Los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de los cubículos de esta mediocridad organizada
Sin pretender hacerlo, el mediocre impone la dictadura de la
mediocridad.
La mediocridad es el
mal de los que, enteramente absorbidos por las delicias de la pereza y por el
exclusivo deleite de lo que está al alcance de su mano, por el completo
confinamiento en lo inmediato, hacen del estancamiento la condición normal de
sus existencias.
No miran hacia atrás:
les falta el senso histórico. Ni miran hacia delante o hacia lo alto: no
analizan ni prevén. Tienen pereza de abstraer, de alinear silogismos, de sacar
conclusiones, de arquitectar conjeturas. Su vida mental se cifra en la
sensación de lo inmediato.
La abundancia del
día, el sillón cómodo, las pantuflas y la televisión: no va más allá su pequeño
paraíso. Paraíso precario, que buscan proteger con toda especie de seguros: de
vida, de salud, contra incendios, contra accidentes, etc., etc.
Y tanto más feliz el
mediocre se siente, cuanto más nota que todas las puertas que pueden abrirse
hacia la aventura, hacia el riesgo, hacia lo esplendoroso están sólidamente
cerradas.
A través del sufragio
universal, los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido
tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de
los cubículos de esta mediocridad organizada. Sin pretender hacerlo, el
mediocre impone la dictadura de la mediocridad.
Panteísmo; igualdad política, social y económica absolutos; amor libre: este es el triple fin a que nos conduce un movimiento que dura ya más de cuatro siglos.
3. La Revolución, el orgullo y la sensualidad “ Los valores metafísicos de la Revolución
Contenidos
Dos nociones concebidas como valores metafísicos expresan bien el espíritu de la Revolución: igualdad absoluta, libertad completa. Y dos son las pasiones que más la sirven: el orgullo y la sensualidad.
Al referirnos a las pasiones, conviene esclarecer el sentido en que tomamos el vocablo en este trabajo. Para mayor brevedad, conformándonos con el uso de varios autores espirituales, siempre que hablamos de las pasiones como fautoras de la Revolución, nos referimos a las pasiones desordenadas. Y, de acuerdo con el lenguaje corriente, incluimos en las pasiones desordenadas todos los impulsos al pecado existentes en el hombre como consecuencia de la triple concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida (cfr. I Jo. 2, 16).
A. Orgullo e igualitarismo
La persona orgullosa, sujeta a la autoridad de otra, odia en primer lugar el yugo que en concreto pesa sobre ella.
En un segundo grado, el orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos, y más aún el propio principio de autoridad, considerado en abstracto.
Y porque odia toda autoridad, odia también toda superioridad, de cualquier orden que sea.
El puño cerrado, símbolo de la rebelión contra todas las desigualdades.
El orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos En todo esto hay un verdadero odio a Dios (cfr. ítem. m, infra).
Este odio a cualquier desigualdad ha ido tan lejos que, movidas por él, personas colocadas en una alta situación la han puesto en grave riesgo y hasta perdido, sólo por no aceptar la superioridad de quien está más alto.
Más aún. En un auge de virulencia el orgullo podría llevar a alguien a luchar por la anarquía y a rehusar el poder supremo que le fuese ofrecido. Esto porque la simple existencia de ese poder trae implícita la afirmación del principio de autoridad, a que todo hombre en cuanto tal -y el orgulloso también- puede ser sujeto.
El orgullo puede conducir, así, al igualitarismo más radical y completo.
Son varios los aspectos de ese igualitarismo radical y metafísico:
a. Igualdad entre los hombres y Dios:
de ahí el panteísmo, el inmanentismo y todas las formas esotéricas de religión, que pretenden establecer un trato de igual a igual entre Dios y los hombres, y que tienen por objetivo saturar a estos últimos de propiedades divinas. El ateo es un igualitario que, queriendo evitar el absurdo que hay en afirmar que el hombre es Dios, cae en otro absurdo, afirmando que Dios no existe. El laicismo es una forma de ateísmo, y por tanto de igualitarismo. Afirma la imposibilidad de que se tenga certeza de la existencia de Dios. De donde, en la esfera temporal, el hombre debe actuar como si Dios no existiese. O sea, como persona que destronó a Dios.
b. Igualdad en la esfera eclesiástica:
Supresión del sacerdocio dotado de los poderes del orden, magisterio y gobierno, o por lo menos de un sacerdocio con grados jerárquicos.
c. Igualdad entre las diversas religiones:
La reuión de Assis
Todas las discriminaciones religiosas son antipáticas porque ofenden la fundamental igualdad entre los hombres. Por esto, las diversas religiones deben tener un tratamiento rigurosamente igual.
