. Cap. 10-2.
3. Encíclica Musicae Sacrae Disciplina de 25.12.55.
4. Essai sur la littérature anglaise, II.
5. L’Art Romantique, XIX, IV.
6. op.. cit, p. 125.
7. op.. cit, p. 127.
8. p. 128.
9. Conversations avec Christian Zervos, en Cahiers d’Art, 1953.
10. Hobsbawm, op.. cit, p. 183.
11. Catolicismo, N º 530, febrero de 1995.
12. Gen. I, 2.
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(* ) Leo Daniele es colaborador  de la Agencia Boa Imprensa ( ABIM )