El que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones.
d. Igualdad en la esfera política:
supresión, o por lo menos atenuación, de la desigualdad entre gobernantes y gobernados. El poder no viene de Dios, sino de la masa que manda, a la cual el gobierno debe obedecer. Proscripción de la monarquía y de la aristocracia como regímenes intrínsecamente malos por ser anti-igualitarios. Sólo la democracia es legítima, justa y evangélica (cfr. San Pío X, Carta Apostólica “Notre Charge Apostolique”, 25.VIII.1910, A.A.S. vol. II, pp. 615-619).
e. Igualdad en la estructura de la sociedad:
supresión de las clases, especialmente de las que se perpetúan por la vía hereditaria. Abolición de toda influencia aristocrática en la dirección de la sociedad y en el tonus general de la cultura y de las costumbres. La jerarquía natural constituída por la superioridad del trabajo intelectual sobre el trabajo manual desaparecerá por la superación de la distinción entre uno y otro.
f. Abolición de los cuerpos intermedios
entre los individuos y el Estado, así como de los privilegios que son elementos inherentes a cada cuerpo social. Por más que la Revolución odie el absolutismo regio, odia más aún los cuerpos intermedios y la monarquía orgánica medieval. Es que el absolutismo monárquico tiende a poner a los súbditos, aun a los de más categoría, en un nivel de recíproca igualdad, en una situación disminuída que ya preanuncia la aniquilación del individuo y el anonimato, los cuales llegan al auge en las grandes concentraciones urbanas de la sociedad socialista. Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos.
g. Igualdad económica:
nada pertenece a nadie, todo pertenece a la colectividad. Supresión de la propiedad privada, del derecho de cada cual al fruto integral de su propio trabajo y a la elección de su profesión.
h. Igualdad en los aspectos exteriores de la existencia:
Disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.
la variedad redunda fácilmente en la desigualdad de nivel. Por eso, disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.
i. Igualdad de almas:
la propaganda modela todas las almas según un mismo padrón, quitándoles las peculiaridades y casi la vida propia. Hasta las diferencias de psicología y de actitud entre los sexos tienden a menguar lo más posible. Por todo esto, desaparece el pueblo, que es esencialmente una gran familia de almas diversas pero armónicas, reunidas alrededor de lo que les es común. Y surge la masa, con su gran alma vacía, colectiva, esclava (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).
j. Igualdad en todo el trato social:
como entre mayores y menores, patrones y empleados, profesores y alumnos, esposo y esposa, padres e hijos, etc.
k. Igualdad en el orden internacional:
La Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados
el Estado es constituido por un pueblo independiente que ejerce pleno dominio sobre un territorio. La soberanía es, así, en el Derecho Público, la imagen de la propiedad. Admitida la idea de pueblo, con características que lo diferencian de los otros, y la de soberanía, estamos forzosamente en presencia de desigualdades: de capacidad, de virtud, de número, etc. Admitida la idea de territorio, tenemos la desigualdad cuantitativa y cualitativa de los diversos espacios territoriales. Se comprende, pues, que la Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados en una sola raza, un solo pueblo y un solo Estado (cfr. Parte I, cap. XI, 3).
l. Igualdad entre las diversas partes del país:
por las mismas razones y por un mecanismo análogo, la Revolución tiende a abolir en el interior de las patrias ahora existentes todo sano regionalismo político, cultural, etc.
m. Igualitarismo y odio a Dios:
Santo Tomás enseña (cfr. “Summa Contra Gentiles”, II, 45; “Summa Teologica”, I, q. 47, a. 2) que la diversidad de las criaturas y su escalonamiento jerárquico son un bien en sí, pues así resplandecen mejor en la creación las perfecciones del Creador. Y dice que tanto entre los Angeles (cfr. “Summa Teologica”, I, q. 50, a. 4) como entre los hombres, en el Paraíso Terrenal como en esta tierra de exilio (cfr. op. cit., I, q. 96, a. 3-4), la Providencia instituyó la desigualdad. Por eso, un universo de criaturas iguales sería un mundo en que se habría eliminado, en toda la medida de lo posible, la semejanza entre criaturas y Creador. Odiar, en principio, toda y cualquier desigualdad es, pues, colocarse metafísicamente contra los mejores elementos de semejanza entre el Creador y la creación, es odiar a Dios.
n. Los límites de la desigualdad:
claro está que de toda esta explanación doctrinaria no se puede concluir que la desigualdad es siempre y necesariamente un bien.
Todos los hombres son iguales por naturaleza, y diferentes sólo en sus accidentes. Los derechos que les vienen del simple hecho de ser hombres son iguales para todos: derecho a la vida, a la honra, a condiciones de existencia suficientes, al trabajo y, pues, a la propiedad, a la constitución de una familia, y sobre todo al conocimiento y práctica de la verdadera Religión.
Y las desigualdades que atenten contra esos derechos son contrarias al orden de la Providencia. Sin embargo, dentro de estos límites, las desigualdades provenientes de accidentes como la virtud, el talento, la belleza, la fuerza, la familia, la tradición, etc., son justas y conformes al orden del universo (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).
El abandono de la moral y de las virtudes tradicionales en Europa occidental y Estados Unidos tornó las sociedades decadentes.
Las antiguas
virtudes eran genuinas, en el sentido de exigir a las personas formas
específicas de comportamiento
Es lo que analiza el libro publicado por la Social Affairs Unit de
Londres: «Decadence: The Passing of Personal Virtue and Its Replacement by
Political and Psychological Slogans» (Decadencia: la desaparición de la virtud
personal y su reemplazo por eslóganes políticos y psicológicos).
Editado por Digby Anderson, el volumen reúne autores de diversas
corrientes y opiniones.
Una primera sección contiene ensayos sobre las «viejas» virtudes, tales
como la prudencia, el amor y la valentía.
La segunda trata de las «nuevas» virtudes, centradas en el medio
ambiente, el humanitarismo, la terapia y el ser críticos.
Este
libro proporciona una reflexión estimulante sobre los peligros de desechar las
verdaderas virtudes para pasar a los caprichos.
En la introducción, Anderson explica que las
antiguas virtudes eran genuinas, en el sentido de exigir a las personas formas
específicas de comportamiento.
De
la virtud a los eslóganes
Las nuevas, en cambio, suelen caer en la categoría de eslóganes o
requiebros retóricos. O, si en algunos casos contienen elementos de verdadera
virtud, tienden a sobredimensionar un aspecto trivial de la virtud principal.
Kenneth Minogue, profesor retirado de ciencias políticas de la School of
Economics de Londres, trata la virtud de la prudencia. Tras mirar a sus
orígenes clásicos en Aristóteles y sus modificaciones posteriores, Minogue
observa que la prudencia ha sido especialmente importante para el equilibrio de
la conducta al coordinar los actos virtuosos de la persona.
Este concepto de la prudencia fue desafiado en el siglo XVIII por los
filósofos utilitaristas, que intentaron sustituirlo por un sistema científico
que maximizara la felicidad.
Una
prudencia que no es virtud
Más recientemente, el mundo moderno ha interpretado la prudencia como
evitar riesgos y, en vez de la virtud, ahora tenemos un análisis estadístico y
una teoría de la probabilidad.
Los peligros de desechar las verdaderas
virtudes para pasar a los caprichos
Otra forma en la que se ha debilitado la virtud de la prudencia es a
través del papel creciente del Estado.
En
lugar de responsabilidad personal, ahora tenemos una regulación cada vez mayor
de la conducta por parte de los gobiernos.
Ética
sentimental
Digby Anderson, hasta hace poco director de la Social Affairs Unit,
consideró la virtud cristiana del amor en uno de los capítulos del libro.
Esta virtud, explica, ha caído en dificultades porque sólo puede
entenderse y vivirse dentro del contexto de una teología cristiana más amplia.
Una
vez que la fe en Dios, el cielo y el pecado desaparecen, entonces el amor,
junto con muchas otras virtudes, se desvanece.
Una
ética sentimental populista
En su lugar tenemos una ética sentimental populista, o una ética secular
basada en derechos. Se mantiene algo del tradicional lenguaje de la virtud del
amor, pero es superficial, sin una metafísica o una sólida antropología que lo
fundamente.
Así,
en lugar de una virtud que ponga a Dios en primer lugar y nos requiera amar a
nuestro prójimo, tenemos ahora un amor que nos libera de las normas, nos anima
a seguir nuestros sentimientos y nos exhorta a ser agradables con la gente.
Theodore Malloch, director ejecutivo del Roosevelt Group, de Maryland,
examina la virtud de la frugalidad.
El
valor personal reemplazado por el dinero
Se basaba en la idea de que el valor de una persona no se determinaba
por cuánto gasta, sino por la sabiduría que muestra en sus responsabilidades
asumidas, en el contexto de ser un administrador de la creación de Dios.
El narcisista
Para una persona motivada por tal visión, un deseo ilimitado de poseer
bienes se considera que denota inestabilidad espiritual.
La sociedad moderna, sin embargo, ha invertido las cosas y ve en el
tener más posesiones un signo de éxito.
Así, el dominio ha sido sustituido por la prodigalidad, y la frugalidad
por el endeudamiento. «En tal universo moral, el deseo es lo único
verdaderamente absoluto», comenta Malloch.
Esta
indulgencia de nuestros apetitos, añade, suele conducir a la corrupción y a la
decadencia, personal y colectiva.
Al final, como sucede con los objetos materiales que los compramos y
tiramos, mucha gente puede sentirse decepcionada.
Narcisismo
Mullen también critica el egocentrismo de la nueva
espiritualidad.
La vieja idea religiosa de actuar virtuosamente por propia motivación, o
por causa de Dios, ha sido reemplazada por la noción psicoterapéutica de la
virtud por nuestro propio bienestar.
El
respeto a sí mismo ha sido reemplazado por la autoestima.
El respeto a uno mismo solía surgir de la paz de intentar vivir una vida
virtuosa y del tener una conciencia clara. Ahora sólo consiste en sentirse
bien consigo mismo y carece de todo contenido moral.
Una tendencia a
inflar los problemas de vulnerabilidad emocional
Las religiones tradicionales decían a sus seguidores que habíamos caído
y teníamos necesidad de ayuda espiritual, y explicaban las realidades del
pecado y el perdón.
El
nuevo evangelio de la autorrealización, en cambio, niega cualquier
deficiencia personal y vende una serie de técnicas que
nos permitirán llevar a la práctica nuestro potencial. En el
proceso, los conceptos de lo correcto y lo incorrecto se quedan en la cuneta.
La confianza psicológica en las nuevas virtudes es tratada en el
capítulo a cargo de Frank Furedi, profesor de sociología de la Universidad de
Kent. La enseñanza tradicional sobre los siete pecados capitales, y sus
virtudes contrarias, se ha dado la vuelta, observa.
Se nos advierte en contra de la demasiada amabilidad, porque puede conducir
a una fatiga de la compasión.
La diligencia se desprecia a veces como ejemplo de alguien que sufre de
un complejo de perfeccionismo.
La gente humilde carece de autoestima, y la castidad es una disfunción
sexual. «La virtud ya no es tanto su propia recompensa, sino que es una
situación que requiere intervención terapéutica», concluye.
Una
cultura terapéutica
La moderna cultura terapéutica también anima a una exhibición abierta y
desinhibida de las emociones, observa Furedi.
Reconocer nuestros sentimientos se presenta como un acto de virtud. Y,
en consecuencia, la invitación a buscar terapia o ayuda ha adquirido una
connotación relacionada con el acto de admitir culpabilidad.
Existe,
por tanto, una tendencia a inflar los problemas de vulnerabilidad emocional y a
minimizar la capacidad de la persona para hacer frente al dolor sin la ayuda de
terapia externa.
Esta cultura de la terapia también trae consigo la idea de que la
persona no es autora de su propia vida, sino víctima de la casualidad.
La
virtud se reemplaza así por la terapia, dejándonos más pobres como consecuencia.
Una nueva ola de expertos aboga por endurecer su carácter.
Niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos
Transcribimos a continuación el interesante artículo, publicado por el diario español El Mundo, sobre los desastrosos efectos que produce en los niños una educación hiperprotectora.
Suma escolar
Contenidos
Padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.
Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos.
En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.
Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Wellington:
«La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton». En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía hacerlo solo.
En España, se habla de «educación en valores», pero puede que no sea lo mismo.
El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse.
Como dice Luri, «ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito». En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción.
Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.
El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos.
Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños.
«Yo he tenido a un chaval de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen», cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. «Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él».
Como en el rugby
Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades que pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda
Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter.
«Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso», decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar.
El poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon. ( “Si te encuentras con el Triunfo y la Derrota y a estos dos impostores los tratas de igual forma”)
Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: «Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades».
¿Cómo se educa el carácter?
No desde la teoría, desde luego. «La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona», explica.
Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: «Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países».
Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: «He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho».
En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: «Trabaja duro. Sé amable», han resumido en los carteles enormes que decoran sus centros.
En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores.
Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo. Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. «La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo», la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.
Me parece que ha
llegado ampliamente el momento de convencerse de que esta situación que vivimos
es un despropósito absoluto y un atropello flagrante a la razón y a las libertades
básicas del ser humano. Lo que vivimos desde el mes de marzo parece salido
directamente de la peor pesadilla distópica imaginable: aislamiento,
distanciamiento, confinamiento, enmascaramiento, prohibición de circular, de
visitar a familiares, de reunirnos con amigos, de visitar a nuestros ancianos
enfermos, de dar cristiana sepultura a nuestros seres queridos, de trabajar, de
practicar el culto religioso, de reconocernos visualmente y de poder
expresarnos gestualmente, de sonreírnos y darnos un abrazo, de poder hablar y
respirar normalmente, de ver a los niños en las calles, jugando libremente y
riendo felices, y esto durante ya más de cinco meses.
Cinco interminables meses (nota: mas de un año) durante los cuales el gobierno se la ha pasado
destruyendo la economía nacional, fundiendo las empresas, empobreciendo a la
gente, vulnerando las garantías constitucionales, cercenando las libertades
individuales, desatendiendo a la inmensa mayoría de los enfermos, perjudicando
la salud y las finanzas de todos los argentinos, por una “pandemia” artificial
e imaginaria, con cifras manipuladas, falsos positivos, y una campaña de pánico
ininterrumpida orquestada desde todos sus órganos propagandísticos. Se ha
vuelto indispensable hablar con claridad y llamar las cosas por su nombre: esta
situación que padecemos y que nos ha sido impuesta por la oligarquía política
que nos oprime, sin distinción de signos partidarios, con una brutalidad
incalificable, bajo la apariencia engañosa de un supuesto “cuidado sanitario”,
es absolutamente demencial, completamente inhumana y ciento por
ciento diabólica.
No es razonable que nos sigamos tapando los ojos esta “nueva normalidad” que
una banda de terroristas psicópatas pretende imponernos: estamos ante una
agresión caracterizada contra el ser humano y contra la sociedad en su
conjunto, perpetrada por la élite mundialista que persigue la reducción de la
población mundial y el control totalitario de cada aspecto de nuestras vidas
-sanitario, laboral, financiero y digital-, a través de este auténtico golpe de
Estado planetario, efectuado bajo el pretexto de una “pandemia” artificialmente
provocada y estadísticamente manipulada e implementada minuciosamente por las
autoridades locales a su servicio.
Con respecto a la vacuna de Bill Gates, que se fabricará en Argentina
(Ver: ¿Quién es Hugo Sigman, el encargado de fabricar la
vacuna en Argentina?), la consigna es simple y clara: no
dejarse vacunar, bajo ningún concepto, sea cual fuere el tipo de presión o de
chantaje psicológico padecido. Rehusar serena pero firmemente dar su
consentimiento a este atentado contra la libertad individual y contra la salud
personal, ejecutado por esta dictadura sanitaria, autoritaria e inmoral, de
Bill Gates, la OMS y la "Farmafia" internacional. No dejarse
adoctrinar por los serviles medios des-informativos del sistema, que no son más
que la caja de resonancia infernal de las directivas recibidas de los amos del
mundo a cambio de espurios intereses financieros. Mantener en toda
circunstancia la paz y la libertad interiores. Confiar siempre y en todo
momento en la Divina Providencia y en la misericordia infinita de Dios, que
jamás abandonará a quienes lo aman y le son fieles.
Considero indispensable comprender que nos hallamos ante una gigantesca
operación de ingeniería social y de manipulación mental, sin precedentes en la
historia de la humanidad. En primer lugar, por su extensión geográfica y, sobre
todo, por las herramientas tecnológicas altamente sofisticadas de control de la
población y de lavado cerebral de las masas de que disponen los autores de esta
siniestra “plandemia”. Auténtica agresión contra la humanidad, minuciosa
maniobra de inteligencia del poder global, criminal y totalitaria, planificada
y disparada desde los organismos internacionales, que los gobiernos títere que
padecemos, supuestamente “democráticos” y “soberanos”, acatan servilmente y sin
ningún tipo de espíritu crítico. Tristes y dañinos lacayos de los señores del
mundo, de los cuales esperan con avidez y deshonor recibir las retribuciones
contantes y sonantes que usualmente los amos prodigan a sus esclavos
diligentes. Somos testigos de una operación subversiva global, cuyo único
objetivo es dar un paso más -quizás decisivo esta vez, vistos el sopor y la
pasividad inaudita que exhibe el rebaño humano- hacia la unificación política y
monetaria del planeta, en beneficio exclusivo de la élite financiera
internacional, cuyo rostro visible se encarna en magnates falsamente
“filántropos” y pretendidamente “humanistas”, como Bill Gates, cuya lucrativa
fundación promueve por doquier el aborto, la teoría de género y la reducción de
la población mundial.
Bill Gates ya controla nuestra salud a través de la OMS, de la cual es el
principal contribuyente. En abril decidió que la humanidad en su conjunto
deberá recibir la vacuna anti coronavirus que él fabricará y venderá al mundo
entero, para “solucionar” esta crisis pandémica planetaria totalmente
artificial provocada por él y por sus cómplices mundialistas. Mientras el
confinamiento arbitrario al que estamos sometidos por los dementes que nos
gobiernan -serviles marionetas del poder global- destroza las economías locales
y empobrece masivamente a la gente, la empresa Microsoft, por él
fundada, embolsa dividendos a carradas gracias al “teletrabajo” y al
“telestudio” generalizados.
En definitiva, este hombre controla, en gran medida, nuestras comunicaciones,
nuestro trabajo, nuestra salud y pronto nuestra alimentación (Ver: Bill Gates controla nuestra salud y ahora va a por
nuestra alimentación). Me parece de capital importancia
alertar al respecto, para que la gente comience a abrir los ojos ante lo que
está ocurriendo: la instauración progresiva de un estado totalitario a escala
global, promovido por un grupo de magnates mundialistas iluminados -Gates,
Soros, Rockefeller-, quienes, con sus inmensas fortunas, controlan los
principales organismos internacionales -ONU, Unesco, OMS, FAO-, y promueven
activamente el inmigracionismo de masa, los movimientos subversivos del tipo
“Antifa” y “Black Lives Matter”, la ideología de género, el aborto y la
reducción de la población mundial.
Les transmito enlaces a un documental brillante en el que se expone la vida y
obra de Bill Gates. Dura dos horas y está en inglés, con subtítulos en
castellano. Se trata de un documento serio y perfectamente referenciado en
fuentes públicas del sistema. Es indispensable para comprender lo que está en
juego a escala mundial en esta crisis artificial en busca del control global. A
quien no dispusiera de tan solo dos horas de su tiempo para algo tan importante
como es el ver y entender lo que está sucediendo en la vida de la humanidad
ahora mismo, le sugeriría que mirara al menos la tercera parte, que dura apenas
28 minutos [1].
Para concluir, deseo aclarar que la difusión de este video no implica en lo más
mínimo la aprobación de ciertas ideas que Nicolás Moras promueve en otros,
especialmente en materia ética, política y filosófica, y que considero
gravemente erróneas y dañinas para el ser humano y la sociedad en su conjunto.
Por el contrario, las rechazo categóricamente. Desgraciadamente, este talentoso
investigador, al igual que varios otros "reaccionarios
anarco-liberales" muy en boga actualmente, no comprende que, al prescindir
de la Iglesia, de la revelación divina y de la ley moral natural -e incluso, en
determinadas cuestiones, al oponerse a ella-, se convierte en parte del
problema que padece la civilización moderna. No obstante, como sus trabajos de
investigación son serios, valiosos y de gran utilidad en lo que atañe a la
imposición del Nuevo Orden Mundial, he decidido difundir este documento.
…..No temas a tu enemigo, se valiente y justo para agradar a Dios, di siempre La Verdad aunque te lleve a la muerte; protege al indefenso, no hagas el mal. ….
Espada Católica deja en claro que los comentarios vertidos en las entradas no son necesariamente compartidos por el autor del blog y quedan bajo la exclusiva responsabilidad de quien los vierte.
Sagrado Corazón de Jesús
Cor Jesu Sacratissimun in te confido
San Miguel Arcángel
Sancte Michael Archangele, defende nos in praelio. Contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur. Tuque Princeps Militiae Caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo divina virtute in infernum detrude. Amen
“Nos acusan de retrógrados cuando nos oponemos a las leyes inicuas que pretenden una reingeniería de la sociedad contrariando al orden natural. Al sostener el respeto de este orden estamos preparando el futuro, la reconstrucción de lo que destruyen los ideólogos, utopistas y políticos aprovechados. Estamos defendiendo la integridad del hombre y su futuro”
Ya que hoy “la Iglesia es el único reaseguro del futuro del hombre, porque sólo en la visión cristiana del mundo queda salvaguardada la auténtica concepción de la persona humana y de su dignidad”.
Monseñor Héctor Aguer
San Pio X Defensor de la Tradición
ORA PRO NOBIS
San Pio V
“Restableció el misal conforme a la regla antigua y a los ritos de los Santos Padres y defendió sin conceciones al catolicismo contra turcos, judíos y protestantes”
Monseñor Marcel Lefebvre
Celoso guerrero de la Tradición y azote de Dios contra el modernismo
San Pío de Pietrelcina
Reza, ten fe y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón El don de la oración está en manos del Salvador. Cuanto más te vacíes de ti mismo, es decir, de tu amor propio y de toda atadura carnal, entrando en la santa humildad, más lo comunicará Dios a tu corazón.
Santo Tomás de Aquino
“Habiendo peligro próximo para la Fe, los prelados deben ser argüidos incluso públicamente por los súbditos”. (Suma Teológica, II-II, 33, 4-2)
Beato Urbano II - Papa
¡¡Ora pro Nobis !! Defendió la libertad de la Iglesia de las intromisiones de los laicos, luchó contra los clérigos simoníacos e indignos y, en el Concilio de Clermont, exhortó a los soldados cristianos a que, con el signo de la cruz, liberasen a sus hermanos cristianos de la opresión de los infieles y recuperasen el sepulcro del Señor, que estaba su poder
"La espada que se desenvaina con honor, se conserva inmaculada cuando hiere y mata, porque hace del sufrimiento y de la muerte servidores de la Justicia"